UN BAÑO DE REALIDAD

Lo que muchos pensamos sería una estruendosa victoria opositora, terminó siendo según el CNE exactamente lo contrario. Dieciocho gobernaciones maduristas y sólo cinco demócratas. Además, en la oposición, no supimos dar respuesta rápida a este voltear de las elecciones, aunque a medida que pasaba la semana se iban dando pasos muy importantes.

El 15-O fue sobre todo una gran dosis de realidad. Primero, el fraude continuado que ya aplicaba Chávez produjo sus efectos como nunca antes. La fijación de la fecha electoral a conveniencia, inclusive para forzar a la oposición a elegir candidatos al día siguiente de instalada la Constituyente; la inhabilitación de las mejores opciones de triunfo (Capriles no perdía con nadie en Miranda, sin desmérito de Ocariz); el control político de la población o cómo jugar con el hambre del pueblo, entre tantas otras.

Ese control, el Carnet de la Patria, hace que estas hayan sido las elecciones del miedo. A nadie se le puede pedir que vote por la oposición si eso significa el hambre de los hijos. De las elecciones del 2015 para acá el gobierno perfeccionó sus técnicas de terror colectivo y de la mano de Cuba, que de eso saben, chantajeó a tantos. ¿Habrá técnicas demoscópicas para medir esta realidad? Hay que prepararse para esta refinada tecnología electoral chavista. Nada es más fuerte que el miedo.

Otra asunción común era el blindaje de la oposición en las mesas, que el 15-O demostró falsa. Los que lo lograron ganaron, salvo el gobernador Velázquez, a quien le arrebataron el triunfo para garantizar los intereses transnacionales y trans-éticos en el arco minero, la megacorrupción.

Por último la abstención y el voto chavista. Es matemáticamente sencillo demostrar que en muchas partes se perdió porque electores de la oposición no fueron a votar (quien llamó a la abstención que asuma), lo que revela que no basta que el gobierno sea el peor de la historia para ganar elecciones. Y que más allá del fraude y el miedo, el chavismo se ha mantenido cerca de sus votos del 2015. Un baño de realidad.

 

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