EL AMANECER DE LA REPÚBLICA DE VENEZUELA

Es media mañana en Carabobo. Dos chamos van caminando con una mochila. Dentro llevan una bandera de Venezuela y una bandana con el tricolor. Al girar en la esquina topan con seis motorizados de la GNB. No pudieron ni correr.

Los GNB los detienen y les revisan. Al momento les informan que quedan detenidos por “terrorismo”. Ya apresado, uno de los chamos tiene el coraje de mirar al GNB a la cara y soltarle esta perla: “¿Me vas a meter preso por llevar la bandera, NUESTRA BANDERA? ¿Tu estás loco viejo? Seguro que si fuera la de Cuba no pasaba nada ¿Verdad? ¡Marico vendepatria!”

Ni de más está decir que le dieron golpes hasta en la cédula. Ese chamo, que lo soltaron cuatro horas más tarde molido a palos, merece tener cédula. Cédula que se la merece porque es, verdaderamente, un VENEZOLANO. La rata con uniforme de camuflaje que lo detuvo por portar la bandera de su país, el país que él juró defender, no merece compartir nuestra nacionalidad. La valentía de ese “Simón”, de ese guerrero, inspiró a su compañero de detención, que en ese momento calló “Más nunca me quedaré así mi pana, más nunca. Me dio vergüenza no haber dicho nada. Si nos quieren quitar la libertad, nuestra bandera y nuestro país, tendrán que pelear. Aquí nadie se pondrá de rodillas”

Usando el tiempo mítico del realismo mágico podríamos decir que “a la misma vez” en un destacamento del Delta Amacuro, un teniente coronel cuyo nombre nos reservamos, está visiblemente nervioso. Hace unas horas un dirigente de la oposición, el gobernador Liborio Guarulla, hizo algo que ha puesto a todo el destacamento en vilo. Ataviado con sus ropajes tradicionales, con sus símbolos de poder tribal, Guarulla ha lanzado una maldición al chavismo: la maldición Dabacurí. En un acto público, Guarulla escoltado por chamanes de su tribu, pidió fuerzas a sus ancestros para que, aquellos que nos han hecho tanto mal “mueran en tormento” para que su alma no encuentre descanso. Usted puede dudar o no de la efectividad de dicho embrujo. Pero lo que no puede hacer es reírse. Primero porque la maldición Dabacurí no es invocada así como así. Culturalmente esto es un castigo muy grande, algo que solo se reserva para los peores momentos. Y segundo, no puede reírse porque Guarulla es un indio baniva, del pueblo kurripako, como también lo son muchos de los soldados de ese destacamento en el Delta y de otros tantos cuarteles. El teniente coronel lo sabe. La tropa no está tranquila. Una cosa es reprimir, otra muy distinta meterse con los ancestros y quién sabe con qué poderes o fuerzas estos tengan.

En otro punto de la geografía venezolana una estudiante valiente protesta en una vía pública. Frente a ella un piquete de la GNB/PNB/Colectivos de Sicarios les corta el paso. Por detrás una camioneta del IVSS se le avalancha. La arrollaron por defender la libertad. La arrollaron sin ella tener armas, sin el conductor tener corazón. Sin aviso, sin honor. Ahora, esta guerrera lucha por su vida en un hospital.

En algún lugar de París, una de las hijas predilectas del gobierno hace una llamada nerviosa a su tío. Alguien regó un carnet de ella como estudiante en La Sorbonne. Una de las universidades más exclusivas, elitistas y caras del mundo. La foto del supuesto carnet ha sido retwiteada masivamente. Políticos, escritores e intelectuales europeos lo comentan en las redes sociales. La hija de Chávez llama llorando. Tiene miedo que le pasé lo que le pasó a la hija de Jorge Rodríguez en Australia: un encontronazo con la cruda realidad, con el legado de sangre, dolor y miseria que sus padres les han dejado de herencia. Su tío, quizás, le dice palabras de aliento y la intenta calmar. Pero es inútil. La niña sabe que a partir de ahora será una apestada, una leprosa social. En la Europa capitalista de los Millennials, nadie quiere nada con la hija de un ladrón, corrupto y genocida.

 

 

 

Tomado de WWW.FACEBOOK.COM/NOTES/EL-SUSURRO-DE-LAS-CADENAS

*Fragmento

 
Frank CalviñoNo photo

Artículos relacionados

Top