LA ESTRATEGIA DEL ESCORPIÓN

Corrían los primeros tiempos posteriores al plebiscito chileno y tres eran los líderes presidenciables: Ricardo Lagos, Eduardo Frei y Patricio Aylwin. Los tres tenían credenciales suficientes para aspirar. Era imperioso llegar a un acuerdo para que el sector democrático presentara un candidato único.

En cierto momento de la reunión definitiva, Lagos le dice a Aylwin: Yo soy mejor candidato que Ud., pero Ud. sería mejor presidente que yo, por lo que decido darle mi respaldo para que sea el candidato. Y así fue como se decidió quién sería el primer presidente pos Pinochet.

Lo interesante de esta historia es que los tres fueron presidentes a su tiempo porque se pusieron de acuerdo en quién sería el primero. Esta gallardía es necesaria entre nuestros dirigentes: dejando ganar, ganamos todos. Si no hay unidad para elecciones libres ninguno de ellos llegará a gobernar.

Patricio Aylwin (Periodo presidencial 1990 – 1994), Eduardo Frei Ruiz-Tagle (Periodo presidencial 1994 – 2000) y Ricardo Lagos (Periodo presidencial 2000 – 2006)

Fue Konrad Adenauer quien dijo que los males de la democracia se curan con más democracia, con lo cual puso sobre la mesa de discusión si los males del autoritarismo se curan con más autocratismo, olvidándose de Paracelso, médico medieval, quien sentenció que (…) cualquier otra cosa puede perniciosa en caso de  excederse en la cantidad prescrita. Las primarias, por ejemplo, son un ejercicio democrático que, en esta ocasión, sirvieron para dividirnos más.

Las reflexiones anteriores nos lanzan de lleno a la discusión metodológica de cómo salir de la crisis en la que estamos inmersos, porque si nuestros dirigentes no atinan a ponerse de acuerdo bien es bueno recordarles que si los líderes se tornan incapaces de conectarse con la gente, la gente termina conectándose con otros que les sean más afines.

La respuesta a por qué no hay un liderazgo que aglutine a la mayoría de los venezolanos y tengamos al bosque de los siete enanitos, pero sin Blancanieves, en popularidad, es porque todos han sido inefectivos en sus estrategias por conquistar a la gran mayoría y porque han sido muy habilidosos en enlodarse por turnos, unos a otros, olvidando en este caso lo que una vez dijera T. Petkoff, siendo candidato presidencial del MAS: si lo que dice AD de Copei es cierto y lo que dice Copei de AD es verdad, entonces ninguno tiene autoridad moral para gobernar; con lo cual prepararon la matriz motivacional para querer que fuera Chávez quien gobernara. Razón tenía Santillana cuando dijo que los pueblos que no conocen su historia están condenados a repetirla.   

Y es que, si de citas va la cosa, lo anterior nos recuerda que, entre otros, Einstein quien postuló que no se pueden obtener resultados distintos haciendo las cosas de la misma manera.

No es que neguemos que haya habido progreso, es que los obtenidos en estos casi veinte años nos lucen insuficientes en un ciclo interminable de protestas, avances y retrocesos en donde lo avanzado termina engulléndolo el régimen.   

Podríamos extender hasta el infinito la procesión de citas y encontraríamos la adecuada para cada afirmación y, también, para su simétrico contrario.

En la Venezuela de hoy podemos encontrar indicios en pro y en contra de los distintos escenarios que apuntan hacia la salida de la presente crisis y a quienes suscriban vehementemente unos u otros. Que no haya acuerdo es una expresión más de la incertidumbre y confusión que nos signa. Yo no soy dueño de la receta, por eso delego en nuestros liderazgos esa tarea. Lo que exijo a cambio es que se sintonicen más allá del verbo con nuestras calamidades.

De nuevo estamos en un proceso electoral que disfraza de democrático al régimen y ante el cual gruesos sectores de la población se sienten desanimados. Los procesos electorales son eventos donde lo emocional signa la decisión, y en nuestro caso la frustración por no ver coronado el anhelo de cambio promueve en muchos desánimo, desesperanza y rabia.

Urge que el liderazgo se sintonice con esos sentimientos y convierta al voto en expresión de la esperanza, motivación al logro, en rabia castigadora al gobierno y no en abstención que sancione a todos con peor de lo mismo. Si el liderazgo opositor no conjura su promoción, se tornará en ausentismo peligroso.

El escorpión tiene una ponzoña con la que ataca y cuando se ve perdido se la clava a sí mismo. No lo seamos.

 

 

 

*Editado

 
Daniel AsuajeNo photo

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