Hace 59 años
ROSA PARKS

El 1 de diciembre de 1955 subió Rosa Parks a un autobús en Montgomery, Alabama.

La segregación racial formaba parte de las leyes de ese estado norteamericano, y los autobuses estaban divididos en tres zonas: Las filas delanteras eran para los blancos, y las posteriores para los negros. En medio, una franja “gris” de unas cuantas filas donde podían sentarse indistintamente blancos o negros, según la disponibilidad de asientos en las otras dos.

Rosa Parks

Rosa Parks

En un asiento de esa zona se sentó Rosa Parks. Poco a poco se llenó el autobús, y algunos blancos tuvieron que quedarse de pie en el pasillo central. El conductor ordenó a los negros sentados en esa zona que se levantaran, para que los blancos se sentaran. Todos menos Rosa Parks obedecieron, de manera que, luego de una discusión, la desobediente mujer fue bajada del autobús por la fuerza policial y detenida.

Lo siguiente fue un boicot de la población negra contra la compañía autobusera que casi la lleva a la quiebra, protestas por todo el estado que luego se extendieron por todo el país, el surgimiento de un hombre llamado Martin Luther King, su famoso “I have a dream” y, a la postre, la abolición de la segregación racial.

Podría uno preguntarse por qué el episodio de Rosa Parks despertó tanto furor. Ya antes otras personas de raza negra habían sido vejadas de esa manera, y sus detenciones por no ceder el puesto a un blanco, no habían despertado reacción alguna. “Es que Parks era conocida por todos, y apreciada en todos los estratos sociales de Montgomery”.

Una mujer desprendida, siempre dispuesta a ayudar incondicionalmente, participante en numerosas obras sociales, en socorrer desinteresadamente tanto a los más pobres como a los más ricos en cuanto ella pudiera.

La humilde mujer organizaba verbenas para dar alimentos a los más desasistidos, visitaba a los enfermos en los hospitales, arreglaba los vestidos de las quinceañeras ricas, participaba en las actividades sociales de su iglesia… En fin, estaba en cualquier parte donde fuera necesaria una ayuda desinteresada.

Hizo sinceras amistades con personas que no recelaban de su interés por ayudar a los demás. No aspiraba a ser gobernadora del estado, alcaldesa de la ciudad, concejal, ni a ningún cargo público, por muy modesto que fuera. Todos se interesaron por su detención, y se movieron inmediatamente para sacarla de la cárcel. Hubo protestas contra su prisión que alcanzaron proporciones entonces inimaginables.

Jóvenes asesinados, torturas y prisión fue la respuesta a las protestas estudiantiles de 2014.

Jóvenes asesinados, torturas y prisión fue la respuesta
a las protestas estudiantiles de 2014.

El peso de las numerosas amistades de Rosa disparó el movimiento que acabó, al menos legalmente, con la segregación racial. Lo que comenzó siendo un hecho aislado y cotidiano se convirtió en un gran movimiento que llegó hasta la propia capital, donde Martin Luther King dijo su famoso discurso en pro de la igualdad entre razas y credos.

Tampoco King tenía ambiciones de presidente, ministro, gobernador, alcalde, concejal. Era ministro, sí, pero ministro bautista, y su sueño era un país donde todos convivieran en paz, y donde todas las razas y credos se respetaran. Un hecho protagonizado por una humilde mujer de raza negra generó un movimiento que cambió tanto a toda la sociedad norteamericana, que hasta un negro llegó a Presidente de los Estados Unidos. Y ni siquiera fue asesinada, como le ocurrió a Geraldine Moreno.

En Venezuela no ha despertado aun un movimiento de tal magnitud. El régimen sigue destruyendo al país, encarcelando a sus opositores, y acallando las voces que denuncian a los corruptos mandamases.

¿Será que necesitamos a una Rosa Parks?

 

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