YIBUTI, UN ENCLAVE PARA CONTROLAR EL MUNDO

El diminuto país del Cuerno de África alberga instalaciones permanentes de cinco Ejércitos distintos.

Miles de soldados chinos y estadounidenses duermen cada noche en África a solo diez kilómetros de distancia. Lo hacen en Yibuti, un país del Cuerno de África sin apenas tierra arable, sin una gota de petróleo o un metro cúbico de gas que extraer, pero con una localización estratégica que es el motor de su economía.

El país se encuentra en un estrecho marítimo por el que navega el 25% de las exportaciones mundiales, en la ruta que conecta los mercados asiáticos con el mar Mediterráneo.

Situado a menos de diez minutos de vuelo de la Península Arábiga, Yibuti alberga bases militares de Francia, Italia, Estados Unidos, Japón y la inaugurada en julio por Pekín. Arabia Saudí también está construyendo la que, como en el caso chino y nipón, será su única instalación militar permanente en el extranjero.

Las tropas estadounidenses llegaron, a la que es su única base militar en África, tras el 11-S. Obama renovó el acuerdo en su segundo mandato a razón de 63 millones de dólares anuales (54 millones de euros). Localizada junto al aeropuerto principal del país, Camp Lemonnier tiene capacidad para alojar a 6.000 marines y una nueva instalación para drones.

El Ejército francés, que nunca llegó a abandonar su excolonia, tiene en Yibuti su mayor base en el extranjero, con 1.900 militares. “Su proximidad a zonas de conflicto como el Sah el, Somalia o Yemen es otro de los motivos por los que la presencia extranjera es tan numerosa”, explica Ahmed Solimán, experto en el Cuerno de África del Think Tank británico Chatham House.

Somalia Francesa hasta 1977, Yibuti tiene el mayor número de ejércitos extranjeros con presencia permanente. Japón lo escogió hace diez años como base para sus operativos contra la piratería marítima frente a la costa somalí al ser considerado un “oasis de estabilidad en la región”, según Solimán.

Italia inauguró en 2013 su base, mucho menor que la francesa, china o estadounidense, y la única que no se encuentra en la capital.

También hay presencia militar española en Yibuti, en el marco de la Operación Atlanta, lanzada por la UE en 2008 para luchar contra la piratería, y actualmente comandada por España. En la misión participan militares británicos, alemanes, belgas, holandeses o portugueses.

En los últimos años, nuevas formas de cooperación entre distintos Estados y organizaciones en materia de seguridad marítima se han estrenado en Yibuti con buenos resultados.

La misión europea ha podido coexistir y cooperar con una lanzada por la OTAN en la región y con las labores de vigilancia ejercidas por las potencias militares con bases en el terreno. Solo un navío ha sido secuestrado en la zona en los últimos cinco años.

El desembarco hace unas semanas de militares chinos en el segundo país más pequeño de África continental (solo es menor Suazilandia) preocupa en Washington. La cifra de soldados que se han desplazado ya a la instalación es una incógnita, pero está preparada para alojar hasta a 10.000 personas.

El Pentágono reconoció que la proximidad a una base de un “rival estratégico” lo convierte en un escenario inédito.  Pekín, que ha insistido en todo momento en referirse a su instalación en Yibuti como “base logística”, anunció recientemente que abrirá más bases en el extranjero, y que probablemente la próxima será en Pakistán, vecino y, como China, rival de India.

Los intereses de Pekín en Yibuti no se limitan al ámbito militar, sino que ha invertido miles de millones de dólares en financiar la construcción del puerto de Dolareh —adyacente a su base militar—, un aeropuerto, una planta de licuefacción, gasoductos, oleoductos o la línea ferroviaria que ha conectado Yibuti— su capital homónima— con Etiopía, el segundo país más poblado del continente, que perdió su salida al mar tras la secesión de Eritrea en 1993.

Más del 95% de las exportaciones e importaciones etíopes pasan por el puerto de Yibuti.

Arabia Saudí acordó hace un año la construcción de su primera base permanente en el extranjero. Los rebeldes Houthi, objetivo principal de la coalición liderada por Riad en Yemen, han logrado en varias ocasiones atacar a navíos saudíes y emiratíes mientras cruzaban frente el estrecho de 32 kilómetros que separa el sur de Yemen de Yibuti.

La nueva instalación ofrecerá al Ejército saudí—el segundo del mundo que invierte más en armamento—, la posibilidad de reducir significativamente el vuelo de sus aviones militares hasta sus objetivos en Yemen, al tiempo que podrá frenar el envío de armas a los rebeldes proiraníes desde la costa somalí.

Más de la mitad de los empleos de Yibuti están relacionados con el tráfico marítimo de mercancía, y los ingresos que generan el puerto y las bases militares extranjeras suman en torno al 80% del PIB.

“El modelo no es sostenible, necesita reformas profundas”, asegura Solimán. Con 950.000 habitantes —250.000 cuando dejó de ser colonia francesa—, la economía del país crece a buen ritmo, pero “no es capaz de redistribuir la riqueza ni reducir el desorbitante desempleo juvenil”, apunta el analista.

El actual presidente, en el poder desde 1999 cuando sucedió a su tío, cumple su cuarto mandato.

 “El caciquismo en Yibuti todavía permite controlar a un electorado tan minúsculo, y la oposición es silenciada y fragmentada constantemente. Con tanta presencia extranjera en el país, la estabilidad es lo único que importa en la comunidad internacional”, sentencia Solimán.

 

Tomado de WWW.ELPAIS.COM

 
Carlos TorralbaCarlos Torralba

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