EL HIPER CALVARIO DE LOS VENEZOLANOS

Estamos bajo una variante de la hiperinflación, cuya retroalimentación es diferente a la clásica.

La cadena de transmisión del fenómeno inflacionario se reproduce a través de:

Primero: la expansión secundaria de la oferta monetaria -velocidad con que cambia de dinero de manos en poder del público; y entre el público y el sistema bancario- no permite descanso, ni tregua para cambiar de inmediato el dinero por bienes y servicios, si es que se consiguen haciendo cola o siendo víctima de esa otra economía infernal, llamada “negra”. Una familia puede acumular demasiado de pocas cosas y poseer nada de muchas.

 

Segundo: la existencia de una poderosa economía paralela, -negra- que licúa todo en su favor, transfiere el poder adquisitivo desde lo que resta de la renta petrolera y del sector formal, hacia quienes poseen poder político para administrar la asfixia regulatoria que se impone como política pública. En esa economía sólo aparece visible la punta del “iceberg”, el llamado “bachaquerismo” que sirve de fachada a un sistema de perversión que se deriva del propio poder, esa actividad sólo es posible con complicidades y corruptelas de una economía sometida a todo tipo de controles, imposibles de cumplir, pero susceptibles de asegurar la apropiación indebida de renta.

Tercero: el mecanismo anti frágil más eficaz del populismo salvaje, el manejo de la contención y expansión monetaria a discreción según la coyuntura política. Es la forma que permite al gobierno diluir en la mente del consumidor la fuente del mal, la gente presa de las emociones descarga las “culpas” en quien le vende los bienes y servicios, de modo que el régimen siendo responsable puede quedar como el salvador de la patria.

Es el dispositivo perfecto distractor que se suma al éxito del gobierno en postrar electoralmente a la población desviando la atención de los males hacia los propios factores democráticos y hacia supuestas conspiraciones. Es el terreno abonado que propicia el masivo suicidio político que significa el desprecio y la displicencia del común de la gente hacia los procesos electorales, actos trágicamente alimentados desde el propio seno de la oposición.

 
Francisco J Contreras MFrancisco J Contreras M

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