DEJE EL LLANTO, PRESIDENTE, ACTÚE

El jueves de esta semana el muy prestigioso diario español El País le otorgó una página entera de su edición impresa a un artículo de Juan Manuel Santos que llevaba el título “Lloramos por ti, Venezuela”.

Si partimos de la buena voluntad del presidente neogranadino –lo que pareciera encontrarse en el trasfondo de su escrito y ser una inspiración auténtica–, Santos pudiera estar recapitulando en su posición acerca del narco-gobierno revolucionario y sus ejecutorias.

Su diagnóstico es bueno sobre lo que ocurre del lado oriental de su frontera ya que –no faltaba más– nadie mejor que un observador colombiano para aquilatar los dislates que están teniendo lugar del lado de acá del Arauca.

Solo que, más allá de la solidaria conmiseración que el presidente evidencia, a los venezolanos que sufrimos las consecuencias del destrozo del país y de sus instituciones nos gustaría ver de su parte menos llanto y más acción, sobre todo ahora que el presidente vecino está deslastrado de la épica tarea de pacificar a su país.

La presión internacional no es suficiente para establecer la democracia en Venezuela.

Frente a un liderazgo gubernamental que no reconoce legalidades, compromisos ni formas, frente a un gobierno que ejerce la más cruel de las represiones contra las opiniones de la oposición, frente a una administración que mata y tortura, frente a jerarcas corruptos y complacientes con el narcotráfico, frente a la depauperación y el hambre de una nación entera, resulta absurdo que la posición de quienes pueden actuar sea solo la de proclamar la amistad y lamentar la desgracia, mientras nos piden negociar con un poder omnímodo y aplastante de sus adversarios políticos.

Es que Colombia está también mejor ubicada que ningún otro país para hacer algo más que lamentarse de la suerte de los vecinos y esperar –Santos dixit– que la solución venezolana sea una pacífica.

Quisiéramos ver al presidente de Colombia ordenando la seria vigilancia de la frontera para acabar con la porosidad que ha hecho posible la narcotización de nuestros militares y de muchos en el gobierno revolucionario.

Quisiéramos ver a las Fuerzas Armadas colombianas impidiendo que las armas de las FARC encuentren refugio en suelo venezolano para perpetuar su acción criminal, esta vez en contra de los venezolanos.

Quisiéramos ver al presidente neogranadino ejerciendo influencia frente a sus pares para acabar con el dominio que los “benefactores” cubanos de la paz colombiana tienen sobre el terrorismo de Estado que cunde en Venezuela.

Todo lo anterior serían vías fehacientes, esas sí, para demostrar que el llanto de Colombia, señor presidente Santos, es más que palabra vana impresa en un prestigioso periódico español.

 

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