Sobre cuál tuvo el mayor efecto

Si las argucias y trampas del régimen

…o el desencanto y desconcierto generado por el liderazgo opositor

LA ABSTENCIÓN

Ahora bien, ¿Por qué no fueron a votar quienes no se identifican con el gobierno? Ese es otra discusión y hay aquí teorías e hipótesis para todos los gustos.

Lo que pareciera más evidente es que no supimos convencer a esos votantes de la importancia de votar. Me responsabilizo de no haber tenido la elocuencia necesaria para evitar que familiares y amigos cercanos se fueran a la playa o no regresaran del exterior para votar. El Espíritu Santo no me doto del don de la palabra eficaz. En el próximo

Pentecostés cogeré un número a ver si me toca algo. A ver si una lengua de fuego desciende sobre mi cabeza y me da el don de la persuasión. Mientras tanto habrá que seguir garabateando cuartillas a ver si, al menos el escarmiento, obra algún milagro.

Explicaciones, como ya dijimos, hay para todos los gustos. Yo me quedo con una. Con la que considero el pecado original de la oposición y sobre el que hemos hablado tanto en esta ventana de papel.

Se trata del abandono de la agenda social por parte de la dirigencia opositora. En un país con los enormes problemas sociales que tenemos, con el drama terrible de nuestros compatriotas más pobres, nos dedicamos solo a la agenda política. Nos deslumbraron los centenares de miles de personas a quienes convocamos a la calle nada más que a sacar a Maduro y nos olvidamos de organizar a la gente que sufre, a la que el gobierno le llego con la infame cajita del CLAP para manipular su hambre.

No conozco propuesta política exitosa en el tiempo que no se afinque en los sentimientos de las grandes mayorías y en la lucha por la defensa de sus derechos. Quizás la mejor demostración plástica y concreta de esta realidad lo constituyo un episodio del cual dimos cuenta en esta columna. Recogíamos las firmas para el Revocatorio en el Colegio Sagrado Corazón: Una cola inmensa. Enfrente otra cola interminable de gente comprando productos regulados en el supermercado Madeirense. Me mantuve más de una hora viendo si alguien pasaba de una cola a la otra y eso nunca ocurrió. No supimos juntar las dos colas. Allí esta, como dijimos, el pecado original de nuestras carencias.

En la práctica, convertimos a la oposición en una opción política y no social. La mayoría de las estupendas movilizaciones que hicimos eran de gente de las clases medias. Los sectores populares, quienes más sufren, no sintieron que en ellas había la vocería de sus reivindicaciones y necesidades.

*Fragmento

 
Julio Castillo SagarzazuJulio Castillo Sagarzazu

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