1984 / 2017: ¿EL MUNDO DE ORWELL ESTÁ YA AQUÍ?

Quizá no habitemos el universo de creado por el autor pero ‘1984’ es el libro más vendido en Amazon en la primer era Trump

ALBERTO ROJAS

En 2017 no vuelan aún los coches de Blade Runner, ni los humanos se cultivan como en Un mundo feliz, ni los bomberos se dedican a quemar pilas de libros, como en Farenheit 451, pero estamos más cerca que nunca de 1984, la fantasía distópica de George Orwell tan solo 33 años después.

1984

Tanto es así que su libro, una crítica despiadada del estalinismo y el fascismo publicada en 1949, se ha convertido en el sorprendente best seller de la primera semana de la América de Donald Trump. Es número uno en las listas de Amazon.com y el 16 en su versión española. Hasta un 10.000% han aumentado sus ventas en Estados Unidos. Como si fuera un libro de autoayuda de lo que está por venir, un manual de instrucciones de los nuevos tiempos.

¿Qué describe Orwell en él que resulta tan perturbador? Un estado totalitario posnuclear en el futuro que se parece, en algunos aspectos, al mundo que se va dibujando a trazos. El protagonista, Winston Smith, trabaja en el ministerio de la Verdad cambiando no los hechos presentes, sino los pasados. Se modifican los viejos titulares y los recuerdos para así manipular a la población, que bebe un brebaje infecto llamado ginebra de la Victoria.

Por encima de él siempre se sitúa el Gran Hermano, el guardián de la sociedad y el juez supremo que todo lo ve sin descanso en cámaras repartidas entre las calles, las casas y los lugares de trabajo. Londres, la ciudad oscura donde el autor desarrolla esta ficción, es bombardeada sin que se sepa quién ni dónde se tiran las bombas. Un lema se repite en los carteles del régimen de partido único: «Guerra es Paz, Libertad es Esclavitud, Ignorancia es Fuerza».

El país en el que vive el protagonista se denomina Franja Aérea número 11, forma parte de Eurasia y está en guerra con Oceanía, aunque las alianzas cambian continuamente para comenzar otro conflicto con Asia oriental. Cuando esto sucede, Winston y sus compañeros tienen que cambiar todos los titulares referentes al enemigo y convertirlo en aliado. Así se reescríbe el pasado y se fabrica la posverdad, la nueva palabra de moda. Hoy sucede algo parecido: Trump reconfigura sus amistades con Rusia, su nuevo aliado y se aleja de la Unión Europea.

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George Orwell ya vio venir todo esto

Eric Arthur Blair halló en la Guerra Civil española la semilla de lo que acabó siendo su gran libro, ‘1984’.

DARÍO PRIETO

Cuando usamos el adjetivo orwelliano para definir aquellas situaciones en las que el poder ejerce diversos mecanismos de control sobre los ciudadanos y sus posibles disidencias no se nos pasa por la cabeza pensar en el estuario de Orwell, en la localidad inglesa de Ipswich. Pero, en realidad, la palabra tiene su origen en esas plácidas aguas, donde un día Eric Arthur Blair (1903-1950) decidió escoger su sobrenombre literario y firmar sus obras como George Orwell.

orwell

Sus novelas, sobre todo la dupla formada por Rebelión en la granja (1945) y 1984 (1949), y su ensayo La política y el idioma inglés (1946) conforman la base de esta forma de ver el mundo, tan atenta a la realidad humana que se ha traducido en inquietantes premoniciones de lo que ha terminado llegando después.

Si las utopías describían un proyecto ideal de una sociedad perfecta y justa, el futuro que planteaba Orwell en ‘1984’ era justo lo contrario, una distopía descorazonadora que echaba por tierra la fe en el futuro que practicaban los idealistas de principios del siglo XX.

Curiosamente, fue en España donde George Orwell empezó a desarrollar las ideas que terminarían dando forma a estos conceptos. Hijo de una familia noble venida a menos, estudió en la prestigiosa escuela de Eton, donde recibió clases de Aldous Huxley, el otro gran autor distópico del siglo XX (autor de Un mundo feliz), y empezó a interesarse por la literatura y la lingüística. Viajó a Birmania, entonces parte del Raj británico en la India, donde él mismo había nacido en 1903. Allí entró en contacto con la realidad del colonialismo y terminó de asentarse ideológicamente.

Con Jack London marcando el camino, volvió a Europa y vivió en Londres y París. Allí alternó la crítica literaria y la venta de libros con el análisis sociológico. Sus primeros libros, Sin blanca en París y Londres (1933) y Los días de Birmania (1934) recogieron sus experiencias personales, alternando realidad y ficción, antes de partir a la Guerra civil española.

Al estallar la contienda, Orwell fue uno de los miles de extranjeros que se alistó en las Brigadas Internacionales para luchar con el bando de la República. Consideraba que la sublevación franquista era una materialización del fascismo que se extendía por otras partes de Europa, como Italia y Alemania. Pero lo que se encontró aquí le hizo reconsiderar su mapa ideológico.

Asignado a una milicia del POUM (Partido Obrero de Unificación Marxista, liderado por Andreu Nin y opuesto al estalinismo del PCE republicano), luchó en el frente de Aragón, donde llegó a recibir un balazo en el cuello. Estuvo en Barcelona en las Jornadas de mayo de 1937, aquella guerra civil dentro de la Guerra Civil en la que socialistas, comunistas y miembros de Esquerra Republicana de Cataluñapurgaron y eliminaron a los elementos molestos que suponían los anarquistas de la CNT y los socialistas anti-estalinistas del POUM.

Tras comenzar su política de purgas en la cúpula del régimen soviético con el objetivo de eliminar rivales y disidencias, Stalin extendió la represión a la España republicana, que fue un campo de pruebas para el Gran Terror que impuso en la URSS. Orwell vio cómo el POUM era eliminado, y sus líderes secuestrados y asesinados ante la ignorancia o indiferencia de las fuerzas de izquierda europeas.

La maquinaria propagandística puesta en marcha por el comunismo le maravilló y aterró. El culto a la personalidad que se rendía a Stalin fue el molde en el que él creó el Gran Hermano de 1984, alguien capaz de verlo todo (como bien vieron los ejecutivos de la productora holandesa Endemol que crearon el reality homónimo), de borrar aquellos aspectos del pasado que no interesaban (antiguos colaboradores que luego fueron purgados y eliminados de las fotografías oficiales mediante montajes) y, sobre todo, de invadir la mente de sus opositores mediante técnicas de tortura y control mental.

El objetivo no es únicamente vencer, sino ir más allá: convencer, conseguir que, como sucede al final de la novela, quien antes odió al Gran Hermano termine amándolo entre lágrimas perfumadas de ginebra.

Tomado de El Mundo España

 

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