EL GOLPE DE ESTADO PERMANENTE

La Oposición venezolana tiene en su haber contar con la solidaridad de las más importantes instituciones internacionales. Le queda aprender a lidiar con el método instrumental del castrismo.

Es interesante observar desde la distancia los acontecimientos políticos de Venezuela, golpeada por una profunda crisis económica, social e institucional, y en especial hacerlo desde Francia, donde el tema se ha convertido en motivo de política interna, debido a la “inspiración” que ha sido para el líder de la Francia Insumisa, Jean Luc Melenchon, la técnica chavista del golpe de Estado permanente.

El apoyo incondicional al régimen de Maduro por parte de Melenchon se ha convertido en su talón de Aquiles, pues es tema de predilección en el enfrentamiento entre el gobierno y ese movimiento político.

Las imágenes de la terrible represión contra la oposición que reina en Venezuela ha conmovido a la opinión pública francesa. Represión que para la Francia Insumisa es debida a la “rebelión” de la oposición de “derecha” contra el régimen “revolucionario” de Nicolás Maduro.

El lenguaje insurreccional de la FI, su manera de deslegitimar a los adversarios, incluso al presidente de la República recientemente elegido, traduce fielmente el talante que solía usar Fidel Castro, y en particular Hugo Chávez, al que Melenchon conoció personalmente y cuya influencia fue determinante para él, como lo expresa el propio Melenchon en el relato de sus viajes a Venezuela.

No existe lugar en donde se abogue con tanto ardor como el que expresan los diputados de la Francia Insumisa en favor de la nueva Constituyente que Nicolás Maduro se sacó de la manga para continuar la institucionalización vitalicia de la “revolución bolivariana”

Para la FI, la Constituyente significa la bandera erigida generosamente por Maduro para sembrar la paz.

No les fácil convencer al país. Desde el comienzo del chavismo, cierta prensa francesa mantuvo distancia en relación al movimiento que inauguraba un militar golpista, tal como fue considerado entonces por la prensa francesa el teniente-coronel Hugo Chávez.

Jean Luc Melenchon

El gorilismo latinoamericano y su secuela de horrores, torturas y desapariciones había marcado demasiado la opinión pública francesa como para que ésta se dejase embaucar por un golpista disfrazado de Mesías.

La matriz de opinión favorable a Hugo Chávez y a su proceso se operó en Francia gracias a la ingeniería mediática elaborada desde la Embajada de Venezuela en París, con el entonces embajador Hiram Gaviria, contando con la colaboración de las redes castristas que obtuvieron la adhesión incondicional del entonces director de Le Monde Diplomatique, Ignacio Ramonet, a la cual se sumó, uno que otro mediocre agente de opinión elevado al estatus de “especialista” de Venezuela, que bajo la fachada de periodista continúa recorriendo radios y televisoras en su tarea de propagandista del régimen.

Por cierto, Ignacio Ramonet fue periodista estrella en el diario El Nacional. Asiduo visitante de Caracas, realizaba para El Nacional el informe sobre los acontecimientos relevantes sucedidos en el mundo. El Instituto de Altos Estudios de América Latina de París (IHEAL), también se convirtió en caja de resonancia de la nueva revolución tropical que surgió en Caracas, puesto que la cubana había comenzado a perder su brillo.

Si nos remitimos al artículo publicado en el diario Le Monde del 5 de agosto de 1999 sobre la sesión inaugural de la Asamblea Nacional Constituyente impulsada por Hugo Chávez, podemos percatarnos de que ya en ese entonces se percibió el carácter totalitario que el proyecto encerraba.

El titular del artículo publicado por Le Monde rezaba así: “El presidente venezolano dispondrá muy pronto de un poder absoluto”. El subtítulo no deja espacio para confusión alguna: “sus partidarios gozan en la nueva Asamblea Constituyente, inaugurada el 3 de agosto, de la casi totalidad de representantes. Esta redactará una constitución que deberá otorgarle plenos poderes. Muchos se interrogan sobre las verdaderas intenciones del populista Hugo Chávez puesto que ciento veinte y tres constituyentes de los ciento treinta son fieles incondicionales de Chávez”.

Le Monde indica que el acto fundacional de esa revolución, la sesión inaugural de la Asamblea Constituyente tuvo lugar en el Aula Magna de la Universidad Central de Venezuela lo que demostraba la adhesión de la que gozaba entre todas las capas de la sociedad y el tiro de gracia que su complicidad se estaba dando a la institucionalidad del país.

Las palabras del presidente de la Asamblea Constituyente, Luis Miquilena, anunciaron el escenario futuro y ejemplificaron la relectura de la historia con el método inaugurado por Fidel Castro de desechar la historia pasada por “mal hecha”, y comenzar la historia a partir de su propia persona.

Según las palabras de Miquilena, citadas por Le Monde: “No se trata de un simple cambio de equipo de gobierno por otro. La Asamblea Constituyente será la palanca para el cambio que espera el pueblo desde hace un siglo”. Miquilena, como “segundo hombre del Estado”, no disimula que la Asamblea va a “subvertir el orden establecido”.

El diario Le Monde señala, sin embargo, que pese al fervor popular y a la simpatía que despertaba Chávez entre las elites del país, ciertas personalidades demostraban su temor ante la voluntad de Chávez “de instaurar una dictadura por la vía de las urnas”. Nuevo Perón, incluso, nuevo Mussolini o Hitler, referencias que se escuchaban en los medios.

La crónica de Le Monde, termina con la constatación de que la corriente de simpatía alcanza a “las elites que por centenas acuden presurosas al hotel Hilton de Caracas, intentando un apretón de manos o un beso con el joven presidente, que había acudido a festejar el aniversario del diario El Nacional”.

La Constituyente propuesta hoy por Maduro, obedece al mismo objetivo: el acaparamiento institucional del poder. La diferencia con la constituyente de 1999, es la ausencia de un Mesías y la existencia de una oposición.

Ésta está sometida al dilema: continuar observando las reglas democráticas de las que el castro-chavismo usa y abusa en pro de la instauración de un totalitarismo vitalicio, por lo que, quiéralo o no aparece legitimando la marcha hacia la institucionalización del totalitarismo, o romper, con las normas de la democracia y obstaculizar el método castrista de combinar el uso de la legalidad con su subversión.

Cuando se desecha el atajo peligroso y mortal de la violencia insurreccional, se necesita mucha destreza imaginativa, mucho conocimiento de la guerra irregular aplicada a los pasos que se deben dar en política para llegar a la finalidad de la instauración de la democracia.

Es el dilema que enfrenta hoy la dirigencia que hasta ahora aparece liderando la oposición en Venezuela. Tiene en su haber contar con la solidaridad de las más importantes instituciones internacionales.

Le queda aprender a lidiar con el método instrumental del castrismo, lo que hasta ahora parece haber ignorado.

 

 

*Editado

 

 

 
Elizabeth BurgosElizabeth Burgos

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