PISTACHO, EL ‘SNACK’ QUE CUIDA EL CORAZÓN

Originario de Oriente Medio este fruto seco contiene un gran número de nutrientes y vitaminas beneficiosas para la salud cardiovascular

PATRICIA LOZANO

Cuenta la leyenda que la reina de Saba, gran amante de los pistachos, decretó que éstos fueran alimento exclusivo de la realeza. Más allá de la fábula, lo cierto es que este fruto seco verde, que prospera en climas calurosos, se extendió rápidamente desde Persia (actualmente Irán) a otros países y se convirtió en un manjar de consumo habitual. Además, su carácter casi imperecedero lo convirtió en alimento indispensable en los viajes de los primeros exploradores y comerciantes en su ruta de la seda.

Se ha usado tradicionalmente como colorante y remedio popular de algunos males como el dolor de dientes. En la actualidad, ya sea como el ingrediente estrella de un helado, en repostería o como complemento de algún plato, aporta no sólo color, sino una textura crujiente y un sabor muy característico. Otros, en cambio, optan por tomarlos solos, a modo de aperitivo salado. Sea como sea, donde verdaderamente radica su interés es en su alto valor nutricional.

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Según la Asociación Americana del Corazón, tomar unos 30 gramos diarios de pistachos (unas 49 unidades aproximadamente) ayuda a reducir el riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares, debido a sus bajos niveles de grasas saturadas y altos de monoinsaturadas y esteroles vegetales. Además, su elevado contenido en fibra ayuda a controlar el peso, reduciendo la tendencia a la obesidad y produciendo un efecto saciante.

Ricos en proteínas vegetales, también contienen un gran número de vitaminas del grupo B, A y E (con propiedades antioxidantes) y minerales como fósforo y magnesio. Pero lo que destaca, por encima de todo, es su alto contenido en potasio, que ayuda a regular la presión arterial. “Los plátanos tienen un promedio de 350 mg. de potasio por cada 100 gramos de alimento, mientras que los pistachos contienen 1.025 mg. por cada 100 gramos”, explica Mònica Bulló, profesora de Nutrición Humana de la Universidad Rovira i Virgili. Esta investigadora lideró un estudio en el que participaron pacientes pre diabéticos que demostró que el consumo de pistachos también ayuda a reducir los niveles de glucosa y mejora la resistencia a la insulina, disminuyendo los riesgos de padecer diabetes tipo 2.

Los pistachos también son el combustible ideal para los deportistas debido a su gran aporte energético (30 gramos tienen 167 calorías) a base de grasas saludables y proteínas vegetales que ayudan a fortalecer y recuperar la masa muscular. “Ingerir proteínas antes de hacer ejercicio puede ayudar a reducir las agujetas. Los pistachos tienen seis gramos por porción (49 frutos secos). ¡Es la misma cantidad de proteínas que se encuentra en una ración de soja!”, explican desde el American Pistachio Growers, una asociación que congrega a productores americanos y expertos en este fruto seco. Además, su alto contenido en potasio y magnesio evita los calambres, ayuda a recuperarse del esfuerzo rápidamente y mejora la transmisión neuromuscular y el balance electrolítico.

La recomendación de la investigadora es ingerir un puñado diario, unos 30 gramos, de fruto natural sin tostar. “En cualquier caso, el tipo de fruto seco que deberíamos evitar o al menos consumir en menor cantidad es el salado”, explica.

SU PRODUCCIÓN 

El árbol pistachero, uno de los más antiguos de la Historia, comenzó a plantarse en Oriente Medio en el siglo II A de C. De hecho, Irán sigue siendo el mayor productor del mundo, seguido de EEUU (California). La producción en España es muy discreta en comparación con otros países, lo que encarece su precio en el mercado si lo comparamos con otros frutos secos, aunque “en los últimos años ha habido un boom de plantaciones en nuestro país”. Lo dice Rafael Fernández-Flores, que lleva casi 30 años al frente de Pistachos de La Mancha, una empresa ecológica y pionera en la producción del pistacho en nuestro país con un punto de venta en el madrileño Mercado de Chamartín.

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A finales de los años 80 Fernández-Flores reparó en las típicas máquinas dispensadoras que había en los bares y vio un filón. “En aquella época el mundo del pistacho era un gran desconocido y había muy pocas empresas que se dedicaran a este sector”, explica. Sus 100 hectáreas están situadas en Albacete y Toledo, y es que Castilla La Mancha es uno de los lugares idóneos, junto con Andalucía y Extremadura, para cultivar esta planta en España. “Se necesita que el clima sea frío en invierno y caluroso en verano, que es cuando engordan”, cuenta.

Desde que se planta, “el pistachero tarda en entrar en producción ocho años, pero luego es muy longevo, tiene una vida de 60 años”. Su método de reproducción recuerda al del mundo animal: los árboles hembras, polinizados por los machos, son los únicos capaces de dar frutos, que se recolectan entre septiembre y octubre. El pistacho, recubierto por una piel roja fina que hay que quitar rápidamente, se seca y pasa una criba para separar los cerrados de los abiertos. “Si han tenido suficiente agua es más fácil que rompan, pero si les ha faltado o no han estado el tiempo suficiente, no se abrirán”, explica el director general de la firma. Mientras que en otros países acostumbran a tomarlos naturales o en dulces, “los españoles somos más aficionados a comerlos como aperitivo tostados y salados”, explica el director de la marca, que también comercializa aceite de pistacho para aderezar ensaladas y darle un toque diferente a otros platos.

Como dice la nutricionista de deportistas olímpicos y jefa de la Unidad de Medicina del Consejo Superior de Deportes, Nieves Palacios: “El pistacho es oro puro”.

@p_lozano7

Tomado de Revista Zen

 

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