PRIMERO DE MAYO Y DIÁLOGO SOCIAL EN VENEZUELA

Los eventos que conmemora el 1º de Mayo, Día Internacional del Trabajo, es decir, los disturbios de la Plaza Haymarket de Chicago en 1886, fueron relativamente de menor intensidad, si los comparamos con los que han sucedido durante este mes de abril en Venezuela. Porque, entonces, fueron sólo once fallecidos, siete de ellos agentes del orden, como consecuencia de una bomba lanzada por anarquistas (¿podría decirse colectivos?) en una concentración, solicitando una jornada laboral de 8 horas.

Con él, comenzó más de medio siglo de relaciones laborales, en extremo conflictivas, durante los cuales los trabajadores luchaban por sus conquistas, a veces literalmente a sangre y fuego, en la medida en que el capitalismo manchesteriano cedía espacios hacía una versión más inclusiva.

Terminada la 2ª Guerra Mundial, y con una visión clara en Occidente de que la ruta del comunismo soviético en lo que derivaba era en tiranía y esclavización no muy distinta a la del nazismo, las relaciones obrero patronales adquirieron un nuevo cariz en el cual, progresivamente, el dialogo social sustituía la confrontación para el logro de conquistas.

Tal vez el mejor ejemplo es el alemán, cuando Ludwig Erhard da inicio en 1948 a lo que se conocería como “el milagro alemán”, con la Reforma Monetaria y el establecimiento de una Economía Social de Mercado. A partir de ese momento, la concertación obrero patronal, cuyos resultados luego implementaban los políticos en forma de leyes y políticas de Estado, le permite a Alemania convertirse en la economía más productiva y eficiente del mundo, situación que aún persiste, 70 años después.

En Venezuela, el primer hito de la lucha por reivindicaciones laborales es la huelga petrolera de diciembre de 1936, un año después de la muerte del dictador de aquella época, Juan Vicente Gómez. Si bien la huelga era por reivindicaciones laborales, tenía profundas implicaciones políticas, en la medida que social demócratas y comunistas pugnaban por el favor de la nueva clase obrera organizada.

El segundo hito ocurre en 1958, a la caída de la dictadura de ese momento liderada por Marcos Pérez Jiménez, y cuando los obreros representados por la Confederación de Trabajadores de Venezuela y los empresarios reunidos en Fedecámaras, establecen lo que podría considerarse el primer pacto social, en defensa de la democracia representativa ante los embates del comunismo castrista y de una derecha militarista. A partir de ese momento, con sus lógicas confrontaciones por conquistas a medida que la economía crecía, las relaciones obreros patronales, especialmente las del sector privado, se desenvuelven con muy poco incidentes huelguísticos.

Sin embargo, con la inflación galopante que se inicia en 1986, la pugna por no ser los perdedores en ese ambiente, reaviva los conflictos, hasta que en 1997 se logra un consenso obrero patronal y político para reformar el contrato social más importante después de la Constitución, la Ley del Trabajo. En el momento de ese consenso, la canasta básica tenía un costo de poco menos de dos salarios mínimos.

Hoy, 20 años después, luego de un proceso metódicamente destructivo del aparato productivo y de un movimiento laboral independiente del control estatal, se requieren 20 salarios mínimos, y el Gobierno, como empleador, incumple casi todos los artículos de la Ley del Trabajo que él mismo modificó de manera inconsulta.

Como los mártires de Chicago y los huelguistas de 1936, los trabajadores venezolanos de 2017 tienen mucho avance perdido que volver a reconquistar. Pero esta vez no de sus empleadores privados, quienes se inscriben de lleno en el diálogo social incluyente, sino de unos gobernantes que no sólo -y de verdad- les robaron las prestaciones, pero, además, y para colmo, también el 90% de su capacidad adquisitiva.

 
Aurelio ConchesoAurelio Concheso

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