Hasta para estafar…
HACE FALTA CREDIBILIDAD

Palabra es clave para muchas cosas. No solo para los medios de comunicación. Es una condición necesaria para prácticamente todo. Hasta para robar y estafar. Un buen asaltante debe tener credibilidad. Un buen estafador debe tener credibilidad. Como la tuvo el chavismo con el comandante hace 18 años. Por eso logró el apoderamiento casi total de la sociedad venezolana. Chávez, en sus comienzos, ganó con sobrada ventaja en los círculos más extraños. Ganó de calle en la clase media. Fue apoyado por muchos ricos, muchos empresarios, por varios dueños de medios de comunicación ahora metidos a extremistas de oposición, luego de regalarle hasta liqui liquis y prestarle lujosos apartamentos para que el militar golpista descansara de tantas mujeres y tanto acoso.

chavez

Cosas que permite la credibilidad. Mucha gente, más del 60% del país, creyó en el comandante muerto y fue estafado de la manera más artera por el grupete del Samán, por la cúpula verdaderamente podrida de la izquierda y los hermanitos Castro. Lo demás vino por añadidura. Todo el Foro de Sao Paulo se creyó con derecho de meterle la mano al bolsillo de los venezolanos, y los militares golpistas y los que siguieron en el festín lo dejaron.

Total. Siempre fue un asunto de agarrar juntos, de enriquecerse juntos. Y no solo fue la izquierda hambrienta y corrupta. También países enteros. Como el Caribe y sus islotes siempre necesitados de plata. O Guyana, que aprovechó las veleidades del comandante muerto para meterse hasta la Cueva del Guácharo sin que ningún militar dijera esta boca es mía. Guyana ya no está en reclamación. Fue entregada por el gobierno chavista sin que le temblara el pulso. Solo dejen correr los días y la historia dirá qué hicieron y dejaron hacer estos militares socialistas.

Pero el tema es credibilidad. Cómo se explica que el chavismo haya destruido a Venezuela de la manera en que lo ha hecho así no más si no es por su excesiva carga de credibilidad inicial. Siempre tuvieron una extensión de credibilidad. La gente en su mayoría, con trampa o sin trampa, se volcó mayoritariamente a apoyar a este movimiento militar con un pedazo pequeño de cívico, para que continuara engañándola.

Siempre lo lograron. Hasta que se murió el imán y quedó un muy mal heredero. Este último sí es verdad que no tiene ni siquiera cómo copiar bien al fallecido y menos tiene para engañar como el original. Por eso está entre 15% y 20% de apoyo popular y cayendo como meteoro. Por eso el gobierno tiene dificultades para mantenerse cómodo en marcha y en presentaciones públicas. Perdieron toda credibilidad y entraron al mundo de la burla frontal, directa… y sin temores.

Dice Maduro, por ejemplo, que la “guerra económica” está acabando con los pobres y con la obra del Chávez muerto. Si tuviera un asesor comunicacional o político, menos jalamecate y más capaz, hace rato habría abandonado esa tontería. Le iría mejor con un “por ahora” antes que con esa bobera que nadie cree. Y ese es el eje del problema.

A Maduro y el resto del componente que lo acompaña en cadenas y bailes de salsa, nadie le cree ni una palabra de lo que dice. Y eso para quien se dice líder de una revolución y jefe máximo de un gobierno de un país quebrado es muy grave.

Y es grave por una razón muy sencilla: la mayoría tiene la convicción de que el liderazgo chavista no está capacitado para sacar a Venezuela de la crisis en la que ellos mismos la metieron. Alguien, de Podemos de España o de los asalariados cubanos, o el bien trajeado de Zapatero, que se los diga. A ellos les creen más. Si acaso se lo dijeran. Pero no. Se limitan a cobrar.

Solo a cobrar. Y muy bien.

 

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