REBELIÓN TOTAL

¿Qué hace una sociedad sumida en la confusión, cuyos lazos morales se han roto, cuando se desliza sin respiro hacia el deterioro y la desintegración? ¿Cómo puede una población hacerse escuchar por un gobierno sordo e insensible a sus carencias y ansiedades?

Hay miembros de la colectividad que tienden a la conformidad compulsiva, al extrañamiento y al aislamiento. Hay otros que toman el camino de la agresión y de la criminalidad desencarnada. Una falta de propósito, compromiso e imaginación se apodera de ellos.

Un segmento importante de la población, sin embargo, opta por la transformación de la estructura social y los valores a través de la rebelión.

Venezuela ya no sólo es un Estado fallido en el sentido pleno del concepto. Está dejando de ser nación para convertirse en una horda desorganizada sobre un deteriorado campamento en lucha primaria por la supervivencia.

Poseída por emociones negativas de ira, odio y hostilidad, ha sido penetrada, al unísono, por sentimientos de impotencia para expresar dichas emociones. Venezuela, pues, ya no sólo carece de normas institucionales de convivencia sino que experimenta el quiebre de su estructura cultural, sin propósitos y objetivos legítimos capaces de darle cuerpo a la sociedad.

Por ello la rebelión total termina siendo la última puerta de salida, porque implica el borrón de la principal causa de las frustraciones de la gente y la transformación cabal del sistema de valores.

La situación en que nos encontramos en Venezuela después de tres meses de protesta activa y continuada es grave, mucho más delicada de lo que distintos personeros del gobierno y de la oposición tienden a pensar.

Los cuerpos represivos del Estado, aprendices de brujo de la maldad, no tienen ni idea de las fuerzas destructivas que han desatado y los oscuros mecanismos por los que se puede expandir y revertir la perversidad.

Lo que hoy se palpa en la gente es la idea clara de que sin presión de calle no habrá cambio posible, pero es una certeza acompañada de agotamiento y fatiga, de un estado de confusión derivado de las limitaciones de un liderazgo que hasta ahora ha sido incapaz de marcar con fuerza y determinación un horizonte, de construir una nueva narrativa.

Por eso la importancia de la propuesta de escalada y masificación de la protesta que se presentada el lunes 3 de julio por diversos sectores del país en Unidad Nacional. Independientemente de la afiliación política de cada quien, hay un sentimiento compartido por casi la totalidad de la población.

Que Venezuela en los términos actuales no es viable, que la revolución ya no tiene un punto de referencia o imagen de país al cual volver y que la única posibilidad de supervivencia es un incremento de la presión que logre romper el celofán para llevarnos a otro nivel de existencia.

 

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