LA PALABRA DEVALUADA

Washington ya no habla con una sola voz al mundo, y además, su voz no es fiable

Estados Unidos, de repente, se ha contaminado de algunos vicios que afeaba a sus aliados. Ya no habla por una sola voz en sus relaciones exteriores, como les sucede a los europeos. Una cosa es lo que piensa y dice su presidente, y otra distinta la que dicen o corrigen sus colaboradores. Nada que ver las escasas declaraciones escritas y meditadas del nuevo jefe de su diplomacia, Rex Tillerson, con los tuits improvisados por Donald Trump en sus sentadas nocturnas ante los shows televisivos.

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Tillerson y Trump son modélicos cada uno, en la cautela el primero y en la precipitación el segundo, uno con miedo escénico a los medios y el otro atraído como las mariposas nocturnas por los focos de la fama. La reciente gira asiática del secretario de Estado, con un solo periodista en el cortejo, ha sido toda una exhibición de esta dualidad desconcertante, que daña a la imagen de EE UU, erosiona su autoridad y devalúa la palabra de su presidente y la palabra de su secretario de Estado, con frecuencia contradictorias.

Tras la gira de Tillerson por Japón, Corea del Sur y China, es difícil no perder pie. Si hace apenas tres meses el presidente Trump ponía en duda los cimientos de 40 años de relaciones entre Washington y Pekín, sintetizados en el eslogan Una sola China; ahora su secretario de Estado ha hecho suyas las expresiones literales de la doctrina del régimen comunista sobre las relaciones con EE UU, “construidas en la no confrontación, no conflicto, respeto mutuo y siempre buscando las soluciones en las que todos ganan (win win)”.

No es posible saber si la elección de estas palabras es fruto de un cálculo estratégico, complaciente con Pekín, o el mimetismo de un diplomático inexperto. Tillerson también ha dicho respecto a Corea del Norte, que “todas las opciones están sobre la mesa”. ¿Hay que creer su amenaza o más bien pensar que es otra frase estereotipada en boca de alguien que no domina la jerga del oficio? La incertidumbre acerca de la política exterior estadounidense es un nuevo dato de la realidad, sea respecto al futuro de la OTAN y de la UE o al rearme nuclear por parte de Japón o de Corea del Sur. Y no es fruto únicamente de una dualidad entre la Casa Blanca incontrolada y gamberra, y el resto del Gobierno, más atento a los usos y costumbres y, naturalmente, también a las leyes; sino que atiende sobre todo a la fiabilidad de la palabra presidencial.

Susan Rice, embajadora en Naciones Unidas y consejera de Seguridad con Barack Obama, ha señalado la vinculación entre “el liderazgo global sin rival de EE UU” y la percepción de que se trata de una superpotencia “firme, racional y atenta a hechos comprobados”, y por eso ha denunciado la difusión deliberada por la Casa Blanca de hechos distorsionados que erosionan el respeto y la confianza hacia su país.

Si las mentiras del presidente quedaran eclipsadas por las verdades de su Gobierno se habría avanzado mucho. De momento, la tarea de Tillerson se limita a ir rociando con agua las hogueras que su jefe va prendiendo.

 

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