MEMORIA DE UNA TRAICIÓN

General de División Fernando Ochoa Antich, Ministro de la Defensa, 4 de febrero 1992

General de División Fernando Ochoa Antich,
Ministro de la Defensa, 4 de febrero 1992

La insurrección militar del 4 de febrero de 1992 fue una doble traición: se violó el juramento militar que obliga moralmente a los soldados, sin consideración de grado y empleo, a defender la Patria y sus instituciones, y se irrespetó el principio de lealtad entre superiores y subalternos.

Las muertes ocurridas aquel día, treinta y nueve, son responsabilidad exclusiva de los jefes del alzamiento militar y, en especial, de Hugo Chávez.

La tragedia nacional que hoy enfrenta Venezuela muestra con meridiana claridad el rotundo fracaso de un caótico sistema de gobierno que Hugo Chávez Frías y sus acólitos han llamado “socialismo del siglo XXI”. 

Durante estos dolorosos dieciocho años se ha querido transformar un hecho injustificable y criminal en un acontecimiento heroico. Es hora de dar a conocer la realidad.

I

¿Se justificaba derrocar el gobierno de Carlos Andrés Pérez?

Sin duda que no. Era un gobierno constitucional, legítimo y democrático. Su reemplazo estaba asegurado, gracias a la alternabilidad democrática rigurosamente respetada por todos los gobiernos civiles desde 1958. Esos gobiernos, con aciertos y errores, impulsaron una importante transformación nacional, en un clima de respeto a las libertades públicas y a los derechos humanos.  Sin embargo, en la década de los sesenta los gobiernos de Rómulo Betancourt y de Raúl Leoni tuvieron que enfrentar la insensatez de una insurrección guerrillera apoyada por Fidel Castro, quien facilitó entrenamiento, armamento, dinero y un importante número de efectivos para tratar de destruir la democracia recién instaurada. Los gobiernos que la enfrentaron pudieron contar con unas Fuerzas Armadas Nacionales que supieron asumir, con gran profesionalismo y lealtad, sus responsabilidades en defensa de la institucionalidad y del Estado de Derecho.chavez-golpe-4-febrero1

En su segundo gobierno, el presidente Pérez realizó un trascendente esfuerzo de rectificación política y económica que hubiese podido resultar en la realización de los cambios que el país y los venezolanos requerían para enrumbarnos definitivamente por la senda del progreso. Otro cambio trascendental fue la elección de alcaldes y gobernadores, a través de la cual se iniciaba la ansiada descentralización. Desgraciadamente, esa profunda transformación histórica fue interrumpida por los alzamientos militares del año 92 y la conspiración política que terminó en su renuncia y enjuiciamiento.

¿Por qué no se detuvo a los oficiales comprometidos, si existían informaciones sobre un posible alzamiento militar?

No existían pruebas suficientes, sólo eran indicios. El presidente Pérez siempre trató de evitar que cualquier intriga pudiese comprometer la carrera militar de algún oficial. Por esa razón, ordenó esperar su regreso de Davos para tomar las medidas correspondientes. De todas maneras, a las11 A.M. del 3 de febrero, el general Manuel Delgado Gainza, director de la Academia Militar, recibió del capitán René Gimón Álvarez, oficial de Planta de dicho instituto, la siguiente novedad: “esta noche un grupo de oficiales tomará el aeropuerto de Maiquetía para detener al presidente Carlos Andrés Pérez e insurreccionar varias unidades del Ejército en Caracas y en otras guarniciones”. El general Delgado y el capitán Gimón le transmitieron esa precisa información al general Pedro Rangel Rojas, comandante del Ejército. Lamentablemente, el general Rangel no tomó las acciones requeridas para controlar dicha insurrección. No me comunicó, como ministro de la Defensa, la novedad recibida y no aceptó la recomendación del general Reinaldo Valero Rivas, director de Inteligencia del Ejército, de transmitir un radiograma circular ordenando el acuartelamiento de todas las unidades del Ejército y sólo ordenó a las 6 P.M. hacerlo con las unidades de Caracas. Este hecho facilitó el alzamiento militar.

¿Por qué los oficiales comprometidos en la insurrección militar, pertenecientes al regimiento de la Guardia de Honor, no detuvieron al presidente Pérez en Maiquetía? 

El acuartelamiento de la guarnición de Caracas y la información recibida de que posiblemente se atentaría contra la vida del presidente Pérez a su regreso de Davos, hizo surgir un fuerte rumor en los organismos de Inteligencia y en la Guardia Nacional. Justamente, a mi regreso de Maracaibo el día 3 a las 8 PM, acompañado del coronel Marcelino Rincón Noriega y del periodista Pastor Heydra, recibí una llamada del general Freddy Maya Cardona, comandante de la Guardia Nacional, en la que me informaba del rumor existente.

Llamé al general José de la Cruz Pineda, quien me ratificó la información. En consecuencia, llamé a la Casa Militar y al Comando Regional 5 ordenando se reforzara el personal de seguridad. Al tomar la autopista, el transito era inmenso. Eso me hizo preguntarle a un guardia nacional sobre lo que ocurría. Me comunicó que se había incendiado un automóvil dentro del primer túnel. La noticia me impactó negativamente. Inmediatamente, le ordené al chofer regresar al aeropuerto, pero reflexioné con rapidez y entendí que si me presentaba sin un respaldo militar importante me podían detener.

De inmediato ordené al chofer dirigirse al Destacamento 55 de la Guardia Nacional. Al llegar fui recibido por el teniente coronel Marco Ferreira Torres. Me explicó el plan de seguridad establecido en el aeropuerto. No lo consideré suficiente. Le ordené reforzarlo utilizando todos los efectivos disponibles. Al salir del comando, me encontré con Pastor Heydra. Le informé lo que ocurría y le pedí que trasladara al coronel Rincón a Caracas. Me despedí del teniente coronel Ferreira Torres y con una escolta me dirigí hacia el aeropuerto.

¿En qué momento fue Ud. informado del alzamiento?

El coronel Rafael Hung Díaz, subjefe de la Casa Militar, me explicó las medidas de seguridad establecidas en el aeropuerto.  Consideré que todo estaba bajo control. A las diez en punto se abrió la puerta del avión y apareció el presidente Pérez. Al darse cuenta de mi presencia, se mostró preocupado. Al saludarlo me preguntó las razones por las cuales me encontraba en el aeropuerto. Le respondí que se lo comunicaría en el automóvil. Subimos al vehículo, el presidente Pérez, el ministro Ávila y yo. Al salir del aeropuerto, le informé al presidente de la República lo que conocía: “Presidente, toda la tarde circuló un rumor sobre un posible atentado que un grupo de oficiales realizaría en su contra en el aeropuerto a su arribo de Davos”

El presidente Pérez se molestó. Alterado me dijo: “Ministro, rumores y más rumores. Esos rumores son los que le hacen daño al gobierno. Lo espero a las 7 de la mañana en Miraflores para iniciar una investigación”. Un poco sorprendido por su actitud, le respondí: “Allí estaré presidente”. Guardé silencio durante el viaje. Al llegar a La Casona, me despedí del presidente Pérez y del ministro Ávila. Mi esposa me esperaba en la residencia ministerial, cenamos y me dispuse a acostarme. En ese momento sonó con insistencia el teléfono interministerial. Eran las 11:30 P.M. Al tomarlo, escuché la voz de Pastor Heydra: “Ministro, el coronel Rincón, desea hablarle con urgencia”. El coronel Rincón me dijo: “Mi general, llamé por teléfono a mi esposa hace unos minutos a Fuerte “Mara”. Ella me informó que una compañía del Batallón “Aramendi” se insurreccionó y se dirige hacia Maracaibo”. Muy sorprendido, le di las gracias y cerré el teléfono. La noticia me hizo ver de inmediato el sentido de los rumores. Eran parte de un golpe de Estado.

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  II

Hugo Chávez supo en la tarde del 3 de febrero que su traición había sido develada y que se había ordenado el acuartelamiento de la guarnición de Caracas. Este hecho limitaba la posibilidad de que las unidades comprometidas pudieran incorporarse a la insurrección.

Esta realidad le fue confirmada cuando los oficiales comprometidos de la Guardia de Honor no lograron detener al presidente Pérez en el aeropuerto de Maiquetía. Este convencimiento fue lo condujo a tomar la carretera vieja de los Teques, en vez de la autopista Regional del Centro, como lo establecía la orden de operaciones Ezequiel Zamora, lo cual si hizo el batallón Chirinos.

Chávez además evadió su responsabilidad con los conjurados. Tanto, que al pasar con su Unidad por las cercanías de Miraflores, no brindó apoyo al pequeño batallón perteneciente al batallón Ayala que combatía con el regimiento de la Guardia de Honor.

¿Cómo logró el presidente Pérez salir de la Casona antes de ser atacada la residencia presidencial por una compañía de paracaidistas del batallón Chirinos?

Al percatarme de que el rumor del atentado era en realidad una insurrección militar, llamé a La Casona para informar al presidente Pérez. Eran las 11:35 pm Me atendió el centralista. Esperé que lo localizara. A los pocos minutos me informó que el presidente Pérez no atendía el teléfono. Le insistí en la urgencia de despertarlo. Aproveché esos minutos para llamar por el intercomunicador al comando del Cuartel General del ministerio de la Defensa. Me atendió su comandante, coronel Roberto Moreán Umanés. Le ordené aplicar el plan de defensa inmediata del Ministerio de la Defensa.

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En ese momento, escuché la voz de Carolina Pérez, una de las hijas del presidente de la República. Le expliqué lo que ocurría. Con rapidez despertó a su padre. Por fin pude escuchar la voz del presidente Pérez. Le informé del alzamiento de la compañía de vehículos blindados en Fuerte Mara. De inmediato me ordenó: “Salga usted hacia el Ministerio de la Defensa, que yo me trasladaré a Miraflores”. El presidente fue a la sala de edecanes y ordenó que se preparara la caravana. Al darse cuenta de que pasaban unos minutos sin que llegara la escolta, decidió salir sin ella para Miraflores acompañado por el chofer y el edecán. La compañía de paracaidistas del batallón Chirinos, comandada por el capitán Miguel Rodríguez Torres, quien había iniciado el despliegue de su unidad para atacar la residencia presidencial, vio pasar el automóvil, pero creyeron que el presidente Pérez no viajaba en él. Inmediatamente me comuniqué con los comandantes de la Armada, la Fuerza Aérea y la Guardia Nacional, ordenándoles dirigirse a sus respectivos comandos. Curiosamente, no pude localizar al general Pedro Rangel Rojas, comandante del Ejército.

¿Qué razones incidieron para que el presidente Pérez fuera cercado en Miraflores por las tropas insurrectas?

El palacio de Miraflores cuenta para su seguridad con el Regimiento de la Guardia de Honor, unidad compuesta por más de 1.500 efectivos y con un importante poder de fuego. Inmediatamente después de que le comuniqué al presidente Pérez del alzamiento de una compañía del batallón Aramendi en el estado Zulia, el edecán de guardia conoció de dicha novedad y se la transmitió al jefe de la Casa Militar, vicealmirante Iván Carratú Molina, quien lamentablemente no ordenó la activación del plan de defensa inmediata de las instalaciones del palacio presidencial. Si lo hubiese hecho, la unidad que lo atacó habría tenido que combatir con efectivos de la Guardia de Honor en el perímetro de Miraflores, sin comprometer la seguridad del presidente de la República.

El no hacerlo permitió que los tanques lograran violentar la reja de la prevención de Miraflores y entraran en sus calles interiores, controlando el túnel subterráneo que comunica el palacio presidencial con el Regimiento de la Guardia de Honor. En esos momentos, Miraflores fue defendido por 20 soldados que prestaban el servicio nocturno en el Palacio y los miembros de la Casa Militar y Civil del presidente de la República, quienes combatieron con gran valor en la propia antesala presidencial hasta lograr repeler el ataque con varias bajas de parte de los atacantes.

¿En qué momento decide el presidente Pérez dirigirse a la Nación?

La situación a la 1:00 am del 4 de febrero, era realmente comprometida. El presidente de la República se encontraba sitiado en el Palacio de Miraflores, recibiendo fuego de una unidad blindada; el Ministerio de la Defensa y la Comandancia del Ejército estaban rodeados por una compañía del Regimiento Codazzi; un batallón de paracaidistas había tomado la Comandancia de la Aviación y detenido a su comandante, general Eutimio Fuguet Borregales, y a su Estado Mayor; la Brigada Blindada se había insurreccionado en Valencia; la Comandancia de la Armada estaba siendo atacada por una compañía de Paracaidistas; el general Juan Antonio Paredes Niño, comandante de la Base Libertador había sido detenido por oficiales sublevados; Maracay continuaba incomunicado; en Maracaibo se habían insurreccionado los grupos de Artillería Monagas y Freites. La Tercera División de Infantería, acantonada en Caracas, permanecía leal y dispuesta a combatir.  Al recibir la información de que una unidad de tanques se dirigía hacia Caracas tomé la decisión de hablar con el presidente Pérez. El diálogo fue el siguiente:

—Presidente, es necesario que usted se dirija a los venezolanos

—Ochoa, estoy totalmente rodeado en el Palacio de Miraflores. Sería imposible salir. Me detendrían de inmediato o me dispararían.

—Es verdad presidente, pero la situación es de tal gravedad que tiene que hacerlo. Si usted no se dirige al país, el gobierno está derrocado.

—¿Es tan delicada la situación?

—Sí presidente, la situación es de inmensa gravedad.

—¿Y por donde salgo, Ochoa?

—Por los túneles, presidente. Debe haber alguna puerta sin control.

—Lo haré, Ochoa. Es mi responsabilidad.

Lo hizo con gran valor personal y su palabra fue el factor fundamental en la derrota de la insurrección militar.

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¿Cómo se desarrollaron los acontecimientos hasta el momento en que Hugo Chávez decidió rendirse?

La imposibilidad que tuve de comunicarme con el general Pedro Rangel Rojas durante toda la insurrección me obligó a llamar directamente al comando de la Tercera División de Infantería para hablar con su comandante, general Jorge Tagliaferro de Lima. El guardia de comando me informó que el general Tagliaferro se había dirigido a la sede del batallón Ayala. Entendí que algo anormal sucedía en dicho batallón. En ese momento se abrió la puerta de mi despacho. Era el almirante Elías Daniels, Inspector General de las Fuerzas Armadas. Le informé lo que ocurría. También entró el coronel Moreán a informarme que una unidad de ingenieros tenía rodeado el ministerio de la Defensa y había intentado tomar el Comando del Ejército.  Le ordené al coronel Moreán, que acompañado del teniente coronel Diego Moreno, comandante del Batallón Caracas, tomara el mando directo de las tropas con el objeto de evitar cualquier deslealtad de algún oficial o suboficial comprometido en el alzamiento.

De inmediato llamé al general Luis Oviedo Salazar, comandante de la 31 Brigada de Infantería. Escuché su voz a través del intercomunicador. Me sentí un poco más confiado.  De inmediato, me describió la situación. Como temía, el Batallón Ayala se había sublevado, pero una parte había permanecido leal. Igual ocurría con el Grupo de Artillería Ribas. Antes de terminar su relato lo interrumpí. “¿El Batallón Bolívar se mantiene leal?” “Sí, mi general”.

Yo conocía la capacidad de combate de esa unidad. La situación se podía controlar.

*Este relato procura unificar dos entregas separadas del autor. Detalles poco pertinentes han sido omitidos para dar espacio a la diagramación.

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TESTIMONIO

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La hija del expresidente Carlos Andrés Pérez, Carolina, recordó que antes del día 4 de febrero de 1992 ya se conocían rumores sobre el golpe de Estado que daría el teniente coronel Hugo Chávez. Carolina agregó que se encontraba en la Casona cuando esa residencia fue atacada por más de 200 hombres. “Fue un ataque horroroso”, manifestó.

“Todo temblaba, todo, las ventanas, las lámparas, era un estruendo terrible, y no había forma de calmar a los niños”, expresó. “Mi papá sale gracias a Dios porque no había caravana, mi papá dice, yo no puedo esperar que armen caravana, y él sale en un carro de escolta, si él hubiese salido con caravana lo matan”, narró la hija del exmandatario.

Dijo que los heridos y muertos eran una gran cantidad de jóvenes de ambos bandos. “Había un muchacho que no tenía más de 18 años, y estaba temblando (…), mi mamá le dice, no llores, tú no tienes culpa de nada”, indicó.

“Yo no entiendo como el presidente Chávez quiere hacer de esto un gran logro cuando es un gran fracaso y una tristeza para Venezuela”, opinó.

Publicado el febrero 4, 2012 por Yuly & Oswaldo Godoy

https: www.wordpress.com/2012/02/04

 

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Un Comentario;

  1. sanbepower said:

    Ochoa Antich el gran responsable de la asonada cambio a oficiales formados en Inteligencia Militar de la DGSIM por neofitos por un Enfrentamiento con el General Ramirez a quien le habia ganado el Ministerio de la Defensa el Golpe de Estado los agarra desprevenidos por maletas

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