EL MAL MAYOR Y EL MAL MENOR

¿Es mejor que los presos políticos sigan en la cárcel o que tengan casa por cárcel?

Por supuesto que es preferible casa por cárcel: se tiene a la familia cercana sin el vaho fétido de los carceleros. Es el mal menor; pero, ocurre dentro del Mal Mayor: la pérdida de la libertad. Una jaula más grande sigue siendo una jaula. En términos de libertad, casa por cárcel es similar a cárcel por casa. Allí el preso paga un precio, la épica de la torre amurallada es sustituida por un espacio en el que los tiranos disuelven al héroe para convertirlo en un asilado silente dentro de su propio hogar. Por esto, aunque es preferible el mal menor (porque daña menos) a veces se coagula el Mal Mayor (porque hace más anónima y terrible la pérdida de la libertad).

Ahora una analogía con las elecciones regionales. Por supuesto que es preferible tener 23 gobernadores democráticos antes que rojos. Sin embargo, hoy, puede ser el mal menor que, a su sombra, acepta el Mal Mayor: la permanencia del régimen. Seguramente la mayoría de los dirigentes quisiera la salida de Maduro, pero esta elección regional se da en medio de las renuncias al mandato del 16 de julio y a la decisión de todos –¡todos!– los partidos opositores que no solo aprobaron la destitución de Maduro y el 350, sino que, en la voz de Julio Borges y desde la Asamblea Nacional, proclamaron la rebelión.

Es obvio que tener 23 gobernadores opositores sería excelente, si no fuera porque la contrapartida aceptada por los promotores de estas elecciones es la permanencia del régimen por ahora y es también el abandono de la línea que hasta julio mantuvo a la oposición unida. La declinación del objetivo de cambio acepta el Mal Mayor: renunciar a salir del régimen lo más pronto y banalizar incluso el objetivo electoral.

La elección real es entre la salida del régimen y la aceptación de su permanencia por, al menos, año y medio más. De allí dependerá el juicio del elector, sea que vote por un candidato (muchos lo harán), vote en blanco, nulo o se abstenga. No ver este dilema es lo que coloca a dirigentes y opinadores en el aprieto de haber dicho hace un par de meses que no era aceptable el caramelo de las regionales, para hoy batirse, furiosos, por ellas.

 

 

NOTA: Como en otras ocasiones, cedemos nuestro espacio editorial a un artículo de mucha actualidad. Ha sido editado para dar espacio a la diagramación.

 

 

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