RUSIA, UN VOLCÁN QUE NO DUERME

Vladimir Putin, presidente de Rusia, aprovecha la era digital para influir secretamente en el mundo

La revolución de octubre en Petrogrado marcó la historia del siglo pasado que se abrió con la frustrada revolución de 1905 y se remató con la toma del poder por los bolcheviques en 1917.

Me permitirán que me aparte del tema que nos tiene a todos obsesionados desde hace meses y me desvíe a un país que desde la derrota de Napoleón en 1812 ha condicionado las relaciones internacionales.

La historia rusa es como un volcán activo, continuamente en erupción, sin que haya síntomas de que se tranquilice o que se duerma.

Vladímir Putin es un líder que exhibe las heridas producidas por la inesperada y espectacular voladura de la Unión Soviética.

Nunca un imperio había perdido tanto territorio en tan poco tiempo. Y nunca la penetración de Rusia en Occidente había sido tan profunda en nombre de una idea social nacida en Occidente y lanzada posteriormente contra la Europa que alumbró las ideas políticas de Marx.

Los que transitamos por la Rusia soviética y sus satélites europeos en los tiempos de la guerra fría nunca pensamos que aquella gran potencia sería humillada y cercenada sin que se moviera un solo tanque ni se disparara un solo tiro.

Cayó el imperio, pero no desapareció la Rusia eterna que todavía hoy ocupa más territorio que ningún otro país del mundo.

Putin ha intervenido en las elecciones de Estados Unidos, según consta en documentos de inteligencia y judiciales en Washington.

Putin vio con buenos ojos el Brexit y trató de influir en las elecciones francesas y alemanas y, según hemos sabido, también está interesado en la crisis catalana en cuanto factor de desestabilización europea.

Todo indica que Putin se alinea en la tradición de Pedro el Grande y Catalina la Grande, que restablecieron Rusia como gran potencia. Es un reformista autocrático que se mantiene en el poder persiguiendo a sus adversarios más poderosos y controlando los medios de comunicación.

Tiene en cuenta seguramente aquella afirmación de un ministro zarista que después de la guerra de Crimea en 1856 dijo que la frontera de Rusia estará segura tan sólo cuando a ambos lados hubiera soldados rusos.

Putin tiene motivos para debilitar a Europa porque considera que las políticas de la Unión Europea y de la OTAN ponen en peligro su seguridad en su flanco occidental. Ya es paradójico que su forma de influir en Occidente sea a través de internet, que ha nacido en Estados Unidos.

La figura de Putin muestra cómo Rusia tiene un Estado demasiado débil y unos instintos maquiavélicos demasiado fuertes.

El peligro más inquietante para Europa es una Rusia con ambiciones expansivas. Ucrania es un foco de inestabilidad permanente, Crimea ha pasado a ser rusa con un zarpazo y la seguridad de los tres países bálticos pende de un hilo.

 

 

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