SI YO FUERA NICOLÁS…

Si yo fuera Nicolás Maduro en este momento estaría pensando en renunciar porque es evidente que ya se llegó al llegadero.

Si –por el contrario– yo fuera alguno de los “presidenciables” de la oposición estaría tratando de que el “coroto” no me llegue a mí, por cuanto quien tome las riendas en este momento estará obligado a implementar medidas dolorosas, pero indispensables que inevitablemente comprometerán su futuro político. En Venezuela no luce rentable ofrecer “sangre, sudor, lágrimas y trabajo”, como lo hizo Winston Churchill con sus conciudadanos ingleses en mayo de 1940 cuando Londres era bombardeada inclementemente por la aviación nazi. Ni estamos en Londres, ni somos ingleses ni hay aquí un Churchill.

En consecuencia, si yo fuera Nicolás, antes de renunciar buscaría la forma de que ello no fuera una rendición incondicional sino negociada, de manera tal que permitiese una transición lo más pacífica posible que al mismo tiempo garantizara alguna medida de impunidad –o al menos flexibilidad– hacia su persona. De la misma manera, si fuera quien asume la Jefatura del Estado también buscaría la manera de hacerlo dentro de un esquema de transición que garantizara alguna estabilidad y permitiese dejar en claro que la dureza de los tiempos por venir no son culpa de quienes hoy somos oposición, sino de quienes propiciaron las condiciones que hasta aquí nos trajeron. En definitiva, postulamos que lo que hace falta es una transición negociada y no el sometimiento incondicional de una parte por la otra.

Lo anterior, que en el papel pudiera resultar fácil no lo es en los hechos y menos aun con los actores que caracterizan a la realidad venezolana de hoy.

Entre los que estarían de salida reina la inquietud de lo que ocurrirá con sus personas, sus familias y los bienes cuya adquisición sea cuestionable. Esos son los que no tienen vuelta atrás y así lo perciben por lo que no tienen otra opción que la de aferrarse al poder al precio que sea. Por tal razón, la necesidad de facilitarles una salida que sea mejor que el paredón resulta aconsejable. Ello traerá mucho enojo y la ira de aquellos que militan en las posiciones menos tolerantes que, sin duda, adversarán toda solución que no incluya el aniquilamiento. A ellos conviene recordarles que en los grandes cambios políticos de los últimos años (caída de la URSS, eliminación del comunismo en Europa Oriental, El Salvador, Nicaragua, etc.) el éxito de la transición radicó en la capacidad de tragar grueso de los actores. Deseable es la victoria total, pero más factible suele ser una transacción que permita dar aire al esfuerzo común de la reconstrucción.

En la escena internacional prácticamente no hay frente alguno en el que no haya habido una condena o una exhortación a la concordia. Ya no importa cuán grosera se ponga Delcy ni cuanto se invoque la soberanía nacional. En todos los foros la crisis venezolana ocupa lugar central sin importar lo que Miraflores opine. La Carta Democrática de la OEA y su similar de Mercosur están o toque.

Se comenta que el Departamento del Tesoro de Estados Unidos viene preparando una investigación para revisar los negocios de Citgo, que se ha visto obligada a dar en garantía sus acciones a la petrolera rusa Rosneft que pudiera llegar a hacerse con el control de la misma. Recordar que Citgo es una empresa estadounidense, sujeta a las leyes de ese país por más que el accionista sea Pdvsa, aquí no hay soberanía ni “legado del comandante” que valga.

Y por si lo anterior fuera poco la zozobra política en el frente interno potenciada por el hambre del pueblo, resaltan la necesidad impostergable de buscar una solución perfecta si fuere posible o menos perfecta si fuera alcanzable.

*Editado

 
Adolfo P. SalgueiroAdolfo P. Salgueiro

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