VENEZUELA SIN POTENCIA

A veces uno intenta hacer un ejercicio de extrema concentración para tratar de descifrar qué se puede ocultar en el pensamiento chavista que al menos produzca una explicación más o menos aceptable de por qué promueven como éxito cualquier acto de destrucción, sea en la economía del país, de la institucionalidad y hasta de los valores y la cultura.

Especialmente cuesta concebir en las expresiones de Nicolás Maduro una idea terrenal y encontrar allí algún fundamento que se aferre si quiera a un pequeño grado de lógica, por más insignificante que sea, pero que al menos permita un punto de conexión con la viva realidad.

potencia

Desde un evento gubernamental en el Poliedro, que al primer mandatario se le ocurrió denominar “Expo Venezuela Potencia 2017”, el señor Maduro afirma que en Venezuela se acabó “el modelo rentista petrolero”. Ya listo. Hemos superado en los 3 años maduristas el anhelo que sembró Uslar Pietri hace más de 50 años.

A unos kilómetros de allí. En la autopista Regional del Centro, en las cercanías del Parque Carabobo, “donde nació Venezuela” la comunidad ha encontrado una manera de potenciar la economía. Colocan cauchos, piedras, palos en la vía para retener a los camiones de carga. Una vez identificado el objetivo y su tesoro oculto debajo de una gran lona, la turba, o tal vez “el nuevo hombre del socialismo” ataca sin piedad y en minutos acaban con todo el alimento embalado y con la vida del que estaba al volante y la de su familia.

Ese episodio que se repite en otras autopistas del país ocurría mientras un sonriente presidente aseguraba desde su Expo-imaginaria que Venezuela será una potencia en poco tiempo y logrará autoabastecerse.

Podría decirse que el turno le tocaba a ese desafortunado transportista y su carga de arroz quien ese mismo día lo habrá perdido todo. En el negocio del saqueo hasta la policía forma parte del complot y así quedó registrado en un video realizado por un transeúnte indignado y triste quien mientras grababa con su teléfono describía el desecho en el que está quedando esta Venezuela socialista.

En la misma capital, mientras el Presidente explicaba cómo en la Venezuela Potencia todos tendrán su espacio para el diálogo y el entendimiento, a pocos metros de distancia se agolpaban los vehículos con sus desesperado choferes para mendigar un poco de gasolina, ante la incertidumbre de la escasez.

A los dramas del ciudadano cada día se anexa algún evento “sobrevenido” como les gusta decir a ciertos oficialistas. Hace unos días fueron las expropiaciones de panaderías. Una gesta dirigida por un delincuente callejero, ascendido por la revolución a alto funcionario, con credenciales para acabar con el trabajo de años de los pequeños artesanos del alimento más importante de las comunidades.

Pero Maduro, al igual que lo hizo Chávez, siempre es un gran optimista anunciando futuros imaginarios y así lo expresan en los festines que se muestran en las cadenas televisivas donde un mundo paralelo de bienestar tiene lugar.

Algunos piensan que no hay nada que descifrar en pensamiento del siglo XXI. Que su propósito de destrucción se está logrando. Que no se trata de ignorancia ideológica. Por ello, la cúpula convertida en “oligarquía del dinero” se muestra bailando y celebrando con cada episodio que sentencia a muerte a las pequeñas o grandes empresas de los venezolanos. Podría decirse que en Venezuela sí, de verdad, se construye el socialismo.

 

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