REGIONALES EN CONSTITUYENTE

El ciclo histórico llamado chavismo se suicidó, terminó siendo un fracaso gigantesco. Está perdido nacional e internacionalmente, es insostenible.

La crisis en puertas es aterradora y promete comérselos de abajo hacia arriba, no solo está enterrándose, sino que, de paso, el madurismo promete sepultar a patadas el sueño revolucionario mundial. Hasta los Estados Unidos ha actuado formidablemente sin darle al chavismo una sola excusa para su portentoso fracaso. En noviembre, cumplidos 100 años de la incursión bolchevique, no quedara nada y Maduro habrá asesinado a la última revolución del planeta.

Nunca un grupo humano había sido tan torpe políticamente como el madurismo, porque todo el poder significa toda la responsabilidad. Pero parafraseando al escritor y periodista español Santiago Amón: “!Que País! Aquí no cabe un tonto mas”. Viendo al chavo-madurismo suicidarse, algunos están más que dispuestos a lanzarle un salvavidas. Porque no es un asunto de poder, ni de espacios de poder, sino de no darle vida política a lo que queda. Para ello, unos muy bien intencionados hablan de “no perder espacios” y otros mal intencionados están simplemente dispuestos a cohabitar y obligados a salvar al régimen.

Pero antes de entrar en detalles, primero que todo ya está bueno de mentirnos con aquello de que la decisión de no acudir a las elecciones del 2005 fue una mala “estrategia”, porque “íbamos a deslegitimar” al régimen. Esa es una mentira que de tanto repetirla se quedó grabada en la mente de muchos. Como dijo mi queridísimo amigo Oscar Valles en aquel momento, acudir era una “insensatez y una falta de conciencia pública”, porque fue la primera vez que nos aplicaron la “operación relámpago”. Unas elecciones municipales tres meses antes donde nos hicieron cuanta trampa evidente existió, no solo porque la Lista Tascón había causado estragos en la población votante, sino por el hecho de que el captahuellas y que nuestros especialistas habían descubierto que se podían almacenar las secuencias de votos de los electores, causaron el terror.

Adicionalmente, ir a unas elecciones cuando las condiciones que habían impuesto eran similares a las de la trampa constituyente era un suicidio, como bien lo dijo la Unión Europea, cuando millones de votantes fueron súbitamente añadidos al Registro Electoral –sin que los centros de inscripción estuvieran abiertos- y ninguno tenía dirección, pudiendo votar en cualquier lugar de la República y un esquema que rompía toda posibilidad de representación proporcional.

Pero es exactamente de esto de lo que trata la “operación relámpago”, se hace una trampa evidente, ganan absolutamente todo y llaman de nuevo a una elección en tres meses, para no dejar que puedas organizarte y contando con el desánimo colectivo.

Y eso fue lo que sucedió, en esas elecciones municipales el 80% de los opositores se abstuvieron de acudir por la mega trampa montada y AD, COPEI y PJ apenas consiguieron el 15% de los seis mil cargos, en la derrota más estrepitosa y cantada que tuviera alguna vez la República. Por eso llegado Diciembre de 2005, el 85% de la población opositora le dijo a su liderazgo literalmente: ¿me has visto a mi cara de pendejo? Así que no fuimos a la elección, sencillamente porque nos hicieron una trampa descomunal previa y porque no había manera de ganar, así de simple. Y un político que se precie, no acude a una elección en la que sabe que tiene todas las de perder, sea la del 2005, la de la Constituyente cubana o estas regionales.

Ahora bien. El verdadero error pasado estuvo en no pelear. En no convocar a la presión seria, en no saltar a las calles para exigir derechos conculcados, que es lo único que puede hacer una oposición cuando ve que la están estafando. Esa cobardía, esa gigantesca cobardía, fue la que permitió posteriormente que avanzara el fraude, hasta ser colosal en nuestros días, cuando ya es absolutamente fantástico. El error estuvo en “pasar a la reserva”, pasar “a la resistencia”, pasar “a la conciencia activa” y no a la gran ofensiva democrática, que tenía que impedir lo que vendría posteriormente. Porque una vez que un animal percibe cobardía, se abalanza sobre su presa y la mata.

Por eso ahora hay dos escenarios. El primero sería continuar en las calles y añadir a la lucha contra la constituyente, la posibilidad de unas elecciones limpias con total apoyo internacional. Sin miedo y ganando aún más legitimidad.

¿Es posible llamar a las elecciones luego del gigantesco fraude? Sin duda. ¿Es posible ganarlas? En lo absoluto. Esa es una extraordinaria bandera y en realidad no hay nada que perder, que no hayamos perdido. Es un gran momento, toda la comunidad internacional está de nuestro lado, ya no será posible que sea automatizado el voto, porque Smartmatic no asistirá. Así que habría que inscribir los candidatos y les tocaría a los electoralistas dejar el pellejo en las calles literalmente y hacer los llamados, porque de nada vale ponerse Malox en la cara para lanzarse en el teclado a escribir “que no podemos perder espacios de poder”, llegó pues, su gran momento frente a la ballena de la Guardia Nacional.

Pero prometan la verdad, no la verdad a medias que salve al régimen o lo prolongue. Ganar las elecciones significa ganar diecinueve estados que ya ganamos en 2015. El Estado Amazonas con el 60% de los votos, el estado Anzoátegui ya debemos contar con el 70% de los votos, Aragua, Barinas, Bolívar y Carabobo sin lugar a dudas con más del 60%, Falcón es nuestro, Lara siempre lo ha sido y no se hable de Mérida que ya es un 75% opositor. Lo siguen Miranda, Monagas y Nueva Esparta que no hay manera de perderlos luego de la derrota chavista del 2015, Sucre ya está ganado y en el estado Táchira los únicos chavistas que quedan deben estar del lado de afuera, la oposición gana Trujillo, así como en Vargas y especialmente en Zulia serian conquistados sin poder negar lo contrario.

Así que no, amigos dirigentes de la oposición, no se trata de acudir a las elecciones “para no perder espacios de poder” que es en si un lenguaje y una aproximación derrotista, lo que busca toda elección es precisamente ganar y al chavismo apenas ganarían, si es que las ganan, Apure, Cojedes, Delta Amacuro y Portuguesa. Para ello, repito, quítenle los escudos a los chamos y quiero verlos a todos frente a la ballena y el rinoceronte, porque para ganarlas, no es factible cuando el gobierno invento 8,1 millones de votos.

Pero si lo que proponen es un segundo escenario que parece estar emergiendo del dialogo. Es decir la tesis de la cohabitación, entonces ya es hora de salir del closet.

Si lo que están explicando es repetir en las tres gobernaciones, ganar Zulia, Táchira, Nueva Esparta, Mérida, Carabobo y Bolívar, quizás alguna más y se hace el llamado a las municipales con el mismo resultado, es decir que el madurismo gane la mitad más una. Eso es salvar a la revolución. En este escenario el régimen gana cinco veces, porque no solo ganó las elecciones regionales, sino porque al ganar las elecciones y que la oposición legitime que no pudieron ganarle al madurismo, su constituyente gana legitimidad. Gana por tercera vez porque bajará la presión mundial cuando la comunidad internacional quede atónita al ver a la oposición alzando sus brazos por el resultado de “ganar tantos nuevos espacios de poder”, y se feliciten por “su gran avance” y por los nuevos “espacios que históricamente nunca tuvieron”, gana aún más porque Maduro continuaría sin calle y sin presión por los seis meses o más que dure la fiesta electoral, hasta 2019 y gana adicionalmente porque la oposición continuara siendo corresponsable.

Es decir que la oposición gana “espacios” de poder, cede toda legitimidad, sale de la pelea por meses y pierde la República. Subrayo lógicamente “espacios” porque luego de demostrar este año el poder, lo que se dice poder, no es algo que tenga precisamente la oposición luego de haber sacado dos terceras partes de la Asamblea y mucho menos en las tres gobernaciones que le permitieron, sin poder demostrar una gestión distinta a la de los chavistas por los presupuestos deficitarios, con policías que maneja el ministerio del interior, escuelas supervisadas por el poder central y autoridades únicas que no dejan a los gobernadores enjuiciados e inhabilitados por décadas, mayor espacio que al Alcalde del municipio más pequeño. Es decir que podemos ganar el “espacio”, pero poder, eso no, nunca tendremos.

A todo esto del poder que podemos ganar o perder, hay que sumarle el pequeño detalle, de que ilegítimamente o no, las tres gobernaciones que pudiéramos no perder, estarán gobernadas además por una Constituyente a la que dimos legitimidad y que puede decidir lo que sea, desde inventar estados o quitarlos, hasta cambiar el Situado Constitucional, nombrar autoridades revolucionarias únicas o poner a los gobernadores como objetos decorativos.

Por no hablar de que la Constituyente, como en efecto veremos, quizás no decida que Maduro sea emperador, pero es muy posible que cambie el periodo presidencial y que este comience a partir de que el TSJ diga que Maduro está comenzando a gobernar. En fin, que ver como cierta parte del liderazgo quiere ganar esos “espacios de poder” cohabitando y legitimando el inmenso cheque en blanco que le han dado las bayonetas y no los votos, es francamente desconsolador.

En mi opinión, lo del 2005 repito fue una mentira, por que quien legitima o no una elección es la comunidad internacional. Pelear y presionar por recobrar la democracia es algo que cada vía va a ser más fácil, añadir la bandera de unas elecciones manuales y limpias con la comunidad internacional de la mano no lo veo mal, sabiendo que es una bandera y retirándonos finalmente. Pero negociar unos espacios de poder, que no tienen poder, legitimando el totalitarismo, corriendo la arruga por años, cuando la gente está comiendo de la basura y muriendo de mengua, eso solo tiene una explicación. Y esa se la dejo a Usted, amigo lector.

 

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