El ABC de Nelson Garrido – Fotógrafo profesional vinculado a lo que se define como “estética de la violencia”

“El Estado se está devorando a sus propios hijos”

Sergio Moreno González

El fotógrafo considera que es necesaria la reivindicación de la imagen de los civiles para la reconstrucción nacional. “Debemos sacarnos el discurso del Ejército, de los militares”, señala

 “Tenemos que regresar a las esencias, a la devoción desinteresada, a las tradiciones, replantearse el país desde las visiones populares mas no populistas”, dice Garrido

La propuesta visual del fotógrafo Nelson Garrido siempre ha estado vinculada a las imágenes incómodas, por sus cuestionamientos visuales subversivos, perturbadores, transgresores. Su búsqueda conceptual se adentra en lo que define como la “estética de la violencia”. Retratos simbólicos como esa Caracas sangrante de 1996, que vaticinaba un escenario de horror de una ciudad sumergida en ríos de sangre.

Irónicamente, la violencia desatada en el último mes en el país le perturba.

—¿Siente a Caracas sangrante como una profecía de la realidad actual?

—La realidad actual superó a la ficción. En esa época, el problema de la violencia estaba en ascenso y no se hizo nada para detenerla. El chavismo es producto de ese momento. Este proceso es resultado de los gobiernos anteriores, porque a todos nos afectaba la corrupción. Eso generó el monstruo que tenemos ahora.

—¿Se pudo haber prevenido esa Caracas sangrante que vaticinaba?

—Lo que más me preocupa es que era previsible. Estoy convencido de que el escenario de las protestas que estamos viviendo es un Caracazo gota a gota, con dos o tres muertos diarios. Hay un monopolio de la violencia desde el poder, que busca establecer un nuevo marco legal que le permita reprimir más. Todos somos terroristas ante el Estado. Una cosa bien estalinista porque dicen “yo soy el pueblo”. La manifestación máxima de esas capas de violencia se da cuando matas a un muchacho que tiene el derecho a un país diferente. Debemos regresar al cauce democrático, con todos sus defectos.

—¿Cuál es el retrato de la Venezuela actual?

—La visualizo como una de mis obras más recientes, Saturno devorándose a sus hijos (Caracas, 2015). Es la patria, la madre, que devora a sus propios hijos. Esa es la evolución de la Caracas sangrante. El Estado, que tiene la obligación de proteger a sus ciudadanos, se los está comiendo. Esa es la imagen. Una versión de Saturno devorando a su hijo de Francisco de Goya, pero en este caso es la madre que se traga a su descendencia.

—De las protestas han surgido elementos simbólicos contundentes. ¿Cómo evalúa el papel de las imágenes en este escenario de conflicto?

—Estamos peleando a nivel simbólico. Y al chavismo se le trancó el discurso. Todas las propagandas del gobierno actúan en su contra. La misma represión, a medida que aumenta la gente responde más fuerte. Ya los ojitos de Chávez no funcionan.

—En las últimas semanas se ha incorporado el discurso mágico-religioso a las protestas. ¿Cuánta importancia le da el venezolano a estos elementos?

—En esta pelea de plomo contra ideas, los elementos simbólicos son fundamentales. El altar que se armó en el distribuidor Altamira durante el plantón del 15 de mayo tuvo un abordaje híbrido, desde la diversidad. Se ha incorporado el tema religioso a partir de la multiculturalidad. Y este es uno de los puntos que más le molesta al gobierno, por su necesidad de imponer el pensamiento único, en el que toda divergencia debe ser truncada de plano.

—¿Estas manifestaciones espirituales actúan como un escudo simbólico ante la escalada de violencia?

—Hay un regreso al hecho religioso. En momento de crisis la gente recurre a sus símbolos y cada persona tiene sus creencias. Un poco el hecho simbólico que se quería con ese altar como barricada es que las tanquetas pasaran y tuvieran que pisar a los santos. Ese día fue atípico y no hubo represión. Pero estoy seguro de que le hubieran pasado por encima. Esta gente no respeta nada. Es la lucha de la oscuridad contra la luz.

—Ante un eventual cambio, ¿cómo podría establecerse un discurso de transición desde lo simbólico?

—La unión nacional debe restablecerse a través de la reivindicación de la imagen de los civiles. Debemos sacarnos el discurso del Ejército, de los militares. Creo que deberíamos regresar a los elementos simbólicos de nuestros ancestros, de los pueblos indígenas, donde se escuchaban a los sabios. La unidad civil en la que se reconozca el mérito, lo que aportas a la sociedad.

—¿Cuál es la función del artista plástico en este escenario?

—Deben estar más comprometidos con el país, tener mayor participación como ciudadanos. La palabra artista me parece pavosa porque siempre ha significado algún privilegio. Hay que replantearse los discursos, los mecanismos de acceso de la población a la cultura sin caer en lo populista. Aquí el problema es que muchos están esperando la merienda de negros para recibir su tajada. El artista debe siempre cuestionar el poder, crear problemas, no ser el bufón de la corte. Si el arte no está en la acera contraria del poder no está cumpliendo su función.

—¿Cómo retrataría al futuro inmediato?

—La imagen en la que estoy trabajando es La balsa de la medusa (Géricault, 1818). Los que tienen el poder se agarraron los pocos barcos que hay y armaron una balsa donde nos montaron a todos, al pueblo. Es lo que está pasando en el país, nos están cortando las amarras para dejarnos a la deriva, a merced del canibalismo, el hambre, la locura. Todo lo que pasa en esa balsa, pasa en el país. Tenemos que ver cómo recuperamos a esa población antropófaga y que quedó adoctrinada. Somos un país de mendigos y saqueadores. La gran pregunta es qué vamos a hacer con ese país.

—¿Cómo combatir esa imagen del país como un botín?

—Mientras no sintamos el país como nuestra casa seguiremos fortaleciendo la imagen del saqueo. Y uno no puede saquear su propia casa. Mientras no sintamos eso, estamos jodidos. Tenemos que regresar a las esencias, a la devoción desinteresada, a las tradiciones, replantearse el país desde las visiones populares mas no populistas.

 

 

Tomado de www.el-nacional.com

 
Sergio Moreno GonzálezNo photo

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