CUERO SECO EN REBELIÓN

Tanto quienes se ufanan de conocer de historia y saber interpretar el ser venezolano como los que simulan que saben, que siempre son muchos más, repiten en cualquier conversación la frase, atribuida a Antonio Guzmán Blanco, que compara a Venezuela con un cuero seco, “si se pisa en una punta, se levanta en la otra”.

Germán Carrera Damas, que le tiene aversión a escribir novelas y a aventurarse en la psicología social, no se cansa de aclarar que esa frase que ponen en boca del Manganzón pertenece a un texto de Plutarco. En esos lejanos tiempos también había pueblos díscolos, retrecheros y renuentes a la disciplina impuesta.

Cuenta el historiador cumanés que Plutarco narra, en su biografía de Alejandro Magno, la preocupación del gran conquistador sobre dónde podía situar la capital de su imperio. Consultó a un sabio persa que, en lugar de responderle, extendió en el suelo un cuero seco de res. Se paró en una punta y después en otra, hasta que se paró en el centro y ninguna punta se levantó. Eso lo interpretó Alejandro como que el sabio le indicaba dónde debía poner su capital. Guzmán, que sí era leído, usó la frase con relación al país y los aduladores la repetían como demostración del conocimiento que tenía «el Ilustre Americano» de la sociedad venezolana.

Los levantamientos e insurrecciones populares que se han repetido en Barinas, Táchira, Lara, Carabobo, Mérida, Zulia, Bolívar, Anzoátegui, por nombrar algunos estados, además varias zonas del área metropolitana de Caracas, podrían indicar que el cuero seco sigue tan rebelde y díscolo como siempre, que el pueblo venezolano no ha dejado de ser un bravo pueblo. Y ahí no caben preocupaciones sino esperanzas, el vil despotismo será abatido, dado de baja, eliminado, para usar los participios preferidos del régimen.

El desasosiego tiene otro origen, en procederes que se relacionan con las atrocidades de Boves y sus hordas, con la sangre fría de los comandantes realistas y patriotas para ordenar la muerte de pueblos enteros, o con la sordidez con la que luego los caudillos federalistas y centralistas acabaron con un tercio de la población. El video de los integrantes de cuerpos de élite que complementan sus ejercicios aeróbicos con coros que incitan a degollar guarimberos, la saña y crueldad con que pandillas de uniformados maltratan a ciudadanos inermes, las amenazas de violar a las mujeres y los empalamientos con fusiles reflejan los demonios que andan sueltos y que conducen más al fallido Estado que ha sido Haití que a una revolución bonita de comeflores.

Paren, gobernantes, oigan al pueblo. Cerrado por saqueo y hambre.

 
Ramón HernándezRamón Hernández

Artículos relacionados

*

Top