La clave de un enigma
EL FUERTE PARAMACAY

¿Qué ocurrió realmente el domingo en el Fuerte Paramacay de Valencia? ¿Acción insurreccional, falso-positivo o falso falso-positivo?

Temprano en la mañana un video de dos minutos disparó todos los resortes de la imaginación venezolana. Según el jefe de una veintena de insurrectos armados con potentes fusiles de asalto, que se identificó como el capitán de la Guardia Nacional Juan Carlos Caguaripano, prófugo del régimen desde 2014, en el escenario de ese campamento militar, asiento de la 41 Brigada Blindada, la de mayor poder de fuego de Venezuela, acababa de ingresar a la escena política nacional un movimiento cívico militar cuyo objetivo era devolverle su vigencia a la Constitución Nacional de acuerdo con las exigencias de sus artículos 330 y 350.

El desconcierto y los rumores se adueñaron del ánimo de los venezolanos. Sobre todo, porque muy poco después se supo que numerosos ciudadanos se enfrentaban en las calles de Valencia a funcionarios de la Guardia Nacional tratando de llegar al Fuerte Paramacay y sumarse al llamado de Caguaripano. Mucha mayor incertidumbre surgió minutos más tarde, cuando en nombre del gobierno, Diosdado Cabello, no el general Vladimir Padrino, que es a quien en su condición de ministro de la Defensa le correspondía hacerlo, informó que esa madrugada se había llevado a cabo un asalto “terrorista” al Fuerte Paramacay, pero que la acción había sido repelida exitosamente y la situación ya estaba bajo control. Al final de la mañana esta confusión se hizo insoportable, pues al inexplicable silencio oficial se añadió la hipótesis de que aquel enredo era en realidad un falso-positivo, suerte de trampa cazabobos armada por el G2 cubano para provocar a supuestos conspiradores a precipitar su eventual participación en futuras acciones subversivas.

Al final de la tarde, sin embargo, la opinión pública pudo terminar de atar los múltiples cabos sueltos de la historia y montar una versión bastante verosímil del rompecabezas gracias a informaciones periodísticas y a la versión que en horas de la tarde dio el propio Maduro.

El grupo asaltante, compuesto por apenas 20 hombres, entró al fuerte poco antes de la 4:00 de la mañana y, con la solitaria ayuda de un teniente destacado allí, se apoderó de 93 fusiles rusos AK 103, lanzagranadas y municiones. Casi 4 horas después, mientras Caguaripano y 9 hombres se retiraban del fuerte cargando con este importante arsenal sin ser molestados, los otros 10 hombres del grupo se atrincheraron en el sitio para cubrir la retirada de sus compañeros. Y allí permanecieron hasta pasadas las 8:00 de la mañana, cuando un grupo de efectivos leales al gobierno por fin entró en acción. En un rápido intercambio de disparos murieron 2 miembros de esta retaguardia, otro resultó herido y los 7 restantes fueron hechos prisioneros.

En otras palabras, a pesar de que Maduro se jactó esa tarde del domingo de haber vencido con las balas a quienes una semana antes había vencido con votos, comparación disparatada porque el 30 de julio no hubo elección alguna sino burdo fraude electoral en el que además ni siquiera participó la oposición, lo que sí puede afirmarse es que un reducido grupo de hombres, en su mayoría civiles, sin necesidad de disparar un solo tiro, bastó para entrar al Fuerte Paramacay, apoderarse de toneladas de armas y municiones, trasladarlas a vehículos capaces de transportarlas y desaparecer en las brumas de la mañana sin ningún contratiempo.

No hubo, pues, victoria militar del régimen en lo que solo fue un patético episodio militar del régimen y, en definitiva, el supuesto asalto no pasó de ser una humillante burla. De ahí quizá la necesidad de confundir a propios y extraños, primero con el supuesto falso-positivo y después tratando de disimular la gravedad de lo ocurrido con la simulación de la simulación, un enrevesado falso falso-positivo desalentador. Quizá esa también sea la razón de que el diario Granma, que cada día le dedica espacio a glorificar las maravillas del régimen que preside Maduro, ayer no le dedicara ni una línea a lo que la retórica oficial venezolana trata infructuosamente de convertir en una gran victoria militar. Con este prudente silencio, Cuba trata de desvincularse por completo de la bochornosa chapuza madurista.

 

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