EL JUEGO DE LOS ESPEJOS (Agosto 9, 2013)

El Gobierno y la Oposición confrontan problemas similares. El primero y el más obvio, es la ausencia de una oferta capaz de concitar esperanzas.

El gobierno no tiene forma de despertarlas. Luego de catorce años y dale, no tiene otro expediente que pedir prestado en un intento por impedir la fuga de un electorado cautivado por las misiones.

La Oposición, de su parte, ha caído en el toma y dame planteado por el gobierno. Es el síndrome del espejo. Dejando a un lado propuestas que apunten a un mejor porvenir, mantiene, como su adversario, un discurso agresivo y descalificador.

No desconocemos la dificultad que plantea la naturaleza del combate. Ante acusaciones de toda naturaleza acompañadas de acciones represivas, es imposible no reaccionar. Pero a la vez, debemos preguntarnos: ¿No será para el gran público, para aquel que debe soportar día a día carencias tan acentuadas, no será ese torneo de acusaciones y contra acusaciones algo que, como el lejano murmullo de una carretera, no le va ni le viene?

Ya alertamos sobre el peligro que se corría cuando, al desviarse la Oposición de la ruta exitosa de la campaña de abril, se trasladó el debate a aquella grabación filtrada. Allí comenzó todo. Luego se acentuó la represión.

El segundo problema que confrontan por igual gobierno y oposición son los ENCHUFADOS, de un lado, y del otro, sus hermanos, los INFILTRADOS. Ni a los unos ni a los otros los une a su respectivo bando algo que no sea el logro de abultados beneficios materiales.

Los ENCHUFADOS pueden robar a discreción, contando con la protección que les otorga un régimen decidido a hacer sentir, entre unos y otros, la diferencia entre estar o no estar de su lado. Parafraseando el Decreto de Guerra a Muerte, su prédica podría rezar así: ‘Enchufados, contad con la vida, aun cuando seáis culpables…”

Del lado opositor, los hay igualmente privilegiados. Son los INFILTRADOS, personas que se pasan por opositores, cuando, al igual que los enchufados, su objetivo no es servir sino “ponerse donde hay”. Mantienen relaciones de conveniencia con el oficialismo, algunas privadas, otras no tanto, pero la Oposición pasa por alto sus veleidades. Los apoyan sin miramientos “porque son de Oposición”. Nuevamente cabe la prédica histórica: ‘Infiltrados, contad con la vida, aun cuando seáis culpables…’  

Es el Decreto de Guerra a Muerte, es el juego de los espejos, es la historia que se repite, solo que esta vez, la causa no es la Independencia, es el sometimiento.

Una situación socioeconómica cada día más comprometida, lleva inexorablemente al país por el sendero del cambio. Gente buena y trabajadora apuesta a la resurrección. Pero ¿hacia dónde realmente vamos?

 En el ’98 sabemos lo que ocurrió.

 

 
Jesús HerasNo photo
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