EL AJEDREZ IMPERIAL (29/05/2010)

“Lo que por estar yo siempre en el mismo sitio, no veo y otros ven, lo trato de compensar pensando en lo que otros, por andar de rama en rama, quizás no alcanzan a pensar.”

ESCRITO PARA GENTE INTELIGENTE

Ustedes ya lo saben porque se los he contado. Por la tarde, cuando los pájaros se marchan, y también por la noche, en esa etapa de silencio entre el dormir de los sapos y el primer canto del gallo, mi pensamiento vuela. A veces vuela tanto que a mí mismo me asusta lo que descubro o lo que creo descubrir.

Alguna vez acompañé a García Lorca cuando “se apagaron los faroles y se encendieron los grillos” …  y pude visualizar -porque lo he vivido- el horizonte de perros que ladran en la otra orilla del río… Hoy en cambio mi pensamiento se torna a Volgogrado, y la batalla más sangrienta de la historia de la humanidad.

Rusos del mundo entero regresaron a la ciudad para ofrendar su vida en defensa de su patria. Más de un millón de muertos después, las tropas de Hitler habían quedado derrotadas. Ese fue el comienzo del fin del Führer y el inicio de la conspiración de su propio alto mando que, descubierta a tiempo, no hizo sino retrasar en un año la desaparición del III Reich.

Entre Waterloo y Volgogrado

Si Napoleón, luego de su vergonzosa aventura rusa de 1812, fue derrotado en Waterloo, y Hitler, luego de la derrota Volgogrado, agotó sus fuerzas, ¿por qué no pensar que los hermanos Castro y Águila Uno, quien comanda sus tropas venezolanas, también han perdido el sentido de las proporciones?

¿Qué pretende hacer el Imperio de Castro y su comandante local? Son cosas que se pregunta mi mente en su cavilar nocturno. ¿Destruir todo aquello que constituye la cultura y la nacionalidad venezolanas? ¿Hasta la cerveza y la Harina Pan?

La réplica de la estatua de la Libertad, ofrenda del pueblo francés al país que había encendido la antorcha, desapareció. Era natural, porque el enemigo real o ex oficio de Cuba es EE.UU. Enemigo nuestro no lo es porque acá se le guarda respeto por el apoyo que de ese país recibimos durante la Guerra de Independencia.

Después le tocó a Cristóbal Colón, cuya estatua fue arrancada de su monolito en Caracas y hecha añicos por haber descubierto a América. De poco sirvió que Colombia, la Gran Colombia que soñó Miranda y quiso hacer realidad Bolívar, llevara el nombre del osado genovés. Colón -por haber descubierto el Continente para el mundo Europeo- era culpable de la Conquista de América y, en consecuencia de la derrota de las tribus indígenas que lo poblaban. Su responsabilidad, a 500 años de distancia, la debía pagar.

Luego le correspondió a Páez, héroe de la Batalla de Carabobo y primer Presidente de la Venezuela que se hizo independiente de la Gran Colombia en 1830. De nada valieron las hazañas legendarias del héroe llanero. La historia debía ser reescrita. Luego de un juicio sumario, sus estatuas, cabalgando su brioso corcel, desaparecieron también de la geografía nacional.

CAMBIAR TODO PARA QUE TODO CAMBIE

En el ínterin, el Comandante -siguiendo disposiciones expresas- cambió un escudo nacional que para Cuba nada significa.  El caballo debía correr hacia la izquierda y no a la derecha. Qué importa, nos dijimos. Un caballo bien arrendado igual le da correr para un lado que para el otro. Luego le agregaron una estrella más a la bandera. Necedades, pensaron muchos y yo también. Si quiere un pabellón estrellado, que ponga mil que bastantes hay en el Firmamento.

Luego vinieron los nombres. Todo tenía que cambiar. El Ávila, símbolo de Caracas, cuna de Bolívar y por tanto, de la Libertad de América, debía tomar su nombre indígena. Después de todo, ¿qué le importa El Ávila a un cubano? Para ellos, sólo vale la Sierra Maestra y el Escambray.

El Salto Ángel también debía llamarse distinto. Su nombre debía ser el que le habían dado los pemones, no importa que la tribu hubiera llegado a la Gran Sabana 300 años después de los españoles. Pero igual, el salto más elevado del mundo, afortunado hasta en el nombre que le tocó, porque sólo a un ángel podía ocurrírsele una caída de agua que se desprendiera del cielo, debía cambiar de nombre. No puede ser que esa maravilla de la naturaleza, habrían dicho los Castro, lleve el de un aventurero gringo, cuya nave por casualidad aterrizó en la cima del Auyantepui.

La cultura también se lanzó al hoyo. El huso horario cambió. Toda memoria del pasado debía ser borrada.

La Constitución también fue cambiada. Lógico, no podía quedar viva la moribunda. Pero la nueva tampoco sirvió, porque le creaba limitaciones al Imperio invasor. De allí que de ser el libro de oro, paso a ser La Bicha, y de ser La Bicha a papel toilette. Fíjense hasta dónde llega mi mente cuando se pone a volar.

Y a lo que no se podía cambiar de nombre, se cambiaba de dueño. No importa si fueran públicas o privadas, también las empresas más emblemáticas debían quedar en manos del Imperio castrista. PDVSA, la CANTV, la Electricidad de Caracas, Sidor, los puertos, ¿RCTV… POLAR?

Sólo por aquello de que “las brujas no existen, pero que de que vuelan, vuelan”, a María Lionza se le permitió regresar.

LOS TABLEROS

Sobre cinco tableros se mueve el Invasor.  El tablero electoral, tan necesario para mantener visos de legalidad, es el primero, y ese va de mal en peor. Ya no queda un solo gobernador o alcalde que sea lo suficientemente bruto -si lo sé yo que recibo tanta información- para no entender que, si el Imperio cubano gana las elecciones, adiós luz que te apagaste. Se liquidarán las gobernaciones, se sustituirán las alcaldías por consejos comunales y sólo Miraflores mandará porque el suministro gratuito de petróleo a Cuba no se puede arriesgar. ¡Mí! Dicen los gobernadores y alcaldes, absolutamente todos… y luego agregan, pero calladitos, “Por aquí se va pa’ Cuba”, haciendo la señal de costumbre.

El tablero del sometimiento totalitario es el segundo de los tableros y ese también anda cachicorneto. Porque juega contra el primero. No se puede naricear al pueblo como dictador y pretender votos de agradecimiento. Y estos dos, a su vez, juegan en contra el tercero que es el tablero militar. Me explico.

Si se juega a las elecciones, con la inflación disparada y el racionamiento generalizado que existe, o si, por el contrario, se juega a controlar la cadena alimentaria y todo lo demás… y el Ejército lo impone, no hay forma de ganarse la voluntad popular. Y si en el camino, el Ejército se alebresta, como se alebrestó Caracas en 1810, las cosas se complican aún más. Se dirá que para eso está Ramirito, preparado para dominar cualquier contingencia. Y ¿si no la domina? Si no la domina, la cosa se pone fea.

El tablero de control regional anda un poco mejor. Ése es el tablero número cuatro. Con Bolivia y Venezuela cuadrados, Ecuador, medio cuadrado, Perú que es un caldero y Colombia en tres y dos, el sueño original de Castro tiene posibilidades teóricas de avanzar.

Pero es el tablero diplomático el que anda mejor. Es el quinto y no hay quinto malo. Ese el escudo anti-misilístico. Con Colombia enredada con sus elecciones; Brasil y EE. UU. también. Chevron y Repsol de este lado; Venevisión tranquila, y Brahma esperando por la confiscación de Polar, aquí no hay magnicidio ni invasión posibles.

Claro, en el tablero electoral, el primero de todos, el Imperio del Cóndor tiene una ventaja. En el bando patriota hay tenientes y capitanes, pero con verdadero mando, no veo ningún general.

 
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