CHAPEAUX

castro

Cuba ha venido moviendo sus piezas diplomáticas para impedir que la OEA, organismo al que no pertenece, aplique a Venezuela la Carta Democrática Interamericana. Para lograrlo, acudió a la mediación de Ernesto Samper (UNASUR), conjuntamente con la de otros tres expresidentes que le son confiables.

Las acciones de Cuba son legítimas en cuanto responden a sus intereses nacionales. Perder a Venezuela significaría perder asistencia financiera, también perder el ancho territorio venezolano que sirve de zona de alivio para las FARC y, en suma, perder poder.

Lo que sorprende es su ingeniosa habilidad.

En medio de una difícil transición política, y en condiciones de creciente precariedad económica, el régimen cubano ha logrado imponer su agenda geopolítica a EEUU. Y, por carambola, a El Vaticano también.

No, no exagero.

De lo contrario ¿cómo comprender el encuentro de Cartagena, celebrado aun antes de que el pueblo colombiano se pronunciara, algo artificioso, diseñado para avalar el Pacto de La Habana, un arreglo concebido para poner a salvo un cartel guerrillero militarmente derrotado? Y ahora, ¿cómo comprender la torpe intromisión en Venezuela, cuando las fuerzas de Oposición, actuando desde la Asamblea Nacional, y en defensa de un pueblo depauperado, habían sentado -tras la ruptura del hilo constitucional- las bases para la aplicación de la Carta Democrática?

¿Qué puede ganar EEUU a cambio? A mi juicio, tranquilidad. Washington rehúye los conflictos hemisféricos porque se siente atado de manos para resolverlos. La historia al menos parece sugerirlo.

En 1998, faltando treinta días para la elección presidencial, cuando estuvo en serio peligro el triunfo de Hugo Chávez, poderosos intereses se movieron para convencer al entonces embajador de EEUU, John Maisto de que la derrota del Comandante generaría en Venezuela un frente guerrillero paralelo a las FARC. Convencido Washington, que hasta entonces albergaba fundadas reservas respecto a Chávez por su pasado golpista, se alinearon los cañones (mediáticos y financieros) que serían decisivos para sofocar la amenaza y convertir a Hugo Chávez en presidente.

Hoy, la historia se repite. Todo parece indicar que la diplomacia cubana ha logrado despertar en Washington temor en dos sentidos:

Temor a que, de cesar la ayuda que Venezuela les proporciona, su economía colapsaría, desatando un éxodo incontenible de cubanos hacia Florida.

Y – con la ayuda de Santos- temor a que, de no intervenir EEUU (lo que habría sido políticamente inviable sin el acompañamiento de El Vaticano), la MUD “sería rebasada por un movimiento nacionalista”, estallaría una guerra civil (¿Será el mismo baño de sangre al que aludió Monseñor Claudio María Celli?), y se complicaría la realidad socio-política de una Colombia ya dividida tras el triunfo del NO.

Lograr que EEUU y el Santo Padre asumieran su causa como propia no fue una hazaña menor.

Mucho más cuando los países fundadores de Mercosur se había fijado la meta de excluir a Venezuela en diciembre, y en vísperas a celebrarse la XXV Cumbre Iberoamericana de Jefes de Estado y de Gobierno, donde Perú, en respaldo a la iniciativa del Secretario General de la OEA, pediría la aplicación inmediata de la Carta Democrática Interamericana.

¿Casualidades?

Hay que quitarse el sombrero ante el régimen cubano. ¡Chapeaux!

 

Artículos relacionados

2 Comentarios

  1. Beatriz Montiel said:

    Excelente! Eso lo sabemos muchos venezolanos hace tiempo! Chapeaux!

Los Comentarios han sido cerrados.

Top