AQUÍ NO HAY HAMBRE NI CRISIS, SEGÚN DELCY

Venezuela acaba de vivir una de las jornadas más bochornosas de toda su historia republicana. La instalación de la autodenominada asamblea nacional constituyente ha sido sin duda expresión de lo más retrógrado de la vida política nacional.

Desde la juramentación hecha invocando lealtades políticas por encima de la figura de Dios hasta el discurso de la persona que resultó elegida presidente del evento, todo ello es la concreción de la destrucción de cualquier último vestigio que podía haber subsistido de los valores que fueron tradición de nuestro gentilicio.

Por lo que se avizora, la constituyente no será el escenario desde el cual se restaurará la paz y concordia prometidas sino por el contrario, ya amenaza con ser proscenio de la venganza, la revancha y el extremismo que suelen exhibir la marca distintiva de las dictaduras comunistas, invocando para ello el nombre del pueblo y el supuesto mandato recibido de unos tales 8 millones de votantes inexistentes.

El tono del discurso de toma de posesión de la señora Rodríguez fue el de una arenga callejera muy distante de lo que debió ser una ceremonia cívica en la que se exaltaran las virtudes de la reconciliación necesarias para construir el futuro de la patria. Los lugares comunes, el insulto, la amenaza y la mentira han sido la característica inaugural de una asamblea en la que se pretende redibujar el provenir de la patria.

¿Cómo se sintió usted, amigo lector, de estas líneas cuando ayer le dijeron que en Venezuela no hay hambre ni crisis humanitaria, sino que más bien sobra amor y fuerza para rechazar posibles aventuras imperiales que solo existen en las mentes obnubiladas de quienes –momentáneamente– han logrado secuestrar las instituciones de la patria para ponerlas al servicio de sus intereses?

El mundo está al revés: quienes fueron asesinados por los organismos de seguridad son terroristas, quienes reprimen son héroes, quienes resultaron electos mayoritariamente en 2015 para la Asamblea Nacional son usurpadores, quienes llegan al Salón Elíptico tras un fraude jamás visto son genuinos representantes del pueblo, quienes hace dos semanas estamparon 7,5 millones de firmas no existen, quienes pasan jornadas enteras procurando alimento no tienen hambre, los que padecen falta de medicamentos no viven una crisis humanitaria etc., etc.

Los magistrados que hoy detentan la posesión del Poder Judicial son los excelsos juristas llenos de atributos, mientras que los que fueron designados en cumplimiento de los recaudos de ley deben buscar asilo en las embajadas acreditadas en nuestro territorio o huir al exterior.

En conclusión, ¡a esto se lo llevó el diablo! Sin embargo, por más difícil que suene, este es el momento de redoblar esfuerzos, sacar fortalezas de nuestras frustraciones para levantarnos de la ruina moral e institucional en que está sumida nuestra patria. Otros pueblos lo han logrado en condiciones aun peores.

No hay razón para que los venezolanos no podamos hacerlo. Los días por venir irán definiendo los rumbos. Lo único indudable es que la lucha deberá librarse bajo el manto de la unidad, posponiendo agendas grupales o individuales. Llegará el momento de asomar las legítimas aspiraciones de quienes las tengan. No es hoy.

 
Adolfo P. SalgueiroAdolfo P. Salgueiro

Artículos relacionados

*

Top