SIN INTELIGENCIA NO HAY PARAÍSO

En las luchas civiles contra las dictaduras un guión se reitera: los ánimos comienzan a caldearse cuando por mala gestión y falta de libertades se deteriora la calidad de vida, tras lo cual suele la oposición capitalizar el descontento y avanzar. La protesta entonces toma las calles, el  gobierno arrecia la represión y aparece la resistencia frontal, lo cual, a su vez, puede  acrecentar el conflicto o hacer retroceder a la protesta callejera cediendo espacio a la lucha armada o a la sumisión civil.  Este patrón tiene variantes.

La primera es la ocurrencia de una fuerte presión internacional que conjuntamente con los factores internos hace la situación insostenible para el gobierno y hay una transición “pacífica”. Este escenario fue el destino de Pinochet y Fujimori. Una variante de este resultado son los levantamientos populares que derrocan tiranos como ocurrió con Luis XVI.    

La segunda posibilidad son las intervenciones internacionales abiertas como con el Chile de Allende y con Afganistán,  entre otros. La última declaración de Trump asoma para Venezuela esa posibilidad.

La tercera es una guerra civil, como en España y Siria. Las guerras de independencia y de guerrillas son casos de este tipo de desenlace. Por cierto, cómo justifican los ultra bolivarianos no intervencionistas que Bolívar y Miranda usaron la ayuda militar y financiera  de los imperios británico y francés, y Chávez la cubana. Estas guerras suelen ocurrir cuando a una oposición fuerte le cierran parlamentos, cancelan sus partidos y le trancan las posibilidades de acción política pacífica. A veces terminan internacionalizándose como  en Vietnam y Siria.

La cuarta es la consolidación del autoritarismo en el poder. Ese fue el destino de Cuba, Irak, Rusia, China, Alemania nazi y muchas más. La implosión también es una posibilidad.

¿De qué depende que Venezuela derive hacia uno u otro desenlace?  Examinemos algunos factores y saque conclusiones. El régimen de Maduro se parece más al de los Castro y Gadafi que al de Pinochet o Pérez Jiménez pues prefieren hundir el barco y hasta morir con él que entregarlo a otras manos. La incapacidad para gobernar no es suficiente para ceder el poder, simplemente la cúpula madurista quiere tenerlo siempre. Las dictaduras izquierdistas son más comúnmente desalojadas por choques sangrientos que por vías pacíficas, aunque la primera dictadura de Ortega es un caso contrario a esta norma.     

Maduro hoy está fortalecido dentro del castro-madurismo: tiene la constituyente que necesita para legitimar todos sus actos de gobierno y, adicionalmente, arrinconó a D. Cabello.  Ya no es parte del poder, es el poder mismo. Está dispuesto a pagar el precio de la ruina y hambruna nacionales y del cerco internacional. El PSUV está diciéndole al mundo que puede seguir siendo gobierno  a pesar de la crisis, el aislamiento y la sequía de divisas. Según su narrativa son los únicos que saben y pueden gobernar a este país, mientras la resistencia está apagada y la oposición política está muy enredada como para actuar coherente y unificadamente en estos momentos.

El talante del régimen es apelar a cualquier cosa para desalentar y someter a la población, reprimir, anular a la disidencia, y crear una legalidad fraudulenta para mantenerse gobernando, pero está agotando la paciencia de sus adversarios. El asalto a Paramacay, el evento del vuelo del helicóptero y las posturas de los llamados guerreros de la resistencia son señales de ello. También la comunidad internacional está dando muestras de impaciencia y a no estar dispuesta a tolerar al régimen castro-madurista.

Mucha gente piensa que las potencias están interesadas codiciosamente en nuestras riquezas. Esta es una visión más propia de siglos pasados. Más interés tienen en nuestra existencia como mercado y como aliado en los juegos políticos comerciales mundiales. En este sentido más inquietud causa que Venezuela sea parte de los  peligros para la seguridad hemisférica por sus nexos con grupos terroristas islámicos, con Rusia y China, que forme parte de la red del narcotráfico y del blanqueo de capitales. Que los venezolanos huyan hacia otros países y desestabilicen la región tiene más impacto geopolítico que tener materias primas. 

La estrategia de acumulación de capital electoral ha logrado su propósito, pero no ha servido, por ahora, para asegurar la transición y la del terror sostenido no ha asegurado la gobernabilidad, tiene la virtud de disminuirla y aumentarla cíclicamente. El guión de sucesos no tiene final obligado. Las combinaciones de etapas y resultados, así como idas y venidas son muy frecuentes. No hay manual escrito para salir de una dictadura o mantenerla, es cosa de inteligencia estratégica, sin descontar la suerte, que ahora recibe el lírico nombre de cisnes negros. Quien actúa, yerra; lo sabio es reinventarse. No hay paraíso sin errores, sin esfuerzo, sin persistencia y sin perdón. Esto último incluso hasta con nuestra dirigencia.

 
Daniel AsuajeNo photo

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