TRUMP, MADURO, LA MUD Y LA SALIDA

Trump se sirvió de algunas destacadas prácticas comunicacionales que los gobiernos chavistas han sabido muy bien usar y la oposición tercamente ignorar. Dadas las limitaciones de espacio no nos queda más remedio que simplificar mucho lo que queremos decir con esta afirmación.

Trump apeló a los resentidos

Mientras Hillary Clinton buscó convencer a los latinos, a los negros y mujeres de votar a por ella, Mr. Trump se dirigió a los resentidos por las políticas de Washington quienes eran principalmente los blancos “basura” y sensibilizó igualmente a los negros, latinos y mujeres afectados por estas políticas.

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En nuestro país, la oposición ha buscado durante el período chavista convencer a los ciudadanos de lo malo del gobierno, mientras que el chavismo ha buscado emocionar con una revolución vengadora, distributiva y cogobernante con el pueblo, más exactamente con todos quienes se sienten pueblo, y esta es una precisión muy importante.

Clinton y la oposición se han comunicado principalmente de modo racional y sociológico, Trump y el chavismo por su lado lo han hecho de modo antropológico y sicológico.  Clinton buscaba persuadir que Trump no era apto para el cargo. Mr. Trump desnudó a Mrs. Clinton como una corrupta defensora de los intereses de los culpables por la pérdida de empleo de los “blancos basura” y de ser un riesgo para mujeres, negros y latinos por el peligro de hacerlos perder el de ellos.

Cierto es que Donald no logró ganarse a la mayoría de esos grupos sociales, pero eso no era lo que él buscaba, pues le bastaba con quebrar el respaldo mayoritario a Clinton de modo parecido a como Maduro necesita tener a su lado a toda la FANB, mientras que a la oposición le bastaría tan sólo con una fracción suficiente en un caso dado (y ojalá las cosas no se decidan por esta vía).

Trump comprendió que su mensaje era para los resentidos o temerosos de Washington, independientemente de a cuál etnia pertenecían o con cuál partido simpatizaban, tal como comprendió Chávez en 1998 que debía dirigirse a los descontentos con las cúpulas políticas independientemente de si eran o no simpatizantes de AD o COPEI.  Esos partidos no aseguraron, como tampoco la señora Clinton, la mayoría de los sectores que “lógicamente debían votar por ellos”.

No es cuestión de lógica sino de conexión emocional. Cuando la mayoría abandonó al chavismo no fue tanto por la prédica de la oposición, sino por el desengaño con los resultados obtenidos. En otras palabras, la mayoría se desilusionó emocionalmente por sí  misma de lo nefasto del régimen.

Hoy la narrativa chavista no emociona del mismo modo que antes a las grandes mayorías. Hoy el comportamiento del régimen lo presenta como contradictorio con sus propias promesas. La verdad del régimen no es la verdad vivida por las mayorías hoy en Venezuela. Actualmente su narrativa tiende a producir rabia, desesperanza y miedo.  Pero la oposición no logra articularse satisfactoriamente con estas emociones integrándolas en un sentimiento de salida de la crisis económica, social y política que padecemos. Ha tenido y tiene una narrativa dispersa y muy disconexa. En este momento sólo responde, medianamente, a quienes ven en lo político la llave para la salida de la crisis, pero no responde adecuadamente a quienes buscan sobrevivir a ella. Hace poco, consignas como “revoquemos el hambre”[i], pedimento espontáneo leído en las manifestaciones daban, en lugar de la MUD, la narrativa que se esperaba. Hoy la MUD centrada en lo político, deja por fuera a quienes la crisis agobia.

La oposición no cuenta con un liderazgo mayoritario, contundente. Este tipo de liderazgo le dio a Mandela, Walesa, Yeltsin y a Gandhi el capital político necesario para negociar con los poderes establecidos el cambio de gobierno.

Si la oposición dice luchar porque el soberano exprese su voz sin cortapisas con respecto a si Maduro debe o no continuar al frente del poder, ¿por qué no hacer lo mismo con respecto a quién debe dirigir hoy a Venezuela como su líder designado, ya que ninguno tiene aisladamente el capital político suficiente como líder indiscutido?

Así se relegitimaría el liderazgo opositor recibiendo un mandato inequívoco para agenciar una solución no demorada, con credibilidad, confianza y un incuestionable capital político para presionar y hablar en nombre de todo el país.

Podría llenar la calle para hacer sentir estruendosamente el clamor venezolano y podría reunir bajo un Acuerdo Nacional tanto la vía para salir de la crisis como los acuerdos mínimos de gobernabilidad en la transición, uniendo las aspiraciones de quienes quieren la salida del gobierno actual con los de quienes quieren llevar pan a la mesa, conseguir medicinas y repuestos y que el bolívar sirva para algo. También podría conseguir dinero fresco y apoyo internacional. Un líder así unificaría en una voz la narrativa opositora y aspiraríamos que fuese consistente y emocionalmente conectada con todos los venezolanos. ¿Verdad que valdría la pena intentarlo?

[i] Consigna de un  solo partido: Proyecto Venezuela

 
Daniel AsuajeNo photo

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