WAYNE ROONEY, EL CAPITÁN CAÍDO

FRANCISCO CABEZAS

De no ser porque a Wayne Rooney el fútbol le mostró un camino mucho más agradecido, quizá sus huesos no habrían salido nunca de Croxteth, Crocky para los vecinos, el suburbio de Liverpool donde creció. Y también, probablemente, no hubiera sido un hombre infeliz. Le habría bastado con que su padre le ayudara a perfeccionar el jab en alguno de aquellos gimnasios de boxeo que tanto le fascinaban. Y después ya habría llegado Ken Loach para filmar aquellas miserias callejeras nacidas al amparo de Margareth Thatcher, que abandonó Downing Street cuando el pequeño Wayne tenía cinco años. «El socialismo fracasa cuando se acaba el dinero… de los demás». «Los peniques no caen del cielo;se tienen que ganar aquí, en la Tierra». Imposible que la verborrea de la Dama de Hierro no marcara a esta Inglaterra de extrarradio. La que ahora no quiere saber nada de cervezas de más y copas de menos. La que olvida el pasado y discute el futuro. La que da la espalda a Rooney. Antes, uno de los suyos. Ahora, alguien a quien olvidar. Aunque haya rechazado cubrirse de oro en el cementerio de elefantes chino.

rooney

Gareth Southgate, en su día esforzado defensa del Crystal Palace, el Aston Villa y el Middlesbrough, es el seleccionador inglés que debería explicar al mundo que los inventores del fútbol, los que acumulan más de 50 años de fracasos tras haber ganado su Mundial en 1966, tienen remedio. «Recuerdo que cuando fui con la Federación a ver los montajes que se hicieron para la Copa del Mundo de Brasil, me chocó que no salía un solo inglés en los vídeos. Miraba a la pantalla y veía brasileños, españoles, franceses… Y allí no estábamos». Southgate asume la tiniebla. Y ofrece soluciones. La más impactante, aún por perfilar, quizá sea la más sencilla. Que Rooney deje ese brazalete de capitán que lleva desde agosto de 2014, cuando lo heredó de Steven Gerrard.

«En realidad, el capitán es sólo la persona que lleva el brazalete en el próximo partido. ¿No?». Tira Southgate de pragmatismo extremo mientras implora que Inglaterra deje de tener a un líder espiritual -«un salvavidas», tal y como lo definió el seleccionador-. Una medida, según el entrenador, destinada a que los jugadores se dediquen de una vez por todas a jugar a fútbol. Para ello, dice Southgate, tienen a los nuevos wonder boys, a Dele Alli, a Adam Lallana, a Ross Barkley o incluso al goleador Harry Kane, a quien la prensa británica ya ve como futuro portador del brazalete de la selección de los Tres Leones. Borrar la figura mesiánica también podría ayudar a que hinchada y prensa perdieran el foco. Difícil olvidar aquella portada de un diario sensacionalista británico, que se atrevió a exhibir a Kai, uno de los tres hijos de Rooney, llorando desesperado tras la caída de su padre, tras la eliminación frente a Islandia en la Eurocopa del pasado verano.

Lesionado y con una participación residual con Mourinho -nueve titularidades en la Premier-, Southgate dejó fuera a Rooney para los partidos frente a Alemania y Lituania. Rooney tiene 31 años. Aplaudido por Bobby Charlton, nadie ha marcado más goles que él en el Manchester United. Tampoco en la selección inglesa. Sus condiciones le han alejado del área. Pero ese paso atrás, natural dadas sus condiciones, le ha empujado al habitual escarnio. El fútbol, siempre voraz, tantas veces grotesco, ha devorado al capitán.

@FCabezas78

Tomado de El Mundo.deportes

 
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