LA CONSTITUYENTE Y SMARTMATIC

No pasaron segundos de esa cosa a la que no me gusta llamar fraude, porque para eso se necesita un poco de fineza, sino más bien un “quieto a la democracia” con pistola terciada y todo, cuando las redes ardían por la propuesta de acudir a las elecciones regionales, justo cuando Smartmatic nos confirma nuestras más enconadas sospechas.

Que el gobierno llamara a elecciones es algo que estaba cantado, porque es una modalidad harto conocida y muy usada por el chavismo para superar los escollos políticos mas grandes y refrendar sus triunfos nonsanctos. Vaya problema. Si no acudimos, perdemos las gobernaciones que tenemos, si acudimos legitimamos la votación de la Constituyente, porque le decimos al mundo que ese CNE da resultados confiables. Vaya problema, repito en el que nos meten los operadores políticos.

Antonio Mugica presidente de Smartmatic

Si no vamos, perdemos espacios de poder en las gobernaciones y será una derrota emocional ver a Capriles recoger sus peroles, mientras entra por primera vez el sospechoso habitual con su aire socarrón y triunfal. Si acudimos, le diremos al mundo que “Chávez nos volvió locos” y sin lugar a dudas buena parte del apoyo internacional alcanzado se perderá, cuando vean a buena parte de la oposición festejar que ganamos tres o cuatro gobernaciones más, que es el precio que pagaría el madurismo para que sectores de la oposición lo relegitimara.

En fin, la política no sabe de ética, cuando de elecciones se trata y una buena parte de la oposición sigue creyendo que aquí no hay dictadura, sino un mal gobierno con el que se puede compartir alguna migaja de poder. Una suerte de “si no puedes contra el enemigo, únete” bastante torcido.

El problema aquí, amigos, es que el domingo pasado surgió un nuevo CNE. Si bien ya lo había hecho antes, lo que ocurrió el domingo fue traspasar un umbral, una raya descarada que ya no puede deshacerse, cuando inventó, de acuerdo al mismísimo Smarmatic, ocho millones cien mil votos que nunca fueron transmitidos. “Pasamos los dos últimos días asegurándonos de que esto que estamos diciendo es verdad, que es preciso” dijo nada menos que el encargado de la transmisión de la data al centro de cómputos, la diferencia que “arroja el sistema es de al menos un millón de electores”, pero podría ser bastante mas, por lo que “es necesaria una auditoria”.

Con esa estocada final, nos han confirmado lo que todos vimos. Smarmatic sostiene que el gobierno pudo haber sacado entre 5 y 6 millones de votos, que pudieran ser los 3 o 4 que pensamos existieron, cuando se depuren los votos contra los cuadernos de aquellos que se hartaron de apretar botones mientras nadie los veía. Pero confirma sobre todo lo que no vimos el domingo.

Las caras y sonrisas eran de cinismo y no de felicidad, de haber sido cierto semejante logro histórico, sencillamente habrían convocado a los embajadores y a la oposición, presos de una felicidad y seguridad jamás antes vista en Venezuela, para que auditaran los libros –que nunca van a quemar- y la transmisión de datos. Porque ese record Guiness de popularidad, bien merecía abrir los libros al planeta entero en señal de una aplastante e increíble victoria revolucionaria. Porque no solo le ganaron a la oposición, sino al mismísimo Hugo Chávez Frías.

Habrían llamado a cuanta voz independiente de prestigio mundial existiera y hasta el “imperialismo universal” habría tenido que tragar grueso. Habrían llamado a Santos y a los cincuenta países que hoy los desconocen, para decirles “aquí están los resultados reales, manden a sus mejores expertos electorales” y sin duda habría sido la movida mas impecable de la historia política latinoamericana, porque con ella podían haber enterrado para siempre a quienes nos oponemos, que habríamos tenido que admitir nuestra derrota, salir de la Asamblea por la puerta trasera, de las calles y tragar aun mas grueso, en desbandada, frente a una revolución extasiada de suprema felicidad. Pero lo que ocurrió fue salir con las armas al hombro y las pistolas terciadas.

Pero no contaban con Smarmatic, que a fin de cuentas son venezolanos y una cosa es jugar el juego de las elecciones en una semidemocracia, avalada por el mundo y otra muy distinta avalar los resultados en una dictadura aborrecida por el planeta entero. En fin, esperaron dos días, recolectaron la data, se marcharon del país y le clavaron la estaca directamente al corazón del vampiro revolucionario. La constituyente que estaba herida de muerte, mundialmente y que recibió la unción de enfermos cuando uno de los rectores dijo que no podía avalar esos resultados, por primera vez en la historia, ha muerto y ha sido enterrada, nada menos por quienes manejan la data de un CNE, que no es la primera vez que infla los datos.

Y digo que no es la primera vez que sucede porque la primera vez que vi al CNE mentir descaradamente fue en la madrugada del 7 de octubre de 2012, cuando Hugo Chávez, ya visiblemente derrotado por la mortal enfermedad, también fue derrotado en las urnas. Verán, Hugo Chávez perdió esas elecciones cuatro meses antes cuando imploraba al menos, once millones de votos y que todos votaran por su partido. Aquella noche prometía una de las mayores sorpresas, porque el PSUV por primera vez en su historia, sacó doscientos mil votos menos que la oposición y apenas rozó los seis millones de votos.

Era la primera vez desde 1998 que su partido perdía una elección y con la suma del chiripero, apenas lograba superar a la oposición por unos pocos cientos de miles. Hoy ya estamos claros de lo que sucedió aquella noche, cuando un montón de pequeños partidos que habían desaparecido en las elecciones anteriores –y también posteriores-, partidos que apenas tenían unos pocos miles de votantes, aparecieron con cientos de miles y los que tenían históricamente cien mil, aparecieron milagrosamente con medio millón de votos, dándole a Chávez dos millones de votos extras, para que sacara los famosos ocho millones.

¿Ganó Chávez aquellas elecciones? Me atrevería a decir que si. Pero por muy poco y por eso nos quedó a todos la sensación de que algo extraño había ocurrido, porque nadie en Venezuela se creyó aquella noche una cifra que sentíamos abultada. En la siguiente elección, la de Maduro, la MUD le ganó al PSUV por más de un millón de votos y supuestamente, porque ya hoy no lo podemos afirmar, ganaron nuevamente por el chiripero, que extrañamente volvió a tener los mismos votantes de siempre.

En fin, que ya no hay que hablar de unas regionales, sino del inmenso atraco a mano armada que ha recibido la democracia. Digo entonces algo que nunca me habría atrevido siquiera a sospechar que podría haberlo dicho: Gracias Smarmatic.

 

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