Índices de prosperidad
LA CUESTA ARRIBA DE JESÚS

Venezuela ocupó el lugar 130

En el Reporte de Competitividad Global 2016-2017, elaborado por el Foro Económico Mundial (www.weforum.org/reports/the-global-competitiveness-report-2016-2017-1), se analizan 138 economías del mundo a través de 114 indicadores cuantitativos relacionados con la productividad y la prosperidad a largo plazo. Tales indicadores se agrupan en 12 grandes conceptos denominados pilares.

En ésta oportunidad, Venezuela ocupó el lugar 130, bien por debajo de todas las economías latinoamericanas y superada incluso por Zimbabue, país que se ubicó en el puesto 126 con, paradójicamente, un mejor entorno macroeconómico.

competitividad

El principal objetivo del Reporte de Competitividad Global es suministrar a los líderes empresariales las mejores herramientas y la mejor información de comparación de productos y servicios, a fin de que estos puedan identificar los diversos obstáculos y sustenten su toma de decisiones con relación a las estrategias y políticas a aplicar a la hora de invertir.

Dicho reporte, en su versión 2016-2017, revela que Venezuela se ubica de última en 5 de los 12 pilares que constituyen la base del reporte: Instituciones, Entorno Macroeconómico, Eficiencia en el Mercado de Bienes, Eficiencia del Mercado Laboral y Sofisticación de los Negocios. En los 7 pilares restantes tampoco se ubica en posición favorable.

El Reporte de Competitividad Global adquiere especial importancia en el marco de las recientes declaraciones del ministro Jesús Faría en torno a que “sigue trabajando para crear las condiciones que permitan que sean repatriados capitales de venezolanos en el exterior por un monto no menor a los 300 mil millones de dólares”.

Tal declaración la hace Jesús Faría recordando el Convenio Cambiario No. 34, del mes de febrero de 2016 y modificado en agosto de 2016, mediante la cual el gobierno le permite al empresario exportador quedarse con el 60% de los dólares así obtenidos para cubrir el conjunto de erogaciones derivadas de la actividad exportadora, mientras el 40% restante debe ser vendido al Banco Central de Venezuela al tipo de cambio complementario flotante de mercado (Dicom).

De acuerdo con un trabajo de Bárbara Lira y Diego Guerrero (“¿Venezuela podría exportar algo más que petróleo?”, Prodavinci, 1 de septiembre de 2015), las exportaciones no petroleras expresadas como porcentaje de las exportaciones totales alcanzaron su máximo de 31,2% en 1998. A lo largo de los 15 años siguientes, las exportaciones no petroleras como porcentaje de las totales se mantuvieron cayendo, hasta alcanzar en el año 2014 su proporción más baja en los últimos 60 años: 3,6%. Tal fue el exitoso alto grado de destrucción del aparato productivo venezolano alcanzado por Hugo Chávez y Nicolás Maduro.

Se nos ha repetido hasta el cansancio que la clave para terminar con el rentismo petrolero es la diversificación, lo cual no es del todo cierto. Adicional a un ambiente de negocios en donde prive la confianza y la certidumbre y el crimen sea erradicado, según Lira y Guerrero en el ya mencionado trabajo, la clave para el desarrollo en el largo plazo está en aquellas exportaciones en donde se puede desarrollar know-how, productos especializados digamos.

El hecho es que cada indicador cuantitativo del Reporte de Competitividad Global constituye una oportunidad de mejora: 114 indicadores al lado de los cuales el Convenio Cambiario No 34, el único punto sobre el que se apalanca la estrategia diversificadora de exportaciones del gobierno, luce como una respuesta simplona, oportunista, codiciosa y mediática.

Probado que sea cierto que los empresarios que tienen los 300 mil millones de dólares en el extranjero no son analfabetos funcionales –como algunos directores externos de juntas directivas de empresas del estado– y leen el Reporte de Competitividad Global, entonces el pobre Jesús Faría la tiene bien cuesta arriba.

 

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