Y TÚ TAMBIÉN, PAPA FRANCISCO

No es que le niegue a Su Santidad el Papa Francisco el derecho que le asiste –como a cualquier mortal- de tener sus embelecos políticos, de simpatizar más allá de lo deseable con personajes carismáticos y peligrosos y que, de vez en cuando, deslice críticas contra los poderosos que, sorprendentemente, siempre encuentra del lado económico y no del político e ideológico.

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Tal por ejemplo, cuando denuncia al capitalismo, la economía de mercado, la democracia liberal y el individualismo como el origen y fuente de todos los males de la sociedad contemporánea (pobreza, guerras, injusticias, desigualdad), mientras soslaya la ruindad que se sufre en países sobrevivientes del comunismo como Cuba y Corea del Norte, y creo que, hasta evita estar correctamente informado sobre  el horror que, lenta, pero implacablemente, está dejando el “Socialismo del Siglo XXI” en países América del Sur como Venezuela, Ecuador y Bolivia.

No es una contradicción tolerable, no solo en un Papa, sino en cualquiera de los ciudadanos hijos de la Iglesia de Cristo que, dicen las estadísticas, se cuentan en mil millones de creyentes, porque, la doctrina católica es, esencialmente, una mano tendida hacia los que sufren que, pueden encontrarse entre todas las clases, razas, credos, géneros, países y continentes.

Y hay mucho sufrimiento en los países de América Latina donde ha plantado de nuevo tienda la también llamada utopía roja y marxista, y cuya carta de presentación es la promesa de establecer el Reino de Dios en la tierra, mientras, realmente, la convierte en un infierno.

Literalmente, es un amasijo de violaciones de los derechos humanos, de retrocesos, de alaridos hacia épocas oscuras, primarias y rupestres, a caídas de la calidad de vida deficitaria pero tolerable de los siglos XX y XXI, al caos rural y promiscuo del XIX, y a la restauración de aquellas de dictaduras bananeras que hicieron de la región, hasta muy entrados los 50, el tema favorito de novelistas, poetas, dramaturgos y cineastas que, por todas las formas, quisieron demostrar que no habíamos dejado la barbarie.

Pero que, sorprendentemente, no conducen al Papa a los tiempos de Herodes, El Grande, sino hacia aquel cristianismo primitivo tan reporterilmente descrito en “Los Hechos”, y que, no solo nos narran el martirio de San Esteban, sino la vida “en común” de las primeras comunidades cristianas donde “todo era de todos”, los viajes de Pablo por el Mediterráneo, contando la llegada del “Dios Desconocido” y las supercherías de Simón, el Mago, quien se negaba a admitir que la nueva fe era un acontecimiento terrenal, positivo y certificable y, en ningún sentido, adscrita a milagros que corrompían la eterna humildad que, con la duda, es la piedra angular de la razón.

Pero, ¡qué casualidad!, es el cristianismo que le gustaba a Federico Engels, quien le dedicó páginas memorables, y a Karl Kautsky, el -marxista más marxista antes de Lenin-,  el cual sostiene en su “Historia del Cristianismo” que, prácticamente, contiene las raíces del materialismo histórico y el materialismo dialéctico y, desde luego, a los padres Gustavo Gutiérrez, Rubén Alves, Juan Carlos Scannone, Carlos Mugica, Jerónimo Podestá, Leonardo Boff y otros fundadores de la contemporánea “Teología de la Liberación”.

Y en el último párrafo, ya estamos señalando lo que podemos llamar “el malestar del papado de Francisco”, pues, siendo argentino y porteño y de la generación de sacerdotes sudamericanos que tanto haría para involucrar a la Iglesia en el descubrimiento del llamado “Cristo Histórico”, era imposible que no se sintiera inmerso en una propuesta tan pagana y arbitraria, como folklorizante y anacrónica.

Sería largo referirme a la “Segunda Revolución Franciscana” en la historia de la Iglesia (la primera fue la de San Francisco de Asís (1181-1182) durante el primer encuentro del Medioevo con el humanismo filosófico y el naturalismo en las ciencias), pero no hay dudas que se propone, como la anterior, provocar una ristra de cataclismos en cadena, de la cual, surja una Iglesia, no tanto renovada, como adulterada.

Para empezar, San Francisco de Asís inició su aventura desde las capas más humildes de la Iglesia del norte de Italia y si hay un detalle que contribuyó, más que ningún otro, a difundir, proyectar y, finalmente, establecer su mensaje, es que bajo ningún respecto buscó subvertir el poder político y religioso de su tiempo, sino atraerlo y convencerlo.

El Francisco de Buenos Aires, por el contrario, es el poder, un inmenso poder (el politólogo venezolano, Moisés Naím, dice en una obra reciente, “El Fin del Poder”- Random House Mondadori S.A. Barcelona. 2013, que está “entre los seis grandes poderes del mundo global”), pero no por el poder político, económico y tecnológico que concentra, sino por el poder espiritual que ejerce sobre un mil millones de católicos repartidos por todo el planeta.

Y entre los cuales hay ricos y pobres, negros y blancos, burgueses y proletarios, santos y pecadores, culpables e inocentes, -y hasta descarriados que por sus precarias condiciones de vida se ven forzados a vivir, no de acuerdo a las enseñanzas de Cristo sino de los imperativos de Satanás.

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A todos debería hablarles y abrazar Francisco, como prescribió Nuestro Señor en su “Amaos los unos a los otros”, como un principio crucial fundador de la solidaridad, la hermandad, el amor, y el perdón cristianos… que es también la piedra sobre la cual se afinca la defensa de los derechos humanos como un valor moral, teologal y eclesial, pilares también de la diversidad y la inclusión por las cuales el Papa, no solo debe ser el primer protector, sino el primer luchador…

Y que solo pueden realizarse plenamente en una sociedad abierta, en aquella en que el ciudadano es primero que el estado, el individuo que el colectivo, y la ley que el gobernante.  En sociedades libres, democráticas y en estados de derecho, definitivamente, que se cimientan en los Evangelios, en versículos fundacionales como “Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios” y “Mi Reino no este mundo”.

Por todo ello, no puede sino extrañarme que el Francisco de Buenos Aires, a diferencia del Francisco de Asís, ande postulando la pobreza como una virtud teologal, preparatoria del acceso a la beatitud del paraíso, cuando en verdad, se trata de una desgracia social para cuya superación Dios ayudó al hombre con la creación de sistemas políticos y económicos plurales, pacíficos y electorales, y de avances educativos, científicos y tecnológicos.

Pobres y ateísmo hubo en la Rusia Soviética de Lenin y Stalin, en la China Comunista de Mao Tse Tung, en los países del Europa del Este, y en Cuba, Vietnam y Corea del Norte y puede decirse que fueron multiplicados por una reingeniería monstruosa para ser perversamente manipulados por los dictadores feroces del socialismo. Y los hay actualmente en la otrora rica Venezuela. Según los socialistas, Chávez y Maduro fueron adueñándose del país para convertirlo en un conuco donde los únicos productos que se pueden cosechar son polvo y viento.

Y mucha represión Papa Francisco, violaciones de los derechos humanos, hiperinflación, escasez de alimentos y medicinas, presos políticos, torturas, seguramente no en la escala, pero si en la progresión de las que usted sufrió durante los tiempos en que fue sacerdote en Argentina, y los dictadores Videla y Gualtieri casi asesinan el sueño.

Estuvieron en las últimas semanas por aquí, en Caracas, unos enviados papales, dijeron que a promover un diálogo gobierno-oposición, y en realidad estuvieron muy efectivos, porque en menos del día 15, se logró un Acuerdo, según mi opinión, totalmente favorable al dictador Maduro y contrario a los intereses de la oposición.

Y por una razón muy sencilla, para llegar al mismo, la oposición fue obligada a suspender políticas que le eran irreemplazables como el juicio político a Maduro, y una marcha a Miraflores, no para derrocar a Maduro sino para exigirle cumpliera el Referendo Revocatorio, en tanto que a Maduro, no se le pidió concesiones y continuó y reforzó las políticas que traía.

Para culminar, el Acuerdo está prácticamente en el limbo, el gobierno de Maduro no lo cumple, o lo cumple por cuenta gotas y el Vaticano hace muy poco por defender o jugársela en una declaración donde, si no se le amenaza con la excomunión porque no es cristiano ni católico, al menos, le acuse de boicotear el diálogo, de patear la mesa y que la oposición queda en libertad de continuar la agenda política que tanto miedo le provocaron a Maduro que tuvo que viajar a Roma a protegerse bajo la sotana del Papa.

No es por nada Papa Francisco, pero como me recuerda su actuación en Caracas a la que tuvo en Cuba como facilitador de los frustrados acuerdos Obama-Raúl Castro durante el 2014, y un año después, en el 2015, en La Paz, cuando durante una visita pastoral, Evo Morales, lo hizo participar en un acto donde le montó el bochorno de regalarle un Cristo orlado con la “La Hoz y el Martillo”.

“La Hoz y el Martillo”, las herramientas diabólicas que más hicieron para destruir en el siglo XX la Iglesia de Cristo.

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EL CUESTIONADO PAPEL DEL PAPA FRANCISCO EN EL DIÁLOGO

Para la feligresía de la Iglesia Católica venezolana (la mayoritaria del país), ha sido una sorpresa y una decepción la mediación del Vaticano en el diálogo que, con tan pésimos resultados para la democracia, se viene realizando.

Y es que, siendo el régimen castrochavista que desde hace 17 años azota a Venezuela, un enemigo nada simulado de los cardenales, obispos y sacerdotes que lo han enfrentado por sus constantes violaciones de los derechos humanos, su precario apego a la Constitución y la siembra de un odio enfermizo y fanático que terminó separando a la familia venezolana, pues se hubiera esperado que la mediación papal fuera más cristiana, católica y de respaldo a quienes, tanto dentro, como fuera del país, luchan porque la libertad y la democracia vuelvan a irradiar en la tierra de los libertadores de Sudamérica.

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Pero no, incomprensible e inexcusablemente, desde que el 24 de octubre, un enviado especial del Papa, Monseñor, Emil Paúl Tscherrig, apareció en Caracas, anunciando que se iniciaba un diálogo entre gobierno y oposición, resultó evidente que la Santa Sede ha estado más cerca de posiciones políticas favorables a Maduro, que de las que sustenta la oposición.

Tal, por ejemplo, la tesis de que “si no hay diálogo habría guerra civil”, cuando en realidad, tal intención, si existiese, habría que atribuírsela al régimen y no a la oposición, pues, es Maduro quien viola la Constitución al no aceptar un Referendo Revocatorio convocado por partidos opositores para que el pueblo decida si le revoca o no su mandato.

En otras palabras, que violar la Constitución a cambio de evitar la guerra civil, no puede ser una opción para los demócratas, pues tal exabrupto, significaría inundar el mundo de dictadores a costa de una paz inconstitucional y contraria a la dignidad humana.

De otra parte, si ya no hay una guerra en Venezuela, es porque la sociedad venezolana, y la comunidad internacional prefieren velarla al no clasificar la catastrófica crisis humanitaria como la consecuencia de la implantación en el país de un sistema dictatorial y comunista que ha decretado la ruina para que el pueblo se someta por el hambre y las enfermedades

Para que contribuyera a la solución de tan oscura y perversa realidad fue por lo que el pueblo católico saludó con optimismo la mediación papal, que, para su estupefacción, terminó con una apuesta por la dictadura y no por la democracia.

Una verdad lacerante que, como toda señal religiosa hiere en lo más hondo a una fe secular e indestructible que perdurará, a pesar de la no confiabilidad en “el representante de Dios en la tierra”.

factormm.com

 
Manuel MalaverManuel Malaver

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Un Comentario;

  1. Fernando said:

    ¿Como puede ser que el Papa toma lpartido en favor de la dictadura marxista? El episcopado venezolano no está de acuerdo con la postura del Papa !..¿cómo se resuelve esta frontal contradicción?

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