¡MATARILE!

 “¿Y qué nombre le pondremos?, matarile rile ron. Le pondremos dictadura, matarile rile ron”. Canción infantil, adaptada a tiempos modernos.

A la misma velocidad que avanza el descontento, las sanciones y el rechazo internacional, el régimen copa todos los espacios de libertad, de disenso, para ahogar los gritos de S.O.S de los venezolanos. Ya lo definió el presidente de Francia, Emmanuel Macron: “Una dictadura que intenta sobrevivir al precio de un costo humano sin precedentes”.

Las sanciones vía orden ejecutiva del presidente norteamericano Donald Trump, cortan el flujo de divisas fáciles para el gobierno venezolano. No podrá emitir deuda (bonos) estatales ni de PDVSA negociables en la bolsa de EEUU, no podrá obtener préstamos de bancos ni comprar nada a compañías norteamericanas. Y devolviéndole al presidente Maduro la misma medida que él aplica en Venezuela desde 2013 para no honrar el cambio a dólares de las ganancias de transnacionales y compañías aéreas, no podrá sacar de Estados Unidos los dividendos de Citgo, la caja de los dólares del gobierno venezolano. La orden ejecutiva no afecta negociaciones entre particulares, ni comercio de alimentos y medicinas. Está destinada a “negar a la dictadura de Maduro una fuente crítica de financiación para mantener su gobierno ilegítimo y proteger al gobierno de Estados Unidos de complicidad en la corrupción de Venezuela y en el empobrecimiento del pueblo venezolano”. ¡Matarile rile ron!

Lo cierto es que por más que el gobierno diga “no me dolió”, todavía se está sobando el bolsillo e inventando que va a cambiar el negocio hacia China y Rusia. Pero sucede que el gobierno revolucionario se ha endeudado hasta los tuétanos con préstamos chinos y compra de chatarra bélica rusa, el negocio petrolero con ellos es difícil, entre otras cosas, porque quieren cobrar la deuda con activos de la nación. Y éstos, ahorcados, son capaces de vender hasta el Panteón Nacional.

Por donde se mire, la situación financiera es comprometida, no sólo para el gobierno sino para los venezolanos, que van a sentir-aún más- el impacto de las medidas sobre un gobierno que no tiene ni de cómo arreglar el berenjenal económico y siempre va en dirección contraria a la prosperidad y el desarrollo. Por un lado, es muy bueno que el gobierno no tenga divisas para comprar el apoyo de los más necesitados. Pero esos necesitados van a terminar de colapsar. Será duro para quienes llevan años pasando hambre, muriendo de mengua, aguantando humillaciones y colas para conseguir pañales, pensiones o la medicina que salvará al niño enfermo. Mientras más pobres, más dependientes de las dádivas del gobierno, que los extorsiona por hambre y necesidad para que apoyen irrestrictamente el “proceso” a perpetuidad. ¿Y qué nombre le pondremos a este hambreador, matarile rile ron?

Quienes alcen la voz, se rebelen, cambien de acera, se arrepientan, protesten o ventilen públicamente la verdad de lo que está sucediendo en un país que era democrático, son perseguidos, apaleados, encarcelados, condenados, cuando no logran fugarse, exiliarse, huir como parias. Es terrible oír las historias de los 32 magistrados legítimos nombrados con todas las de ley por la Asamblea Nacional, juristas de brillante trayectoria, ex jueces, profesores titulares de universidades, SEÑORES, en fin, todo lo que no son los togados exprés que se han obrado en el estado de derecho. Esos SEÑORES han tenido que asilarse en embajadas, disfrazarse, esconderse, salir en peñeros por altamar, solo con su ropa encima, para escapar de las garras de la venganza de quien tiene el poder pero nunca la razón. Lo que logró el régimen es regalar testigos de excepción al Tribunal de La Haya. ¿Y qué nombre le pondremos a esta persecución, matarile rile ron?

El pueblo salió a las calles a protestar, a enfrentarse con unos gorilas que asesinaron a 136 personas, la mayoría de ellos muchachitos, todos desarmados, hirieron a más de 2.000, detuvieron a más de 3.000. La represión incluye incursiones con tanques derribando cercas, tumbando puertas, rompiendo cámaras de circuito cerrado para que no los identifiquen, violando hogares y personas, robando equipos electrónicos, dinero, celulares. La tortura, el maltrato físico y verbal, la amenaza cruel, fue el común denominador de la represión que durante 4 meses asoló al país y acorraló al gobierno, que para sacar las patas del barrial en que estaba metido inventó dos elecciones: una asamblea constituyente que no podía ser sino fraudulenta sin el apoyo popular y unas elecciones de gobernadores que sabe que va a perder corrido y para la cual los malvados ya deben estar inventando otra trampa para torearlas. ¿Y qué nombre le pondremos al criminal, matarile rile, ron?

Destituyeron inconstitucionalmente a la Fiscal, que ahora está cantando mejor que Pavarotti y con pruebas en la mano, la obertura Odebrecht, el aria Narcotráfico y el solo Corrupción. Ahora es “traidora, corrupta, inmoral”, solo porque abandonó la banda. Y así mismo tratan de asesinar moralmente a todos los líderes que asoman la cabeza en la oposición, en los gremios, en la sociedad civil. Casi 600 presos políticos pregonan la muerte de la democracia en Venezuela. ¿Y qué nombre le pondremos a esta mafia, matarile rile ron?

La “omertá”, código de silencio de la “familia”, la aplican las dictaduras para que no se cuele la verdad, para que no se conozcan sus oscuros secretos. Por eso el finado cerró a RCTV y a 32 emisoras, por eso el régimen madurista ha cerrado 10 emisoras con la excusa de que no tienen la concesión renovada, situación en la que está el 80% de las radios y todas las televisoras comerciales. La intencionada omisión de Conatel de no tramitar renovaciones, solo tiene como fin mantener esa espada de Damocles sobre los medios audiovisuales para utilizarla como lo hizo esta semana con la 92.9 , la FM de Radio Caracas y con Mágica 99.9, emisoras donde estaban los humoristas del Monstruo de la Mañana, Marianella Salazar, Mingo Blanco, ninguno grato al gobierno. Y como la Ley Resorte no aplica para la prensa escrita, monopolizaron el papel periódico para extinguir a diarios como El Carabobeño, que esta semana cumple 84 años y sigue publicando en la web, al igual que los más de 40 periódicos que han cerrado en esta nefasta revolución. Los periodistas no pueden nombrar “dictadura”, “saqueo”, “narcosobrinos”, “cartel de los soles”, no pueden entrevistar a exiliados, perseguidos, juzgados o a ciertos opositores que le dan lechina al gobierno. Nunca antes ejercer el periodismo había sido tan peligroso, tan limitado. ¿Y qué nombre le pondremos al censor, matarile rile ron?

La ANC va a producir una ley contra el odio. No nos reímos, aunque nos provoque, porque el régimen es experto en gallos tapados como éste o como los ridículos ejercicios militares del fin de semana donde expusieron al escarnio público a ancianos y famélicos. Ojalá esa ley sirva para juzgar y castigar a quienes han sembrado el más profundo rencor, resentimiento, maldad y odio, a quienes matan de hambre y enfermedades a los venezolanos, a quienes asesinaron la democracia. Y a quienes quieren callarnos, ¡matarile rile ron!

 

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