El ABC de P. Luis Ugalde/ Rector Emérito de la Universidad Católica Andrés Bello
“La educación católica en Venezuela es altamente significativa”

Somos apenas sesenta, y este país tiene 30 millones de habitantes. El clero venezolano quedó sin sacerdotes ni seminaristas luego de las guerras. Gómez autorizó la presencia jesuita con la advertencia: “Que vengan pero que no hagan ruido”. Para reconstruirse el país necesita una espiritualidad inspirada en el lema: “En todo, amar y servir”, señala reconocido educador y escritor.

Macky Arenas

Los jesuitas cumplen 100 años en Venezuela. Un centenario luminoso y fructífero dedicados a formar generaciones de venezolanos a todos los niveles y en todos los sectores sociales. Desde 1916 hasta el 2016 sus aportes educativos se pierden de vista. La incidencia de la presencia ignaciana se notó desde el comienzo. La Iglesia en Venezuela, tan empobrecida humana y materialmente, empezó el siglo XX con grandes carencias formativas y organizativas. La Compañía de Jesús desde su llegada apostó a tres grandes líneas de trabajo: refuerzo de la Iglesia con la formación del clero y de organizaciones laicas; la educación escolar en los colegios, y el aporte a la construcción de una sociedad más justa con una nueva conciencia cristiana en la que la fe, animada por el amor, lleva a cuestionar el orden socio-económico y político injusto y a construir una sociedad más justa de acuerdo a la doctrina social de la Iglesia. Las siguientes son las reflexiones del actual responsable de la formación de los jesuitas de América Latina para los lectores de ABC de la Semana.

“las primeras gerentes del Hospital Vargas fueron las hermanas del San José de Tarbes”

“las primeras gerentes del Hospital Vargas fueron las hermanas del San José de Tarbes”

_Hace poco leímos una entrevista realizada al sacerdote español Andrés Díaz de Rábago, misionero centenario, conocido como “El jesuita que rezaba por Mao”. Él estaba naciendo cuando los jesuitas se instalaban en Venezuela. Se fue a China en 1947, cuando tenía 30 años, y estuvo en Pekín y Shanghái. Luego a Manila, de allí a Timor portugués, y después a Taiwán. El periodista le preguntó: Padre, ¿cómo se vive con casi cien años a las espaldas?  y el sacerdote Díaz respondió: “pues amando a Dios y a los hombres, que es lo que he procurado hacer toda mi vida. A mí estos 98 años se me han pasado como una delicia, y eso que las pasé negras y moradas por todos los lados”. ¿Es verdad eso de que en China rezaba por Mao Tse Tung?

_Si lo piensas bien, Mao fue también instrumento de la Providencia de Dios. Jesucristo lo dijo claro: «Amad a vuestros enemigos y rezad por ellos». Por eso rezaba yo por Mao. Está en la Biblia que Dios de todas las cosas saca el bien para los que le aman. Y san Agustín añade: «Hasta del pecado…» Dios saca siempre bien del mal. ¡Ha habido tantas cosas en mi vida que parecían malas y luego fueron estupendas!”.

_ ¿Qué balance tiene de la labor de los jesuitas en Venezuela?

_ En primer lugar, hay que tener presente que los jesuitas en este momento somos apenas sesenta, y este país tiene 30 millones de habitantes. Pero en realidad somos miles con ese mismo espíritu, hay una cantidad incalculable de personas trabajando en los colegios, universidades y centros de formación jesuita. En Fe y Alegría, por ejemplo, hay decenas de miles de laicas y laicos que tienen esa misma vocación educadora y se mueven animados por el mismo espíritu. De manera que lo que se hace es entre todos. En segundo lugar, también es bueno hacer una acotación, porque al considerar el trabajo de la educación católica en Venezuela, sería desacertado separar los jesuitas de los salesianos, de La Salle, de las hermanas, es decir, el movimiento de educación católica en Venezuela es altamente significativo, sobre todo partiendo de que llegamos al siglo XX con una Iglesia sumamente débil y con una presencia muy modesta desde el punto de vista educativo católico.

LAS EXPOSICIONES

_ ¿A qué se debió eso?

_ A mediados de los años 70 del siglo XIX la Iglesia en Venezuela no era fuerte, pero, aun así, se expulsó a todos los obispos, fueron cerrados los seminarios donde se formaban sacerdotes, prohibieron todas las congregaciones religiosas masculinas y femeninas y se les privó de la posibilidad que tenían de sustentarse económicamente con autonomía al colocarlos en dependencia total del Estado. Esa fue la razón por la cual la recuperación inicial fue muy lenta y con gente que vino de fuera. La primera congregación que llegó al país fue el San José de Tarbes, religiosas que no vinieron como educadoras sino para dedicarse a la salud. Ellas fueron quienes administraron, recién fundada, la gran obra de salud del gobierno venezolano que fue el Hospital Vargas. Así que las primeras gerentes del Hospital Vargas fueron las hermanas del San José de Tarbes, quienes se hicieron famosas pues hubo unas terribles pestes y ellas salieron a ayudar a la gente. La segunda congregación que llegó a territorio venezolano fueron las hermanas de la Caridad de Santa Ana quienes vinieron al Zulia en épocas en que nadie quería cuidar a los leprosos pues se consideraba que eran una maldición y muy contagiosos. Ellas lo hicieron.

_ Los jesuitas, al llegar, tampoco vinieron para aquello a lo que luego se dedicaron, ¿no es así?

_ El clero en Venezuela prácticamente no existía pues quedó sin sacerdotes ni seminaristas luego de las guerras. El seminario es el lugar donde se forman los futuros sacerdotes y sin clero la Iglesia no tenía futuro. Todo el oriente del país, todo lo que es el sur, estuvo más de un siglo sin un solo cura por lo que la fe en Venezuela –salvo en Los Andes donde quedaba un poquito de clero- se mantuvo por la fe y las tradiciones en el seno de la familia, las cofradías y en los pueblos, como es el caso de la veneración a las distintas advocaciones marianas.

_ ¿Cómo ha variado la presencia jesuita en Venezuela a lo largo del tiempo pues, para ser sesenta, hacen mucho “lío”, como dice el Papa?

_ Hay que recordar que los jesuitas fueron expulsados por el Rey de España. Después, ya en tiempos republicanos, José Tadeo Monagas sacó un decreto en 1848 prohibiendo la entrada de jesuitas. Por eso, uno de los últimos países de América Latina donde regresaron los jesuitas fue Venezuela. Y regresaron dos, así que el Nuncio pidió permiso a Juan Vicente Gómez para que les dejaran entrar. Hechas las consultas, otorgó el permiso con la advertencia: “Que vengan pero que no hagan ruido”. Eran solo dos y les dijeron: “Si les preguntan quiénes son, digan que son sacerdotes, pero no digan que son jesuitas”. Estábamos prohibidos, así era la cosa. La estrategia en aquél momento era ayudar a la formación de los sacerdotes y a eso nos dedicamos al principio. Desde el seminario salían y se iban a Lídice, a Catia, a lugares donde no había clero y los fines de semana fueron fundando capillas que hoy día son parroquias llevadas por jesuitas.

FE Y ALEGRÍA

_ ¿Qué podemos esperar a futuro de los jesuitas, qué novedades tienen?

_ Diría que uno de los milagros ocurridos es que hasta el año 1953 era impensable una universidad privada, mucho menos una universidad católica. Y se crea la UCAB. En este momento hay una decena de universidades católicas, algunas de las cuales dependen de los jesuitas. Al año de fundada la Universidad Católica, desde allí mismo, funda el Padre Velaz Fe y Alegría en un barrio de Catia, con la gente del propio barrio y la ayuda de estudiantes de la católica. En este momento, los retos de la educación son cualitativos. No se trata solo de la escolaridad, sino que Venezuela, para reconstruirse, necesita una espiritualidad inspirada en lo que pone el lema a la entrada del Colegio San Ignacio: “En todo, amar y servir”. Eso está tomado de San Ignacio. El slogan es muy fácil, pero hay que desarrollar una educación a través de la cual el muchacho y la muchacha le tomen gusto al sentido de esa frase, “En todo, amar y servir”. Eso no es un mandato sino una inspiración. Y San Ignacio dice que ese gusto se toma si usted entiende su propia vida como un regalo, como un don de los demás y, entonces, al contemplar usted ese regalo que ha recibido de Dios –directamente y a través de los demás- usted va a ser capaz de en todo, amar y servir como respuesta al don recibido.

” Hasta el año 1953 era impensable una universidad privada”

” Hasta el año 1953 era impensable una universidad privada”

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UNA HISTORIA DE 100 AÑOS

La Compañía de Jesús fue fundada por San Ignacio de Loyola en 1540 y tiene como piedra angular los Ejercicios Espirituales de San Ignacio, orientados a transformar la vida de quien los hace en silencio y soledad con Dios y sale decidido al seguimiento de Jesús según los tiempos, lugares y circunstancias donde vivimos. Ignacio enseña también a discernir, tanto los movimientos espirituales internos como las realidades externas, para orientar con los valores del Reino de Dios nuestra acción al mayor servicio y amor. Por eso en Venezuela a los 25 años (1941) de la llegada de unos pocos jesuitas ya aparecen claras las líneas maestras de la labor de los jesuitas: Fortalecimiento institucional de la Iglesia, educación escolar, espiritualidad y trabajo por la justicia social; todo ello animado y vivido desde la fe y seguimiento de Jesús y encarnado en las circunstancias muy concretas del devenir venezolano.

Podemos preguntar de manera crítica y reflexiva qué manifestaciones y logros eclesiales y nacionales se pueden apreciar de este aporte. Naturalmente en todos estos campos los pocos jesuitas activos (nunca fueron más de 100 sin contar estudiantes y retirados por edad o enfermedad) han venido trabajando con los obispos y sacerdotes, con las otras órdenes y congregaciones religiosas y con miles de laicos. Por eso no tiene sentido preguntarse por lo que los jesuitas han hecho de manera diferenciada de los otros, sino apreciar su contribución a ese caminar juntos, aportando cada uno lo que es propio de su carisma.

La Compañía de Jesús no tiene sentido fuera de la Iglesia y San Ignacio quería -en sus tiempos de tanta corrupción en la Iglesia merecedora de crítica y de búsqueda de renovación desde dentro- que los jesuitas sintiéramos con la Iglesia. Se trata pues de una vivencia y de un servicio desde dentro y con espíritu crítico para que la Iglesia se libre de sus propias desviaciones y pecados y sea más y más servidora de la humanidad desde Jesús y no desde sus limitaciones humanas y contagios mundanos.

Quizá uno de los aportes más significativos de los jesuitas en Venezuela en lo político-social es el hecho de abordar los temas con espíritu crítico, sin respetar las rígidas barreras doctrinales, sino asumiendo y estudiando desde dentro alternativas que tradicionalmente se consideraban prohibidas; pero al mismo tiempo esto exige no sacralizar ninguna opción política alternativa, ni confundirla con el Reino de Dios, sino examinar con rigor sus resultados prácticos valorando los logros y los fracasos. Así el tema no es tanto la discusión ideológica de las promesas de paraíso socialista, sino el funcionamiento concreto de los modelos impuestos por quienes con esa promesa llegaron al gobierno y al poder.

En la compleja década de los sesenta el aporte social de los jesuitas fue básicamente con formación en la doctrina social de la Iglesia impartida en los diversos modelos de cursillos sociales y a la lucha universitaria por ganar las elecciones y el poder en las universidades públicas venezolanas.

Los jesuitas desde el comienzo apostaron al laicado con la mentalidad propia de ese tiempo y han ido evolucionando y cambiando gradualmente esa mentalidad a medida que las luces e inspiraciones del Concilio Vaticano II se van haciendo realidad.

Un campo especial de formación de jóvenes es el Programa de Liderazgo Universitario desarrollado en nuestras universidades. Principalmente la UCAT y en parte la UCAB, han podido incursionar en procesos y eventos que van dando muy buenos resultados. Por su impronta evangelizadora y por su capacidad de motivación se están convirtiendo en espacios y experiencias que ameritan un especial impulso.

P. Luis Ugalde

 

 

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