PROPAGANDA PURA. NADA MÁS

Nada como un régimen comunista, dictatorial y autoritario para saber cómo usar la propaganda. Históricamente han sido unos maestros en el engaño y la manipulación. Más que maestros han sido los creadores, los perfectos. Los irrepetibles.

El impulso más dramático lo vio la humanidad en tiempos de Hitler. Esa gente, en el empeño de dominar al mundo, desplegó un formidable aparato propagandístico que ha servido de modelo para los más sanguinarios regímenes que aparecieron a posteriori, aunque en ese tiempo también competían en esa materia con los soviéticos.

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El viejo principio de repetir mentiras para disfrazarlas de verdades aéreas, dibujar espejismos, estaba y está más vigente que nunca. Pero aterricemos en la zona del socialismo del siglo XXI para ver mejor y de cerca el fenómeno que por muchos años protagonizó Chávez y que ahora sigue en manos de Maduro y la cúpula. Aunque, hay que precisar, que en esto de la propaganda a Chávez no lo han dejado morir. Esa es parte de la estrategia para convertir la muerte en vida eterna. En algo supremo. Nada más.

Tamaño reto. Para eso es necesario que el héroe sea héroe de verdad. Solo así funciona. Un inmortal es un héroe de verdad. Un auténtico marcador de caminos. No un embustero. No un fraude. Ahí está la médula de la falla.

Es como hacer una gran campaña publicitaria a un jabón que no sirve. Esa plata está perdida. El consumidor se encargará de matar los comerciales y los avisos de prensa. Lo mismo pasa con los héroes falsos. No van más allá de la pared, del video repetido, de la estatua forzada. Una vez y pase el temor, se suelte la presión y cese el dominio de la sociedad por parte de esa cúpula, sea alemana, rusa o venezolana, las estatuas van directo al piso. La verdad verdadera irá como un tsunami contra toda esa propaganda regada por todos los rincones del país.

Firmas de Chávez en paredes, Chávez cantando el himno, retratos de Chávez hasta en jaulas de perros, ojitos de Chávez hasta en los puentes de carreteras desvencijadas. Afiches para allá y para acá. Cadenas televisivas con gigantografías de fondo.

La voz del comandante fallecido para impulsar el discurso de los sobrevivientes herederos apabullados por sus enormes carencias y embustes. Y no es que el fallecido fuera excelente. No. Muy buen comunicador. Y forrado en dólares. Eso fue todo.

Lo demás se lo debemos a Fidel y Raúl Castro con su diabólica presencia. Y a unos cuantos asesores del Foro de Sao Paulo y del nuevo comunismo vividor español y francés.

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Propaganda pura. Billete parejo para todo. Y así construyeron una leyenda que está muriendo en la medida en que la quiebra económica deja en claro que el edificio chavista no es de acero, es de bahareque.

A estas alturas la propaganda no basta. Ya es hora de medidas concretas, de acciones. Esas cadenas repitiendo lo mismo tienen hasta la coronilla a más del 85% de la sociedad venezolana. La gente solo quiere vivir en paz, comer, trabajar, que no la maten, que los hospitales funcionen, que la educación regrese a un mínimo de calidad. La gente quiere ciudades para la gente. Quiere futuro. Pero los gobernantes chavistas quieren otra cosa. He ahí el choque sin remedio. Por eso, ante el hambre y la angustia, la propaganda pura y simple se agotó hace rato.

Ya los ojitos de Chávez no funcionan. Eso es seguro.

 
Elides J. Rojas L.Elides J. Rojas L.

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