DE LA ESTUPIDEZ A LA LOCURA

De la estupidez a la locura es el título del libro póstumo de Umberto Eco que será publicado en español por la editorial Lumen. No he tenido la oportunidad de leerlo, pero me apropio del título para este artículo porque pienso que el encabezado es la mejor descripción sobre el proceso revolucionario y lo que ha sucedido en la sociedad venezolana.

eco

Título que me vino a la cabeza como anillo al dedo cuando leí la noticia de que Nicolás Maduro había instaurado el premio “Hugo Chávez de la paz y la soberanía de los pueblos” y que propondría para tan destacado galardón a Vladimir Putin. Las ocurrencias de Nicolás Maduro siempre me han producido una embarazosa pena ajena, pero en los últimos tiempos la pena ajena se me ha tornado en vergüenza propia al saberme miembro de una sociedad gobernada y dominada por él.

Hay un punto de confluencia donde la estupidez y el poder se dan la mano. Como señala Wilhelm Reich en su estudio sobre la psicología del fascismo, “todos los dictadores han erigido su poder sobre la falta de responsabilidad social de las masas. Es ridículo afirmar que el gran jefe psicópata por sí solo haya podido abusar de setenta millones de personas.” También C. G. Jung se dio cuenta de que la dominación y el poder tenían que ver con el halo de carisma que emana de la estupidez y la inferioridad psicopática. De allí que Jung pensara que “el líder se encuentra rápidamente en el individuo con la menor resistencia, la menor responsabilidad y por su inferioridad, la mayor ambición de poder.”

Siempre me llamó la atención la manera en que la prensa venezolana destacaba cualquier ocurrencia de Hugo Chávez por más ridícula y estúpida que ella fuera.

Recuerdo las veces que me entrevistaron para preguntarme sobre el impacto económico que tendrían la Ruta de la Empanada o los Jardines Verticales, las innumerables páginas de prensa gastadas en la acumulación de sandeces y majaderías planteadas como geniales políticas sociales o económicas. El discurso heroico cubría la necedad y el despropósito y, en su momento, todo se justificaba por la popularidad y el supuesto carisma de Chávez. Muchos políticos de la oposición cayeron, también, en el mismo juego, emularon su retórica. Todo el montaje de la revolución bolivariana ha sido un espectáculo memo y lastimoso que cuando sea analizado por los venezolanos del futuro su asombro cubrirá nuestras tumbas de vergüenza. Nadie podrá entender cómo una sociedad que se suponía avanzada cayó en semejante estultez.

El libro de Umberto Eco trata de temas variados como la popularidad, la celebridad y los instrumentos de los que se vale el poder y advierte sobre “los cambios que está sufriendo una sociedad cada vez más propensa a enfermar de estupidez y, si sigue por el mismo sendero, amenazada de caer en la locura¨.

Para Venezuela, el libro de Eco no será una advertencia.

Será una descripción de nuestra realidad. Vivimos, ya, en medio de la locura colectiva.

El poder se soporta sobre la debilidad y gran parte de nuestra torpeza e inferioridad se expresa en nuestra capacidad de realizar actos estúpidos, una bobería que se potencia cuando entramos en la órbita del afán de mando. Este es, en mi parecer, el tema que plantea uno de los principales retos de la psicología política de la actualidad: el análisis del íntimo vínculo entre la estupidez y el poder. Al idealizar personas que representan nuestros defectos y estulticia nos sentimos curados. Los dictadores existen porque los ciudadanos los hemos permitido, porque algo en nosotros les da entrada y cabida, por una estupidez básica, por su conexión con una inferioridad que nos hace particularmente dependientes e ingenuos y con esa especie de vacío anímico donde la intuición y los instintos básicos no funcionan.

 

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