LA POLÍTICA DEL ESCORPIÓN

De la política se dicen muchas cosas: que es esto y aquello.

Por suerte el proceso de validación de los partidos impuesto por el CNE sirve de observatorio del comportamiento político y nos muestra cómo suele hacerse política en Venezuela.

Lo primero en notar es su inmediatismo. En la oposición, líderes y partidos se pelean a cuchillo para ver quién queda en mejor lugar para el clásico presidencial, en lugar de aunar sus esfuerzos para que haya elecciones. Pelean como si las tuvieran garantizadas y como si el PSUV estuviese muerto y sin posibilidad de resurrección. Por su parte, el gobierno no planifica su gestión de gobierno, tan sólo responde a las exigencias del momento y lo del momento es mantenerse en el poder. El mañana, es siempre asunto de mañana.

Los “presidenciables” de la MUD 2012

Los “presidenciables” de la MUD 2012

Antonio Francés mencionaba la existencia en algunos mercados de un modelo mixto de colaboración y competencia entre los actores, en el cual los rivales pugnan por los mismos trofeos pero cuidando de no destruir el terreno de juego, ni los trofeos y mucho menos eliminar físicamente a la competencia con lo que se acabaría el juego. La MUD y Polo Patriótico supondrían tal modelo, pero hay hechos que sugieren otra cosa.

En Venezuela los partidos políticos y líderes suelen seguir un modelo competitivo destructivo, de colaboración aparente, en el que los rivales no miden, ¿o no les importa?, si por cancelar las posibilidades de existencia ajena, destruyen también las propias. Recuerdan la fábula del sapo y el escorpión, que después de convencer al sapo no correr riesgo de ser emponzoñado para que lo pase hasta la otra orilla del río, en medio del mismo lo aguijonea mortalmente y ante el estupor del sapo por la promesa incumplida y el hundimiento mortal de ambos, el escorpión con tristeza le dice: “lo siento, es mi naturaleza”.

El difunto Gral. Müller dijo una vez que el PSUV era un nido de alacranes y este partido no oculta las ganas de fagocitarse a sus aliados. El modelo es destructivo y obstruccionista en la pugna entre PSUV y los  partidos de la MUD. En la oposición hay una insuficiente cooperación mutua para sobrevivir al diabólico proceso de legitimación impuesto por el CNE, y aunque esta semana surgieron muestras de racionalidad colaboradora, la desconfianza mutua, la propensión al oportunismo y al incumplimiento de las reglas  de juego y acuerdos, pueden conjurarse contra todos. Una consecuencia de este modo de ser social es la anomia. La viveza criolla es campo de cultivo para romper las normas de convivencia y la apropiación arbitraria de lo ajeno.

La segunda observación es cuánto prospera el talante autoritario entre nuestras organizaciones y dirigentes. En la urbanización donde resido, un nuevo equipo  ganó las elecciones para  gestionar las políticas vecinales. La nueva presidente afirma que no está allí por el voto sino por “la voluntad de Dios” y bajo ese ungimiento ha pasado a imponer sus normas, juicios y sanciones, arrogándose atribuciones propias de la Asamblea de Vecinos y haciendo gala de una arbitrariedad y acoso sin contención.

El talante autoritario se sirve de la democracia como vía oportunista para llegar al poder mientras otras mejores no se le brinden y lo  ejerce no como representante sino como mandante autocrático. Concibe los bienes públicos como su patrimonio personal. El autoritarismo totalitario traga y digiere a la sociedad.

escorpion

Sería un error atribuir estas características exclusivamente a los políticos, digamos para hacer justicia, a una fracción indeterminada de ellos. Estadísticamente no todos son iguales (aunque algunos lo parecen más que otros). El origen de estas conductas es el modelaje social: los políticos provienen de la misma sociedad que pretenden servir, o servirse de ella como piensa el autócrata. Son su hechura y en este sentido son creados a su imagen y semejanza. En una sociedad donde la viveza oportunista y donde parece que todos hacemos lo que nos viene en gana, el autoritarismo luce como el remedio al desorden social. Pero el autoritarismo se convierte en el preservador de las condiciones que dice combatir. Es la medicina que parece curar el mal pero en realidad nos encadena al médico que la administra. Entre el pote de leche y planchas de zinc repartido ayer en las casas del partido y  el carnet de la patria de hoy, la diferencia no es de naturaleza, es de grado.

El personalismo es otra característica, aunque no exclusiva, de nuestro modo de hacer política. No es algo nuevo en el mundo, pero la llamada crisis de las ideologías, los programas y partidos a escala mundial la refuerza. Una de sus versiones criollas actuales consiste en presumir de  activar en política por altruismo hacia “Leopoldo”, “Falcón” o por cualquier otro líder. La autoproclamada devoción por el líder suele esconder un gran egoísmo enmascarado.

Mucho tenemos por cambiar para evitar repetir ciertos liderazgos perniciosos. Corea del Sur pivoteó sus cambios económicos y socioculturales sobre una educación transformadora. Nosotros también podemos.

 
Daniel AsuajeNo photo

Artículos relacionados

Top