CUANDO KODAK NO REVELÓ

Unos campos de maíz hicieron que la empresa fotográfica Kodak descubriese por accidente el primer ensayo nuclear de la historia

Yúbal F.M.

El 16 de julio de 1945 el mundo cambió para siempre. En Alamogordo, Nuevo México, se llevó a cabo la “Prueba Trinity”. Esta prueba formaba parte del “Proyecto Manhattan”, con el que se desarrolló y probó la primera bomba nuclear de la historia. Sólo tres semanas más tarde dos de estas bombas cayeron sobre Hiroshima y Nagasaki.

Trinity fue una prueba secreta del gobierno de los EE.UU. Sin embargo, a más de 3.000 kilómetros de allí la empresa fotográfica Eastman Kodak de Rochester, Nueva York, notó que algo estaba pasando. Cientos de clientes se empezaron a quejar por unas películas industriales de rayos X estropeadas. Iniciando una  investigación qué descubrió por accidente aquella prueba nuclear.

La culpa de que la empresa acabase atando cabos la tuvo un campo de maíz de Indiana. Los restos atmosféricos de Trinity llegaron a él y lo contaminaron, queriendo la casualidad que de ese campo obtuviese el material para fabricar los envases de cartón de Kodak. Esos envases a su vez contaminaron después todas las películas que contenían.

Del “Proyecto Manhattan” a la “Prueba Trinity”

El 2 de agosto de 1939, el físico alemán Albert Einstein le escribió una carta al presidente estadounidense Franklin D. Roosevelt. En ella se le informaba de los avances sobre la fisión en Alemania, y le animaba a desarrollar un programa nuclear.

El nombre en clave para este proyecto nuclear fue “Proyecto Manhattan”, en el que se empleó a 130.000 trabajadores con un coste final de 2.000 millones de dólares. Su objetivo era el de superar el “Proyecto Uranio” con el que el gobierno nazi desarrollaba una arma atómica.

La autorización para crear la primera bomba atómica a partir del “Proyecto Manhattan” fue firmada por el presidente Roosevelt el 9 de octubre de 1941, varios meses antes de que EE.UU. entrase en la Segunda Guerra Mundial tras el ataque sobre Pearl Harbor en diciembre de 1941.

Sólo tres años después, los estadounidenses ya tuvieron lista su primera bomba nuclear. Su nombre en clave fue “Gadget” y con ella realizaron el primer ensayo nuclear de la historia de la humanidad. Al ensayo se le puso el nombre el clave de “Trinity”, y tuvo lugar en el desierto Jornada del Muerto, a 56 kilometros al sudeste de Socorro, Nuevo México.

Trinity fue una prueba atmosférica detonada en el suelo, ese tipo de explosión que todos tenemos en la retina y que crea un característico hongo en el cielo.

El problema de explotar una bomba nuclear en tu territorio es que pones en peligro a decenas de miles de ciudadanos si la radiación se propaga. Y eso es exactamente lo que pasó. La explosión liberó a la atmósfera grandes cantidades de isótopos radiactivos, los cuales viajaron miles de kilómetros hasta llegar a zonas tan remotas como los campos de maíz en Indiana, casi en la otra punta del país.

La radiación que vino del cielo

Incluso hoy en día, las placas fotográficas de rayos X o películas radiográficas son enormemente sensibles, mucho más que las películas fotográficas normales.  Por eso es esencial que estas tengan un embalaje y la protección adecuados para garantizar su buen estado, y Kodak mantenía un control muy estricto sobre la producción de esos embalajes.

Pero dio la casualidad de que sus envases se construían con los rastrojos de maíz de uno de los campos de Indiana sobre los que cayeron los isótopos radiactivos. Eso provocó que sus clientes comerciales empezasen a notar que las películas protegidas con ellos estaban defectuosas, puesto que contenían una especie de “empañamiento” o unas manchas negras que las dejaban inutilizables.

Julian H. Webb, un físico del departamento de investigación de Kodak, se encargó de profundizar en el asunto. Webb empezó a investigar los lotes afectados y se dio cuenta de que se debía en efecto al embalaje, y acabó siguiendo el hilo hasta concluir que los lotes afectados se empaquetaron utilizando el cartón elaborado en los campos de maíz de Indiana.

Pasó a investigar el material radiactivo que había dañado las placas, y descubrió que estos daños no estaban causados por radio ni ningún otro material radiactivo natural. Tenía que ser “un nuevo tipo de radiación”. Siguió investigando y descubrió que se trataba de restos de cerio 141, que no es estable en condiciones naturales.

Webb estuvo un buen tiempo manejando varias hipótesis. La contaminación no podía venir de los propios rastrojos de maíz, pues se hubiera deteriorado con el procesado. Además, estos se almacenaban en un almacén. Finalmente concluyó que el cerio radiactivo tenía que haber llegado a través del agua de los ríos que pasaban junto a la fábrica.

Siguió investigando. Estimó que la vida media de aquel material radiactivo artificial era de aproximadamente 30 días, y vio que su intensidad aumentó de repente tras unas intensas lluvias. La conclusión, por lo tanto, fue que la radiación provenía del cielo. De hecho, Webb publicó cuatro años después que la fuente de este contaminante radiactivo provenía de una detonación de bomba atómica en Nuevo México el 16 de julio de 1945.

Sin embargo, el gobierno estadounidense negó Trinity como un proyecto de carácter nuclear, y declaró que fue “una explosión accidental en una zona de deshechos de munición”, por lo que la compañía guardó silencio en la sombra manteniendo un ojo fijo en el avance de la Guerra Fría.

Kodak acabó consiguiendo todos los secretos

Posteriormente, el Gobierno Estadounidense siguió realizando pruebas en el Nevada National Security Site, un campo de pruebas que acumula cráteres de bombas nucleares desde 1951 hasta 1992. Pocos días después de las primeras pruebas, se registró una nevada en Rochester, Nueva York, y Kodak detectó un pico de radiactividad 25 veces mayor de lo normal desde una distancia de más de 2500 kilómetros de la zona cero.

Teniendo pruebas irrefutables, presentó una queja ante la National Associaton of Photographic Manufacturers, que a su vez se puso en contacto con la Comisión Energética (AEC) alertándoles de lo sucedido. La comisión respondió con un comunicado de prensa asegurando que todo estaba bajo control y no había posibilidad de daño a humanos o animales.

En marzo de 1951, Kodak amenazó con demandar al gobierno de EE.UU. por la considerable cantidad de daño a sus productos como resultado de las pruebas de Nevada o de cualquier otra prueba adicional de energía atómica. Tras negociar las compensaciones, la AEC acordó proporcionarle a Kodak información sobre todas las pruebas nucleares que se fuesen a realizar de ahí en adelante para ayudarles a proteger sus materiales.

A cambio Kodak debía mantener en secreto todo lo que había descubierto sobre las pruebas nucleares, y así lo hizo durante décadas. A día de hoy sigue el debate sobre si la empresa fotográfica tenía o no la responsabilidad moral o ética de haber avisado sobre las pruebas que estaba realizando el gobierno. Mientras, el National Cancer Institute de EE.UU. sigue intentando localizar y ayudar a los afectados de cáncer de tiroides por contaminación de Yodo-131 entre 1951 y 1962.

Tomado de www.xataka.com

 

 

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