EL GRAN ESCAPE

“Los buenos son los que se contentan con soñar aquello que los malos hacen realidad.” Platón (427-347 a. C.), filósofo griego seguidor de Sócrates y maestro de Aristóteles.

En una rocambolesca fuga, Antonio Ledezma salió de Venezuela hacia Madrid, vía Colombia. 15 horas de carretera desde Caracas hasta la frontera, 29 alcabalas que no le reconocieron o que tal vez se hicieron de la vista gorda, susto en el Puente Internacional Simón Bolívar cuando el peatón Ledezma fue reconocido por una señora que le abrazó emocionada ante los guardias.

Cara de susto, pálido, delgado, dio su primera entrevista en el aeropuerto de Bogotá a la colega venezolana, jefe de contenidos del canal colombiano NTN24, Idania Chirinos, quien no dejó de tomarle la mano para reconfortarlo ante la emoción de la libertad que hasta le hizo sollozar. “Recibí informaciones, de buena fuente, que hay otras intenciones conmigo. Yo no quiero ser rehén de una tiranía que me use para doblegar a una oposición”, dijo.

Aunque se cuidó bien de eximir a su familia de cualquier participación o conocimiento de su fuga, aunque miembros de su partido Alianza Bravo se mostraron sorprendidos cuando los periodistas los llamaron pidiéndole confirmación cuando aún el escape era un rumor de redes, Ledezma se movió en Colombia como si le estuvieran esperando. Camioneta blindada, con cuatro hombres que le decían “maestro” con gran respeto, le trasladaron de la frontera al aeropuerto de Cúcuta, desde donde voló al aeropuerto El Dorado de Bogotá y en cuestión de pocas horas abordó vuelo directo a Madrid, donde le esperaban su esposa Mitzy, sus hijas y el ex presidente colombiano Andrés Pastrana.

Casi inmediatamente después de su llegada el presidente Mariano Rajoy le invitó y recibió en el Palacio de la Moncloa, lo cual dio la impresión de una visita oficial en la cual se dejó claro que “España apoya todas las iniciativas para una salida democrática en Venezuela”. Por supuesto que el gobierno venezolano consideró tal encuentro “un acto inamistoso del gobierno español”.

Pero Ledezma, que desde un principio dijo que iniciaría un recorrido para llevar la crisis venezolana a primer plano mundial, también fue invitado por el senado español, que le recibió con una ovación de pie.

La fuga del preso político con más alto cargo por elección de Venezuela, en las narices del Sebin, de la Guardia Nacional, escabulléndose de su casa por cárcel en Caracas para llegar vía terrestre a la lejana frontera colombiana y cruzar el borde sin percances, ha suscitado no pocas teorías de conspiración: que si era imposible hacerlo sin ayuda interna, que si el Sebin aflojó la vigilancia, los más osados asomaron que el gobierno lo había dejado escapar.

“Hoy se nos escapó Antonio Ledezma, el ‘vampiro’ volando libre por el mundo, se fue protegido a España a vivir la gran vida, a ir a tomar vino a la Gran Vía. Que no nos lo devuelvan”, dijo burlón el presidente Maduro, como insinuando que no les importaba o que le habían dejado ir.

Pero la redada posterior, deteniendo a funcionarios de inteligencia, a gerentes y funcionarios de la Alcaldía Mayor, al dueño de la compañía que instaló las cámaras de seguridad en el edificio donde vive la familia Ledezma, a los vigilantes, hasta a la conserje y al presidente del condominio, habla de la decisión del régimen de encontrar a los responsables del escape del alcalde.

La reacción ante el espectacular suceso en el exterior ha sido unánimemente solidaria, los exiliados y asilados ganan un vocero, los gobiernos defensores de la democracia venezolana un interlocutor, la oposición internacional un canciller. En la emoción de los primeros momentos algunos hasta propusieron pedirle al TSJ en el exilio, que nombrase a Antonio Ledezma “presidente encargado” de Venezuela, cosa que afortunadamente para el respeto constitucional, no se concretó.

Sin embargo, la lucha internacional de la oposición se ve indudablemente fortalecida por un Ledezma que, aunque con críticas hechas en voz alta a los errores de la dirigencia opositora, tiene en su haber poderosos puntos como su férrea e indoblegable lucha contra la revolución chavista, su victoria electoral irrespetada, su injusto encarcelamiento por nunca probadas acusaciones de conspiración, la violación de sus derechos y el consuetudinario atropello que ha sufrido y finalmente, su exitoso escape de las mismas garras de sus carceleros.

En momentos en que la oposición venezolana está sacudida por el fracaso electoral en las regionales, los polémicos intentos de diálogo con el gobierno, la implosión de la Mesa de la Unidad y las peleas internas, la presencia de un opositor del peso de Antonio Ledezma en el panorama mundial, reconocido y respetado por los más altos niveles de decisión, debería también contribuir con la reunificación de la oposición en Venezuela.

Las brechas que se han abierto en las filas opositoras deben cerrarse pronto como única vía hacia acciones concretas que permitan un cambio de gobierno lo más pronto posible.

El que Ledezma haya “dejado su bandera” en manos de María Corina Machado, aglutina a un sector que quiere una dirigencia transparente, una lucha más ideológica que electoral, perseguir de forma más directa la salida del chavismo del poder.

El más grande apoyo que tiene esta posición es la grave crisis humanitaria y económica que cada día aprieta más el cuello de los venezolanos pero también del gobierno, que no deja de inventar las más disparatadas distracciones ( como esa de la Misión Barrigonas Felices, en un país donde no hay preservativos, anticonceptivos y mucho menos la moral suficiente para la maternidad-paternidad responsables) y excusas ( como la machacada guerra económica que no se creen ni siquiera quienes comen de los CLAP); el grado de involución ha llegado a extremos tales que los candidatos a las alcaldías ya no prometen avenidas, colectores o mejoras de infraestructura o educación, sino que hacen campaña repartiendo bolsas de comida o llevando cisternas de agua a las sedientas comunidades.

La “africanización” de Venezuela pasa por un régimen autoritario que ha borrado las garantías constitucionales para sumir al país en la anarquía. No hay transporte, agua, luz, medicinas, alimentos. Nadie puede pagar lo que cuesta la ineptitud revolucionaria.

Este terrible escenario nacional, con niños muriendo de hambre, enfermos muriendo sin medicinas, el horror transitando las vidas de los venezolanos minuto a minuto, ha saltado a la opinión pública mundial a través de la vocería de líderes opositores, de la fuerza de las protestas de calle, las vidas ofrendadas, los heridos y presos políticos.

El escenario internacional se vuelca hacia Venezuela: el Consejo de Seguridad escuchó esta semana a voceros de la crisis; la OEA va por su séptima sesión recogiendo testimonios de víctimas del régimen; presidentes, ex presidentes, parlamentos, organizaciones se alinean en defensa de los DDHH en Venezuela; la Unión Europea se une a EEUU y a Canadá en sanciones contra funcionarios del gobierno.

Esto y el gran escape de Ledezma hacia la libertad, debe llenar de esperanzas y espíritu unitario a quienes hoy estamos encerrados en esta cárcel arbitraria que se llama Venezuela.

 

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