CONSTITUYENTE Y CONSPIRACIÓN

La salida de Maduro se perfila como un proceso sin elecciones. Una fase que obligará a tejer pactos inesperados. Alianzas que para muchos resultan desagradables siquiera imaginarlas; pues transitoriamente la oposición estaría obligada a compartir el poder con militares chavistas. Sin embargo, esa elasticidad política se justificará porque está en juego no sólo el rescate de la democracia sino evitar que Venezuela se convierta en la otra Cuba de América Latina.

Ese ciclo habrá que procurarlo antes de que el gobierno gane oxígeno. Sobre todo, antes de que desde la constituyente quienes conspiran contra la nación terminen de calzarla con el comunismo cubano.

Las prioridades cambiaron con la Constituyente. Si hasta abril el asunto era presionar la salida Constitucional y negociada del gobierno, ahora el foco es evitar que la nación se convierta en pieza clave de la política internacional cubana. Propinarle un golpe al sector pro-cubano que hoy monopoliza el poder es la misión que tiene cabida en este momento.

Desterrados los cubanos, habrá que negociar la vuelta a la democracia. Por supuesto, para avanzar en esa dirección urge redefinir la visión, fines, procedimientos y alianzas de la oposición; lo cual es un asunto complejo en sí mismo. Por eso, resulta un derroche de tiempo, recursos, expectativas y emociones participar en elecciones.

La legitimidad de la Constituyente son las armas y su finalidad rebasa la reforma de la Constitución. La Constituyente es el marco en el que se concreta la mayor conspiración contra Venezuela.

En esa Asamblea se realiza el endoso de la república al trabajo que Cuba realiza en la región; una labor que tiene objetivos de largo alcance. Todo sugiere que ese programa tiene carácter continental y, en especial, subregional. Además, hay datos suficientes que sugieren que los cubanos no operan solos.

Esa isla sería la punta de lanza de un proyecto en el que estarían involucrados Rusia, Irán, Turquía y Siria, entre otros; y, por supuesto, los grupos ilegales que esa alianza utiliza para conseguir el dinero ilícito que necesita para financiar sus actividades trasnacionales.

La envergadura del proyecto en el cual el gobierno de Maduro está asociado explica que las decisiones sobre el destino del país se tomen en la Habana, no en Caracas. Ese mismo hecho explica el protagonismo y el poder que tienen los militares chavistas procubanos.

Después de todo, son ellos quienes a sangre y fuego deben garantizar la ejecución y la obediencia de los planes que se pactan en Cuba. Los civiles oficialistas igual tienen su papel en esta trama. Este grupo se encarga del costado comunicacional que los militares no saben administrar: Simular, engañar y confundir con sofismas. De hecho, es lo que realizan con el dialogo que convocaron en R. Dominicana. Con el cual buscan ganar un poco de legitimidad; pero en especial desean tiempo, porque quienes conspiran saben que la anexión del país al proyecto cubano debe hacerse irreversible. 

La oportunidad para retirar a Venezuela del ajedrez cubano era un problema civil exclusivamente hasta hace seis meses. Pero el escenario cambió con la Constituyente. En el presente y en el futuro, cualquier cambio político que se pretenda promover será una cuestión que deberán decidir los militares antes que los civiles.

Ahora bien, en este país todos sabemos que en los cuarteles la mayoría de los militares son chavistas. Sin embargo, también es razonable presumir que muchos serán chavistas pero no pro-cubanos. Con esos sectores es que debe realizarse el trabajo político.

Si la prioridad es zafar a Venezuela del proyecto que ejecuta Cuba entonces habrá que entenderse con el militarismo anti-castrista. Sin el consentimiento y las armas que estos sectores tienen hoy la salida de Maduro no podrá producirse.

Colocarle punto final al dominio que Cuba tiene de Venezuela no será un objetivo fácil de lograr, entre otras cosas porque Castro no negociará su proyecto. Corresponde obligarlo a retirarse. Habrá que sacarlo a empujones o por la fuerza porque Cuba es la piedra de tranca para recomponer la vida de la república.

 
Alexis AlzuruAlexis Alzuru

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