¿QUÉ PUEDE CONVERTIR A UNA PELÍCULA EN UN FRACASO DE TAQUILLA?

Rubén Martínez Pintos

Hollywood siempre se encuentra en la búsqueda de la fórmula mágica, aquella que garantice éxitos de taquilla inmediatos en todo el mundo. Una combinación que resulte infalible sin importar qué ocurra, que tenga a los actores correctos y el marketing adecuado. Cada tanto tiempo Hollywood cree haber encontrado el método para hacer taquillazos, pero este muchas veces resulta no ser el idóneo. Arrojar millones de dólares a la pantalla en CGI, estrellas y campañas de publicidad no necesariamente se traducirá en un éxito financiero.

La idea de que estos elementos se traducen en filas masivas de gente afuera de los cines aún persiste en la meca del cine. De igual manera el pensar que un remake de una película exitosa de otro país o de otra época generará en automático bonanza económica. La realidad es que no todas las secuelas, remakes, precuelas o cintas basadas en algún comic o juego de video exitoso tienen garantía en taquilla. Por otro lado, cintas con guiones originales como ¡Huye!  y Baby – El Aprendiz del Crimen lograron atraer gente con presupuestos modestos y sin tener que estar basadas en un comic. Puede que sea difícil precisar que hará de una película un éxito, pero muchas veces si es más probable vaticinar que una cinta será un fracaso si presenta alguna de las siguientes características.

La película costó demasiado

Algo esencial a tomar en cuenta es que una película no es solo lo que cuesta producirla sino que también implica un gasto aparte debido a lo que se invierte en su publicidad. El total de ambos puede dar como resultado monstruosas cantidades de dinero que, sorprendentemente, se ha vuelto en algo común en el Hollywood actual. La idea de que mientras más dinero se invierta en una película esto generará en una mayor cantidad de recaudación persiste, pero estos presupuestos descomunales pueden ser uno de los primeros clavos en el ataúd de una cinta.

John Carter  de 2012 fue un aparatoso fracaso para Disney y su inflado costo de producción y publicidad fue una de las principales razones. Basada en la novela A Princess of Mars de Edgar Rice Burroughs, la cinta tuvo reseñas mixtas y el público no fue tan hostil a la misma, pero una campaña de marketing miope no permitió que hubiera oportunidad alguna de generar una verdadera ganancia para Disney. Al año siguiente de John Carter Disney tendría otro aparatoso fracaso de taquilla: El Llanero Solitario y que sin duda los motivaría a enfocarse más en adaptar al live-action sus películas animadas de los 90.

Adaptar (mal) franquicias oscuras o de nicho

¿Alguien recuerda Jem and the Holograms? A diferencia de toda la nostalgia artificial de algo como Stranger Things por los 80, pocos tienen el mismo aprecio por otros aspectos de la cultura de aquella década. Una serie animada como Jem estaba destinada al olvido tan pronto el glam y hair metal pasaron de moda. Hacer una película live-action que solo pudiera interesar a los (escasos) fans de hueso colorado ya era una apuesta arriesgada. Sumemos a eso que el material dejó profundamente insatisfechos a dichos fans y la receta para el fracaso está más que puesta.

Luego está el caso de La Vigilante Del Futuro: Ghost In The Shell  basada en una franquicia conocida y respetada del anime y manga, pero que tampoco tiene el mismo número de fans que un Evangelion o Dragon Ball (esta última adaptada de manera desastrosa por Hollywood hace algunos años). El resultado fue entre tibio y mediocre, un guión que no pudo profundizar en los temas explorados por las cintas y series animadas. El marketing fue tan frío como la misma cinta y no le dijo nada al público que no está familiarizado con la animación japonesa. Ni una actriz taquillera como Scarlett Johansson pudo hacer mucho por una cinta que no tenía personalidad y que ni a nivel de cine de acción logra ser relevante.

Hacer remakes y nuevas versiones de películas respetadas y amadas

Antes que alguien lo diga, efectivamente la versión protagonizada por Charlton Heston de Ben-Hur  no fue la primera en filmarse, sin embargo, es la que siempre se tendrá como referencia de la historia escrita por Lew Wallace. La más reciente interpretación de 2016 las llevaba de perder en todos los sentidos posibles: un reparto de actores bastante débil (ni Morgan Freeman lo salva) y un enfoque pálido carente de vida propia. Los fans de la versión de Heston no la aceptaron, además de no poder captar a una nueva audiencia. Un claro ejemplo de una película que nadie pidió y que no tenía razón de ser.

Durante 2016 también vimos otro caso similar: Cazafantasmas  era una cinta con una agenda dudosa y un tanto contradictoria. La cinta pretendía ser una nueva aventura que tomaba elementos de la exitosa cinta de 1984, pero a la vez su trama es prácticamente un remake de la original. Se intentó además vender como una suerte de cinta “progresista” al tener un reparto de mujeres en los papeles principales, lo cual más que revolucionario terminó como un detalle en extremo frívolo. La película también costó demasiado y no pudo recaudar lo suficiente para justificar sus costos de producción y marketing.

Una combinación de todo lo anterior más otros factores

Poner en salas de cine una cinta en fechas en las que otras producciones de gran presupuesto también se estrenan, la saturación del mercado y el cansancio de tanto blockbuster que es pan con lo mismo, la ausencia de actores conocidos y por supuesto; tener un producto de muy mala calidad. Todos estos factores se pueden combinar con los ya mencionados para dar como resultado un fracaso de taquilla. Cierto es que películas de calidad con buenas tramas pueden desaparecer de los cines debido a nulas campañas de publicidad (Dredd  es un ejemplo de ello) y la realidad es que la mayor parte del público no lee a los críticos (de ser así Adam Sandler no tendría carrera). Sin embargo, hacer las cosas mal en todos los sentidos posibles: guión, casting y marketing, simplemente no puede traer buenos dividendos.

Hay que recordar un punto clave: la gente que toma las decisiones de dinero en Hollywood no son gente creativa, son personas que hace un año eran presidentes de alguna cadena de súper mercados o de alguna franquicia de comida rápida. Es gente que ve números, no historias y por ende personas que pueden estar convencidas que el mundo necesitaba una costosa cinta del El Rey Arturo: La Leyenda de la Espada  que tuviera mil y un cosas que no podían combinarse bien, con un director bastante limitado como Guy Ritchie. Tengan todo esto en cuenta la próxima vez que vayan a pagar un boleto de cine para ver una ruidosa producción cuyos posters están pegados por toda la ciudad, esas dos horas bien podrían usarse para algo más provechoso.

Tomado de tomatazos.com

 

 
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