PIRATAS DEL CARIBE: VOLVER A NAVEGAR POR AGUAS YA AGOTADAS

La quinta entrega de la saga, «La venganza de Salazar», enfrenta en una titánica batalla a Javier Bardem con Johnny Depp

 

Fernando Muñoz

No  es fácil para una franquicia de Hollywood sobrevivir al paso del tiempo sin dejarse por el camino todo lo que la hizo grande. En 2003, «Piratas del Caribe: La maldición de la Perla Negra» volvió a poner de moda el cine de aventuras en alta mar. Su estilo, más libre y desenfadado que «Master and Commander», con la que coincidió en las salas, le hizo ganarse el favor de un público que ha ido perdiendo interés con cada nueva entrega. La anterior aventura de Jack Sparrow, en 2011, recaudó en EE.UU. 60 millones de dólares menos que la primera. A nivel mundial no se puede comparar porque la explosión del mercado asiático en estos 14 años ha disparado las taquillas de todas las superproducciónes. Donde sí se puede hacer una valoración es en los premios. Cinco nominaciones al Oscar (y una estatuilla) en 2003. Después, varias nominaciones técnicas en 2006 y 2007, hasta que el director de la trilogía inicial, Gore Verbinski, decidió saltar del barco y dejar a la deriva una saga que quiso encontrar el rumbo potenciando los efectos visuales y al final se acabó quedando sin nada nuevo que ofrecer..

Ahora, en esta quinta parte, que en español lleva el título de «La venganza de Salazar» y en EE.UU. de «Dead Men Tell No Tales», la principal novedad es Javier Bardem. El actor español interpreta al capitán Salazar (por eso el título en España remite a su personaje), un despiadado marino conocido como «El matarife del mar» que, al frente de su tripulación de muertos vivientes, quiere acabar con todos los Piratas del Caribe. Con todos menos con uno; siempre deja uno para que su terror se expanda. Para darle «veracidad», ese Salazar fue, antes de morir, un destacado marino que debía lealtad a la Corona española… La leyenda negra aparece así reflejada de una manera «sutil» que permite normalizar desde la cultura popular una visión de nuestro pasado que los historiadores ya empiezan a desestimar como un invento de los otrora enemigos de España.

Reactivar Piratas del Caribe con La venganza de Salazar

«De Salazar me atrajeron muchas cosas, su parte histórica, que la presencia española en los mares era muy importante en el pasado…», aseguraba Javier Bardem en los pases de Disney. «Trabajé con los directores a nivel creativo para ver la forma en la que andaba, para ver desde dónde miraba mi personaje. Quería que fuese como un toro herido», decía el español. Un actor que no sintió miedo ni presión por unirse a una saga tan avanzada: «Estuve en el plató de la cuarta parte y vi que todo funcionaba muy bien. Mi principal preocupación fue sobre qué podría aportar y sobre cómo actuar». Por su parte, su compañero de reparto y verdadero protagonista de toda esta aventura, Johnny Depp, aseguraba en la rueda de prensa de presentación que para él «la llegada de Javier fue muy positiva». «Tenía muchas ganas de ver lo que podía hacer con su personaje, un verdadero villano. Antes de rodar yo le miraba expectante viendo cómo movía eso que le pusieron en la cara, que parecía vómito de mono, mientras grababa», explicaba entre risas.

Lo que no fue tan divertido fue el rodaje, según denunciaron algunos técnicos en «Hollywood Reporter». Johnny Depp, inmerso en el proceso de divorcio durante el rodaje, acudía tarde al set, y cuando llegaba a su hora las condiciones no eran las mejores, por decirlo de manera elegante. De Johnny Depp, cuyos modos detrás de la cámara se parecen cada vez más a los gestos extravagantes del capitán Jack Sparrow, como si el personaje hubiera tumbado al actor, o viceversa, el crítico de ABC escribía en 2003: «La guinda a “Piratas del Caribe” la pone Depp en estado de gracia e histrión, clavando un antihéroe romántico y vagabundo que hubiera encandilado a Nabokov». Hoy, lo más que puede destacar Federico Marín es que Depp «luce desganado».

«Para mí, esta película ha sido un viaje para reencontrarme de nuevo con Jack Sparrow. Es una parte de mi vida», decía el protagonista. Un viaje al que volverá, casi seguro, si nos fiamos de la escena post-crédicos (la última moda en el cine palomitero) con la que (re)termina la película.

 

 

Tomado de ABCCinema

 

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