LAS SENTENCIAS QUE VIENEN

La nueva conformación del TSJ se produjo el 30 de diciembre del año pasado, justo antes de terminar el período de la Asamblea Nacional dominada por el chavismo.

Luego de la pela que les metió la oposición el 6 de diciembre, cuando los candidatos de la MUD lograron mayoría calificada, el chavismo tenía que hacer algo para mantener una de las claves del poder: el máximo tribunal del país. Y lo hicieron sin pena y violando Constitución y leyes. Ahí comenzó la masacre constitucional que hace rato llegó a la OEA, la ONU, Mercosur, la Unión Europea. Ya no es noticia. Lo que sí sería noticia es lo que pudiera decidir a futuro, según abogados con visión chavista, antiimperialista, socialista, anticapitalista y profundamente humanista, el TSJ oficialista. Veamos.

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En materia electoral. No hay necesidad de seguir dándole vueltas a este asunto. La revolución solo se cuenta cuando sabe perfectamente que va a ganar. Y en caso de perder, igualmente nombrará a protectores, vicepresidentes o cualquier otra cosa que se le ocurra con tal de burlar la voluntad popular y agredir al ganador. Así, y para no abundar mucho, la decisión irá directamente a la reforma de la institución que consagra la participación de los ciudadanos en la elección de sus mandatarios. Basta que el TSJ diga que todo funcionario chavista electo pasa a ocupar el cargo de por vida, hasta que pase el páramo en escarpines. De esta manera no habrá más debates sobre legitimidad y tonterías leguleyas como esas.

En materia presupuestaria. Ésta es más sencilla. Y ya hay jurisprudencia local. Basta que el máximo tribunal declare que el presupuesto nacional es patrimonio de la revolución y que, como tal, debe ser administrado por el comandante supremo, quien delega en sus hijos o hijas la facultad de firmar los cheques y aprobar las movidas. La sentencia debe agregar que el TSJ declarará hijo del comandante supremo a quien quiera y cuando quiera. Basta que se lo pidan.

En materia comunicacional. Más sencillo todavía. Cuatro cosas estarán en una sentencia en este sentido. La primera, el gobierno podrá lanzar una sola cadena eterna y suprema. Una cadena que no termine nunca.  Segunda, a tales fines es una obligación para los ciudadanos escucharla y verla. No como ahora que se dan el tupé de decir “yo no veo VTV” o “yo no veo cadenas de Maduro”. No, ¿qué es eso? Tercera, se declarará mentira todo lo que digan los medios que no sean del gobierno. La verdad es del gobierno. De nadie más. Cuarta, muy importante. La sanción. La sentencia debe legislar penalmente de una vez. Total, ya no hay otra instancia legislativa. Ni hace falta. A los ciudadanos que falten a su obligación de ver, escuchar y creer al gobierno, serán sancionados con una ración de bolsa CLAP por mes durante todo lo que les quede de vida. Y la obligación de dar las gracias al gobierno en radio y televisión. Quien se niegue, entonces tendrá que comer con lo que produzca el Ministerio de Agricultura Urbana. Es decir, coma ñame parejo. Buen provecho.

En materia de vida. Quien quiera vivir en Venezuela debe ser chavista y declararse públicamente hijo del comandante supremo. La sentencia debe dejar muy claro que quien se oponga será tratado como un escuálido enemigo del pueblo, cosa que ya pasa, pero pronto será materia legal.

Y Divina también. Orden celestial.

 
Elides J. Rojas L.Elides J. Rojas L.

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