VIDAS DE SEGUNDA

La estrategia de la oposición está funcionando. En un mes hemos pasado de la mejor Constitución de la galaxia a una constituyente convocada por el chavismo. De ninguna elección de ninguna manera a ningún cargo como postura oficial, ahora afirman que hay que reformarlo todo. El Decreto de Maduro es el acta de defunción del “proceso”.

El Gobierno ha abierto una puerta a lo desconocido, huyendo hacia adelante con la esperanza de poder seguir controlando todo. Basta leer el decreto para comprender que no va a serle fácil: el primero de mayo Maduro presenta una constituyente a la medida, ya en sus manos, mediante el atraco constitucional de que la mitad de sus quinientos miembros serían electos sectorialmente (o sea, panas); el decreto ya no dice cuántos son ni cuántos elige el gobierno sectorialmente, y que serán escogidos por el voto universal, directo y secreto.

El cambio lo explica un tuiter del gobernador Ameliach que se atravesó en el camino, que exigía elecciones democráticas para la Asamblea Constituyente. La trampa permanece con la sectorialización y por la falta de referendo popular que convoque a la constituyente, como dice la Constitución y, lo que quizás es más importante para muchos chavistas, como lo hizo el presidente Chávez en 1999.

La constituyente tiene pocas reglas en la Constitución porque ellas las establece el pueblo convocándola y aprobando sus bases mediante referendo, por ello habla de iniciativa de convocatoria del Presidente (o de la Asamblea o de los Concejos Municipales), y no de convocatoria a secas. Porque de lo contrario, Maduro o cualquiera otro de los que tienen iniciativa, podría decir que  los constituyentistas son 3 y se escogen a dedo. (Que es lo que quería Maduro, pero no Ameliach y otros chavistas).

El segundo vicio gravísimo es la idea misma de sectorialización, sea mediante comunas, ubchés, sindicatos o cámaras de comercio: lo mismo da. La democracia se basa en el lema “una persona, un voto” y en que todos los ciudadanos votan simplemente por serlo. Basta la cédula, pues. La sectorialización significa en cambio que para votar hace falta el carnet de la patria; hay venezolanos de primera, los del PSUV, y otros de segunda, todos los demás.

La historia muestra que de ahí a considerar que hay vidas de primera y vidas de segunda hay solo un paso. Preguntenle a los represores de estos días.

 

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