DOS REFERÉNDUMS, DISTINTAS MIRADAS

La ‘realpolitik’ fuerza al oficialismo a sostener discursos contrarios en los procesos de Cataluña y el Kurdistán

En un país como Cuba, donde los conflictos regionales no pasan de sonoros insultos durante un juego de pelota, el secesionismo suena como un tema lejano. Sin embargo, el oficialismo no ha perdido tiempo durante más de medio siglo en apoyar la anexión o el separatismo en otras naciones según sus conveniencias ideológicas.

Por estos días, la prensa nacional lidia con dos referéndums: el del Kurdistán y el de Cataluña. Ambos procesos, tan diferentes y distantes, conforman una excelente oportunidad para medir las veleidades políticas del Gobierno cubano y su doble rasero en este tema.

En los dos casos, las coberturas informativas han sido tan contrarias que hasta los más indiferentes televidentes se han percatado de que en los noticieros locales a los catalanes se les llama “independentistas” y a los kurdos “separatistas”. Unos “tienen todo el derecho a ser una nación”, pero los otros “ponen en riesgo la estabilidad de una zona convulsa”.

Los mismos que ensalzan a la Generalitat cargan la mano contra la propuesta del presidente Masud Barzani. En la mañana, los comentaristas radiales claman por que Barcelona se desenchufe del Reino de España pero en la tarde apoyan las palabras del Gobierno turco que considera “nulo” el plebiscito kurdo al carecer de “fundamento jurídico”.

Detrás de esa evidente contradicción en el discurso público están los pactos políticos de turno, las complicidades entre regímenes y -en el peor de los casos- la intención de contribuir a dañar a los Gobiernos democráticos del mundo.

El entusiasta apoyo oficialista al referéndum catalán no está insuflado por las connotaciones que éste tendrá para la vida de millones de personas, sino por el golpe que significa para el Estado español.

Al Gobierno cubano le importa más que Mariano Rajoy y el Partido Popular sufran una derrota en su propia casa que la suerte de los independentistas.

Amén de las visitas de altos funcionarios y la llegada a la Isla del rey Felipe VI a inicios del próximo año, el Gobierno de Raúl Castro no perdona a La Moncloa sus críticas sobre las violaciones de derechos humanos en Cuba. Además, España pertenece a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y critica duramente a Nicolás Maduro, dos de muchas diferencias insondables.

La prensa controlada por el Departamento de Orientación Revolucionaria (DOR) necesita también el conflicto catalán para mostrar que los países democráticos están sacudidos por la inestabilidad, una forma de subrayar que solo la Revolución mantendrá la unidad de la nación cubana y el socialismo evitará el desmembramiento del territorio nacional.

Sin embargo, en el caso del plebiscito kurdo, La Habana no esconde sus suspicacias ante el proceso, que tienen un origen más en el oportunismo político que en la realpolitik.

Cuando este miércoles la Alta Comisión Electoral del Kurdistán iraquí anunció que más del 92% de los votantes dijeron ‘sí’ a la independencia, no se vieron muchas sonrisas en los telediarios de la Isla.

La razón es que no solo Irak es contrario a la victoria de los secesionistas. También lo son Irán, Siria y Turquía, aliados los tres, en mayor o menor grado, del presidente Raúl Castro.

Mientras que la administración turca teme que la independencia de los kurdoiraquís se contagie a los kurdos que viven en su territorio, Irán acusa a Israel de apoyar el referéndum de esta semana y el oficialismo sirio asegura que es el “resultado de las políticas estadounidenses que pretenden fragmentar los países de la región” a pesar de que EE UU se ha declarado contrario a un plebiscito que solo ha encontrado sostén internacional en Tel Aviv.

Alineado con sus socios, con los que comparte posturas y conforma bloques en Naciones Unidas para evadir responsabilidades o evitar sanciones, el habanero Palacio de la Revolución ha preferido mostrarse distante de la victoria del “sí” kurdo. Esos “separatistas” no son bien vistos por Granma.

Al Gobierno cubano poco le importa si en ambos referéndums se vota o no por un reclamo lícito que hunde sus raíces en la historia de una región. Lo que más le preocupa descifrar es a quién afecta el secesionismo. En su esquemática manera de pensar, la Plaza de la Revolución cree que la independencia es un premio que solo se merecen los camaradas.

 

 

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