TRUMP: EL DESCENSO DEL OLIMPO

Nunca antes las corporaciones multinacionales habían alcanzado su dimensión actual. Tal como refería Noreena Hertz en su obra The Silent Takeover, publicada en 2001, de las cien mayores economías del mundo, cuarenta y nueve eran Estados-naciones y cincuenta y uno corporaciones multinacionales. Desde entonces la balanza se ha inclinado cada vez más en la dirección de estas últimas, gracias a un proceso sistemático de megafusiones empresariales.

torre-trump

Dichas megacorporaciones tienden a ser controladas con mano firme. Hace varias décadas Galbraith desarrolló su teoría de la evolución corporativa, según la cual las empresas habían pasado del liderazgo carismático de sus fundadores a aburridos directorios tecnocráticos. Ello no se corresponde a la realidad actual, donde figuras de inmensa fuerza como Warren Buffet, Larry Page, Sergey Brin, Carlos Slim, Mark Zuckerberg, Amancio Ortega o Bernard Arnault, dominan sin cortapisas sus emporios económicos. Ello responde al hecho, documentado por el censo 2013 de mil millonarios de Wealth-X y la banca UBS, de que el 60 por ciento de éstos son “self-made men” que virtualmente crearon sus empresas de la nada.

Pero junto al valor de las empresas que controlan se encuentra la fortuna personal de estas figuras. En enero de 2016 la organización internacional Oxfan, basada en Oxford, Reino Unido, difundió un reporte titulado Riqueza: Tenerlo Todo y Querer Más, donde proporcionaba una cifra espeluznante: A partir de 2016, la riqueza de 1% de la humanidad superará a la del 99% restante. De acuerdo a la encuesta de Wealth-X y UBS, antes citada, la fortuna combinada de las 2.170 personas que hoy pasan de los mil millones de dólares es de 6.5 millón de millones de dólares. Es decir, más que el PIB de Japón. De su lado, la polarización económica a la que ha llegado Estados Unidos resulta pasmosa. En efecto, la riqueza poseída por el 0,1% de arriba resulta igual al del 90% de su población contada a partir de abajo (Angela Monaghan, “US Wealth inequality- Top 0.1% worth as much as the bottom 90%”, The Guardian, 13 November, 2014).

Esos grandes líderes corporativos no sólo suelen compartir una visión similar del mundo sino que tienden a reunirse frecuentemente. Los espacios donde se congregan van desde los de naturaleza abierta como el Foro Económico Mundial hasta agrupaciones reservadas como Bilderberg, la Comisión Trilateral, o el Grupo de los Cincuenta. Según Bruno Cardeñosa: “Estos grupos pretenden gestar una red de mando que no se vea afectada por el capricho de turno de los ciudadanos” (El Gobierno Invisible, Madrid, 2007).

Lo anterior se traduce en una conectividad que ha llegado a ser cuantificada económicamente. En palabras de Tyler Durden: “De acuerdo a la publicación Wealth-X las conexiones entre los mil millonarios del mundo equivale a un círculo social cuyo valor combinado asciende a 33 millones de millones de dólares, es decir, el doble que el PIB de Estados Unidos” (“The World 2170 billionaires control $33 trillion in net worth”, Zero Hedge, 23 November, 2013).

trump-gold

La conjunción entre el gigantesco poder económico de las grandes corporaciones, el liderazgo carismático sobre las mismas, la fortuna personal de quienes las controlan, la presencia de valores compartidos, la existencia de un marco asociativo común y la conectividad derivada de ese marco asociativo, se traducen en un poder inconmensurable. No es exagerado hablar, por tanto, de un “club de los amos del mundo”. Cualquier Estado que se enfrente a los intereses de éste, debe estar dispuesto a asumir un costo desmesuradamente alto. No en balde pocos se arriesgan a hacerlo. Ello ha conducido a lo que el historiador John Polock ha calificado como la subordinación de las comunidades soberanas de ciudadanos al poder del dinero.

Curiosamente algunos de estos amos han decido descender del Olimpo para medirse con los simples mortales. Ello ha implicado abandonar el mundo de la opacidad para someterse al conteo de los votos y al escrutinio público. Entre éstos cabría citar a Silvio Berlusconi en Italia, a Thaksin Shinawatra en Tailandia, a Rafic Hariri en Líbano o a Sebastián Piñera en Chile, quienes cedieron a la tentación del poder político. A juzgar por los costos que ello le implicó a Hariri y en menor medida a Shinawatra y a Berlusconi, cabría preguntarse si tuvo sentido desdeñar los hilos ocultos y el poder gremial del “club”.

Donald Trump se suma ahora a este grupo. A juzgar por los bajos niveles de popularidad con los que inicia su mandato, a la oposición sin cortapisas de la llamada prensa liberal, a los cuestionamientos a la legitimidad de su presidencia derivados de la injerencia rusa, a los innumerables conflictos de intereses y acusaciones de nepotismo que confronta y a su extraordinaria capacidad para boicotearse, los suyos serán años en extremo difíciles. Algunos anticipan desde ya un “impeachment”. Este bajar del Olimpo (o del penthouse de Trump Tower), puede terminar resultándole una pésima escogencia. El tiempo dirá.

Tomado de @ElUniversal

 
Alfredo Toro HardyAlfredo Toro Hardy

Artículos relacionados

Top