Entre champaña en Vietnam…

…y hambre en el Llano

KINO Y CADENA

Apenas comenzaba el sorteo del Kino Táchira por Venevisión cuando apareció el caballo blanco fantasmagórico y la musiquita de retreta: otra cadena.

El retrato del país, el pueblo ganador de la lotería petrolera que vio cómo el chavismo enchufado se la arrebataba para gastarla en condos mayameros. Del realero del Kino-petrol le quedaron unos pollos de Mercal y los huecos del Metro.

El peor gobierno del planeta, por supuesto el de Hugo Chávez-Nicolás Maduro, logró la epopeya galáctica de destruir el país a pesar de recibir un billón de dólares en el camino.

No puede exagerarse la magnitud del fracaso, que lejos de ser negligencia es dolo y culpa. Cada trote de los caballos del extesorero es un niño desnutrido o un bebé muerto en una maternidad sin gasa.

El otro día dijeron que, aunque los sobornos de Odebrecht (ah compañía de malandros) fueron mundiales, sólo en Venezuela no terminaron las obras. ¿Qué gente nos ha gobernado estos años? Ni los más venales funcionarios de nuestra América alcanzan las cotas de sinvergüenzura de los burócratas revolucionarios; los equivalentes pillos colombianos o dominicanos, por ejemplo, al menos dejaron los trenes funcionando. Como el chiste del eurodiputado.

La magnitud de la corrupción bolivariana (gran raya se ha llevado el Libertador) es una de las novedades de estos años. La corrupción del siglo XX era una lacra grave pero no llegaba a lo macroeconómico. Con Chávez, que dejó el país en la carraplana y aun así se sigue robando, el robo de los dineros públicos ha sido tanto que afectó la balanza de pagos y el balance de las importaciones. La maldición de estos años ha sido que la champaña en París la paga el hambre en Zaraza.

La metáfora del Kino y la cadena es una mina de imágenes. La política petrolera chavista ha sido un juego de azar. La ludopatía revolucionaria olvidó lo de sembrar el petróleo y lo usó como mero gasto de consumo, exactamente como ocurre con un premio de lotería: se va en caña y aparaticos.

La consigna de Uslar al menos señalaba el error y se criticaba usar los excedentes en gasto corriente. Inversión social son los hospitales y escuelas, y nunca se hicieron menos, o casas, que también se hicieron muy pocas en comparación con otros gobiernos.

Ahora llaman inversión social lo que para cualquier otro gobierno del mundo es gasto corriente: trigo de Putin, por ejemplo.

 

 

 

 

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