LA BURLA INFINITA

Dos corrientes paralelas van por el río del chavismo. Una superficial, pragmática, que habla de base monetaria y de inflación, no de guerra económica; que va a aplicar un ajuste implacable como en los mejores tiempos del FMI. Schemell y ¿Cabello? Otra, profunda, ideológica, metafísica, que se guía por Negri y Il potere costituente, que ofrece la verdadera revolución, sin elecciones burguesas y con soviets (comuna en ruso). Maduro, Jaua, ¿los Rodríguez?

Ambas corrientes han fluido paralelas durante estos lustros, sin mayores conflictos, por dos factores que ya no existen: Chávez y la inmensa bonanza petrolera. El más importante de ambos factores fue el dinero; de hecho, el carisma del galáctico se explicaba por aquello de que chequera mata galán. Con ese dinero y ese carisma pragmáticos radicales festejaban, había para todos y los errores no importaban mucho: Hugo ganaba las elecciones.

El carisma que venía cayendo murió literalmente con el barinés, tanto que el empate entre Maduro y Capriles de 2013 quedó convertido en derrota luego del fraude infinito del 31 de julio pasado, montado por las mismas rectoras y con las mismas máquinas. El 6D de 2015 acabó con cualquier ilusión de armonía chavista, luego del palo galáctico de las elecciones parlamentarias. Sin dólares, sin votos, con la misma o peor ineptitud, el chavismo se hizo madurismo: nunca más una elección, represión pura y dura. Primero con los tinterillos del TSJ, luego a plomo limpio de la Guardia Nacional.

Después de cien héroes muertos, después del plebiscito de julio, una de las páginas más bellas de nuestra historia, no quedó más remedio que los rábulas tradujesen al español los análisis del Negri: la Constituyente solventó el problema de una fiscal díscola, y disfrazó de electos a un grupito de incondicionales.

El costo de la Constituyente ha sido infinito: literalmente infinito cien veces, cien vidas y más; infinito electoralmente por la necesidad de un fraude que hace dudar hasta de las victorias de Chávez, la oposición ganaría cualquier elección con cualquier candidato; infinito internacionalmente, ya nadie se cree el cuento del chavismo democrático; infinito moralmente, Ortega prueba lo que todos sabíamos, esto ha sido una vía abierta. El costo infinito de las dos corrientes enfrentadas: estos monstruos históricos se acaban por dentro, presionados por fuera.

 

* Como en ocasiones anteriores, esta semana cedemos nuestro espacio editorial a una columna de especial interés.

 

 

 

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